31/08/2024
Ésta es mi historia...
Creces muy feliz en el seno de una familia que parece disfrutar mucho con tus juegos, tus saltos, carreras, tus posturas de dormir imposibles, tus ronroneos y la suavidad de tu pelo...
Pasan los meses fríos y te conviertes en toda una muchachita, has perdido tu tamaño de bebé pero sigues siendo esa niña tan dulce y cariñosa de siempre.
El calor estival se hace patente y ves mucho movimiento en casa. Maletas, bañadores... tú te construyes una caja repleta de sueños por cumplir.
Pero un día te ves en la calle con tu caja de ilusiones deteriorándose a cada minuto que pasa. No entiendes nada y todo te da miedo. Tu caja finalmente queda desintegrada.
Oyes el rugir de tus tripas y el hambre comienza a hacerse insoportable. Atraviesas tu miedo porque la necesidad es aún mayor y decides acercarte a algunos humanos que comen cosas en la terraza de un bar. Mendigas e imploras algo de alimento que llevarte a la boca, ya no recuerdas cuándo fue la última vez que comiste. Algunas personas ceden y te regalan algunas migajas, esa comida no es buena para ti, pero te ayuda a sobrellevar el vacío, -al menos el que tienes en el estómago-, piensas.
Poco a poco te vas adaptando a la nueva situación, sobreviviendo como puedes. Sabes que estás adelgazando pero no ves otro camino.
Entras en celo. A pesar de que habías crecido, nadie se preocupó de castrarte y, ahora, un mes después, a pesar de que se te marcan todos los huesos del cuerpo, luces pancita. Ya no puedes pensar sólo por ti, tienes que alimentar también a esas pequeñas vidas que se están formando en tu interior. Su necesidad de nutrientes te estás dejando cada vez más débil.
Cada día que pasa, todo se vuelve un poco más oscuro, más difícil. No sabes buscarte la vida en la calle, nunca nadie te enseñó, no perteneces a ese mundo. Sobrevivir es un reto cada vez más complicado.
Sin embargo, durante otra noche de mendicidad, aparece Adela Fernández dispuesta a encontrar una solución a tu infeliz situación. Ella no puede quedarse contigo, vive en una casa pequeña con algunos otros gatos, pero está dispuesta a luchar por ti.
Y ahora, las dos buscáis desesperadas un lugar (aunque sea de paso) para poder criar a tu progenie, que se acerca con paso firme. Un lugar a salvo de los peligros y los sinsabores de la vida callejera.
Tras conocer mi historia, ¿podrías ser tú la persona que me ofrezca ese lugar para poder criar a mis bebés cuando nazcan? Prometo ofrecerte una de las vivencias más tiernas que vivirás en tu vida.
Buscamos una casa de acogida o asociación que pueda hacerse cargo.
Os pongo fotitos en los comentarios :) Me ayudáis compartiendo?