09/05/2026
— Quizás ningún sufrimiento en la Tierra se compare con el de un corazón que se inclina sobre otro, un corazón congelado y amado que el ataúd lleva hacia el gran silencio.
Ver la niebla de la muerte imprimirse inexorablemente en los rostros de quienes más amamos, y cerrar sus ojos en una despedida indescriptible, es como destrozarse el alma y seguir viviendo.
Que hablen aquellos que, un día se rindieron, aplastados por la soledad, ante una tumba; aquellos que se arrastraron en oración entre las cenizas que cubren el último recuerdo de Seres queridos inolvidables...
Sin embargo, cuando tal prueba llame a tu puerta, reprime la desesperación y diluye la corriente de dolor en la fuente viva de la oración, porque aquellos a quienes llamamos mu***os solo están ausentes, y las gotas de tus lágrimas castigan sus almas como una lluvia de hiel.
Ellos también piensan y luchan, sienten y lloran. Cruzan el umbral de la tumba como quien se libera de la noche, pero, al amanecer del nuevo día, se preocupan por los que quedan.
Escuchan sus gritos y súplicas, en la oleada mental que rompe la barrera de la gran sombra, y tiemblan cada vez que los lazos afectivos de los que se quedan sucumben a la inconformidad o se transforman en sui.c;i.d.i@.
Lamentan los errores cometidos y trabajan con diligencia en la regeneración necesaria.
Te animan a hacer el bien, compartiendo tus p***s y alegrías.
Se alegran con tus victorias en tu interior y te consuelan en los momentos difíciles para que no te pierdas en la frialdad de la desilusión.
Cálmate, esto es lo que tus compañeros te envían desde el Más Allá. Afronta con valentía la despedida temporal y honra su memoria cumpliendo con nobleza los deberes que te legaron.
Recuerda que, en un futuro más cercano de lo que imaginas, respirarás junto a ellos, compartiendo sus necesidades y problemas, porque tú también terminarás tu viaje en el mar de pruebas redentoras...
Libro: Religião dos Espíritos® | Religión de los Espíritus®
(Resumen) Capítulo 58; Los que se fueron | Página 69
Reunión pública del 24/08/1959
Pregunta n.º 936
Francisco Cândido Xavier
Emmanuel