02/03/2026
En este mes de marzo, Moviendo Spain pone voz a aquello que durante demasiado tiempo permaneció en silencio: cómo hemos vivido la endometriosis a lo largo de toda una vida.
Esta es una historia construida por vosotras, con vuestras palabras y vuestras experiencias, y compartida para todas las que alguna vez os habéis sentido solas en el dolor.
Un relato tejido desde el respeto, la escucha y el compromiso, que recoge vivencias reales y las convierte en memoria colectiva.
Un recorrido que atraviesa la infancia, la juventud, la vida adulta y también la menopausia, porque la endometriosis no entiende de etapas, pero sí de mujeres valientes que merecen ser escuchadas.
Hablamos poco de cómo nos sentimos cuando convivimos con el dolor de regla. Quizá porque admitirlo nos expone, nos deja al descubierto, nos obliga a reconocer una fragilidad que durante generaciones se nos enseñó a ocultar.
Para muchas, ese dolor nos ha cambiado la vida, y no precisamente para bien. Ha marcado decisiones, limitado sueños, condicionado relaciones, trabajos, amistades y hasta la forma en que habitamos nuestro propio cuerpo.
Muchas hemos crecido en épocas en las que tener la menstruación era un motivo de orgullo… pero no para nosotras. Era un orgullo para la familia, para los adultos que anunciaban que “la niña ya se había hecho mujer”, como si ese tránsito les perteneciera.
Para nosotras, en cambio, la regla era algo que debía vivirse en silencio: un secreto vergonzoso, un dolor que no debía ser nombrado, una incomodidad que se escondía para no molestar.
Entre la celebración ajena y la vergüenza propia, aprendimos a callar. Aprendimos a normalizar lo que dolía. Aprendimos a fingir y a soportar lo insoportable.
Y ese silencio, con los años, se convirtió en una trampa: cuando el dolor dejó de ser “normal” y empezó a ser una enfermedad, nadie nos había enseñado a pedir ayuda, a exigir respuestas, a decir “esto no está bien”.
Crecimos entendiendo que el dolor era parte de ser mujer, aprendiendo que quejarse era exagerar y entendiendo que pedir ayuda era molestar.
Crecimos pensando que era normal doblegarse en silencio, faltar sin dar explicaciones y esconder la compresa en la manga o el tampón en el estuche.
Pero algunas descubrimos, demasiado tarde, que aquel dolor no era “normal”.
Que no era una anécdota mensual, sino una enfermedad que iba a arrebatarnos cosas que nadie nos había dicho que podíamos perder:
La libertad de movernos sin miedo,la autonomía para trabajar, la intimidad de nuestras relaciones, la estabilidad emocional, la vida social, la pareja, los proyectos, la propia identidad.
La endometriosis no solo duele. También desordena, limita, condiciona, rompe. Y cuando llevas toda una vida aprendiendo a callar, a minimizar, a aguantar, la enfermedad encuentra un terreno fértil para avanzar sin resistencia.