23/06/2026
, Lo inaceptable
Cuando el estruendo de quienes no reconocerán el atropello vuelva a entregar la verdad al vencedor, permítannos decir que si la verdad depende de poseer una maquinaria de muerte, quizá estemos hablando de otra cosa
Belén Gopegui 22/06/2026
Y aquí estamos, preguntándonos una vez más, sin una pizca de ingenuidad, qué podríamos hacer, qué vamos a hacer. Pues habrá que repetir: “Cualquier decisión que tome el gobierno de sólo cuestionará a quienes, desde fuera, asisten impasibles a la ”. Y cuestionará, y cuestiona, a los tan traídos y llevados valores occidentales. “Cuba se abre al capitalismo”, rezaba, impreciso, un titular. En lo que tenga de cierto, para los valores occidentales queda la evidencia de que ni esos valores son tales ni los medios son acordes con los supuestos fines cuando resulta necesario imponerlos mediante la asfixia, el asedio y el hasta límites que sobrepasan todo aquello a lo que se ha llamado humanidad.
Es fácil entender el fenómeno de la ilusión de la culpa en quien ha sido atacado. Cuando una injusticia gigante se comete, a menudo quien la sufre se convence de que la culpa es suya pues, en tal caso, le cabe la esperanza de pensar que si cambia la injusticia se irá. Y encontrará motivos, nadie es perfecto, las cosas siempre se podrían haber hecho mejor. Lo que no es fácil entender, lo que es difícil, lo que es inaceptable es que quienes toleramos esa injusticia cometida sobre personas o poblaciones enteras pretendamos acudir también a esa ilusión. Si la culpa fuese de la víctima, ya no seríamos cómplices, ya sólo seríamos testigos. Pero no hay tal espejismo, e incluso si hubiera alguna rectificación pendiente no absorbería ni justificaría la magnitud de la injusticia y nuestra inacción.
Julian Barnes hace decir a uno de sus personajes: “Las naciones pacíficas rara vez salen victoriosas: en las ideas, sí, seguro, pero las ideas rara vez prevalecen si no las respalda el cañón de una pi***la. Es lamentable, estaremos todos de acuerdo, pero sería indolencia no reconocerlo. Porque, si no, lo único que nos queda es quedarnos de brazos cruzados, de cerebros cruzados, y aceptar: El botín para el vencedor, que significa también: La verdad para el vencedor”.
Cuando el estruendo de quienes no reconocerán el atropello vuelva a entregar la verdad al vencedor, permítannos decir que si la verdad depende de poseer una maquinaria de muerte, quizá estemos hablando de otra cosa