18/10/2026
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EL CLUB EQUINOCCIO Y EL PATRÓN CORREÍSTA: DE ESPINOSA A SANTIAGO DÍAZ
No les basta. No les bastó lo que pasó bajo el ministro Espinoza, cuando el país tuvo que enterrar la cabeza de vergüenza frente a miles de denuncias de violencia sexual en las escuelas. No les bastó. Ahora hay que sumarles el nombre que intentaron borrar a la carrera.
Santiago Díaz Asque, exasambleísta de la Revolución Ciudadana, fue sentenciado a 29 años y cuatro meses de cárcel como autor directo de la violación de una menor de 12 años. El mismo tribunal que lo condenó como exasambleísta correísta por violación contra una menor de 12 años, estableció como agravantes que el exlegislador conocía a la menor y abusó de su confianza. 
Y para que no quede duda del perfil, cinco días antes de que estallara el caso, el mismo Díaz había propuesto ante la Asamblea una reforma del artículo 175 del COIP para que la edad de consentimiento bajara de 18 a 14 años. Esa es su moral. Esa es su revolución. 
Con ese antecedente, ¿alguien se sorprende de lo de la Prefectura?
El 10 de octubre de 2026, la sede de la Asociación de Empleados de la Prefectura de Pichincha, en San Antonio, no era un centro familiar. Era el bautizado por la gente como Club Equinoccio: jacuzzi, fiesta sw***er, diez personas, tres horas de alquiler para el cumpleaños del novio de una ciudadana, según su propia excusa.
Y luego el comunicado del Oficio Nro. 120-ASOEHCPP-23, del 12 de octubre. Que no hubo ruido, que no hubo música, que tienen cámaras, que la culpa es de la ciudadana que pidió el espacio, que no son una casa de citas. El mismo libreto de Díaz: yo no fui, yo solo presté, la culpa es de otro.
Este es el hilo que une a Espinoza, a Santiago Díaz y al Club Equinoccio de la Prefectura. No son casos aislados. Es una forma de entender el poder: los niños como cifra, las niñas como objeto, las sedes públicas como motel privado, y siempre, siempre, la víctima es la culpable y ellos las víctimas de la persecución.
La Prefectura de Pichincha, bastión del correísmo, no puede seguir escondiéndose detrás de una asociación de empleados. Si alquilan con jacuzzi sus instalaciones, si su exasambleísta estrella termina condenado a 29 años por violar a una niña de 12, si su exministro dejó un sistema educativo marcado por la impunidad, el problema no es una ciudadana que pidió una fiesta.
El problema es ustedes.
El Municipio hizo bien en clausurar. La justicia hizo bien en condenar a Díaz. Ahora falta que la Prefecta explique por qué su estructura sigue funcionando como una red de favores sexuales, festivos y políticos, con el dinero y el nombre de todos los pichinchanos.