15/09/2025
🌿 Relato de Turrillas, corazón de la Sierra Alhamilla
En lo alto de la Sierra Alhamilla, como si quisiera acariciar el cielo, descansa Turrillas, un pueblo pequeño pero lleno de alma. Sus calles estrechas, que serpentean entre casas encaladas, guardan la memoria de generaciones que han sabido convivir con la montaña, el sol y el silencio.
Cuando amanece, la luz baña los almendros y olivos que rodean al pueblo. En primavera, los campos se llenan de color y el aire se impregna del aroma de las flores silvestres. Desde el mirador se puede contemplar el desierto de Tabernas a un lado y, al otro, la inmensidad azul del Mediterráneo. Es un lugar que regala calma, pero también orgullo de raíces.
Las fiestas patronales son el latido más fuerte de Turrillas. Cada verano, la plaza se llena de música y alegría con la llegada de los vecinos que vuelven al pueblo. Entre bailes, procesiones y comidas compartidas, se renuevan lazos y se celebran las tradiciones que hacen de esta tierra un hogar. El repicar de las campanas anuncia momentos especiales, y el olor a migas recién hechas o a carne a la brasa recuerda que en Turrillas la vida se saborea en comunidad.
Uno de los tesoros más queridos es la ermita, guardiana de la fe y las historias del pueblo. Allí se respira respeto y devoción, como si cada piedra hablara de la fortaleza de los mayores y de los sueños de los jóvenes que alguna vez partieron.
En Turrillas, los días pasan tranquilos, pero cada rincón tiene su magia: la fuente donde brota agua fresca, el eco de los pasos en las calles solitarias al anochecer, o el viento que susurra entre los pinos de la sierra. Quien llega por primera vez descubre un lugar que no necesita artificios: basta con escuchar el silencio para sentir que Turrillas es eterno.
FOTO cedida por: Manolo Gomez Medina