01/08/2026
Hace una semana nos estábamos preparando para uno de los fines de semana más especiales que una fallera puede vivir fuera de los actos y protocolos propios del ejercicio fallero.
Sin prisas aparentes, pero con ese cosquilleo que solo entiende quien sabe que está a punto de vivir un día que se quedará para siempre en la memoria.
Porque la Batalla de Flores no es una batalla.
Es un abrazo vestido de tradición.
Es el sonido de las risas mezclándose con el perfume de las dalias.
Es volver a ser niña mientras el tiempo se detiene entre pétalos.
Durante unos minutos desaparecen las preocupaciones, el calendario y el ruido.
Solo queda Valencia latiendo al mismo compás.
Las carrozas, las bandas, las miradas cómplices y ese instante en el que una lluvia de flores convierte la ciudad en un recuerdo imposible de explicar a quien nunca lo ha vivido.
Ha pasado una semana.
Las flores ya no cubren la Alameda, pero siguen floreciendo en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de estar allí.
Porque hay tradiciones que no se celebran.
Se sienten.
Y, cuando terminan, dejan el corazón un poco más lleno… y con ganas de que vuelva a llegar el próximo verano.
🌸✨