06/10/2026
Hoy en 1789, una multitud asaltaba Versalles: la plebe estaba hasta el moño, y los que la azuzaban querían algo más que simbólico para demostrar que Luis XVI ya no era respetado como monarca absoluto. Y Versalles, tras la Bastilla, era EL símbolo del poder monárquico: grande, opulento, carísimo y lleno de gente ociosa (los cortesanos) servidos por una miríada de personas. Entre unos y otros, más de 3.000 para servir a 5: el Rey, la Reina, el Delfín, Madame Royale (el título de la hija mayor del Rey, la princesa María Teresa) y Madame Elisabeth, la bienintencionada hermana del Rey. Los otros hermanos de Luis XVI o habían tomado las de Villadiego poco después de la Bastilla (los duques de Provenza y Artois, futuros Luis XVIII y Carlos X) o vivían en el extranjero al haberse desposado con un soberano (Madame Clotilde, por su peso llamada Gros Madame, Reina de Cerdeña al estar casada con Carlos Manuel IV de Saboya).
Hoy la plebe pues marchó a Versalles, en lo que llamaron la Marcha de las Mujeres: las féminas del pueblo fueron al palacio con la intención de traer a París a Luis XVI porque, decían, iba a acabar con la carestía y el alza de los precios del pan. Todo muy festivo...pero vestidos de mujeres iban hombres con otras intenciones.
La multitud acampó frente a Versalles y pidió audiencia al Rey. De madrugada, burlando a la guardia (con melindres femeninos: acercándose a la reja para atender los requerimientos, los soldados fueron degollados), se abrieron las rejas y se asaltó el palacio.
La Reina fue alertada in extremis y llevada por un pasadizo interno a las habitaciones del Rey, los niños tres cuartos de lo mismo, todos en pijama y mu***os de miedo, mientras la Guardia del Rey, pillada por sorpresa, intentaba atrancar las puertas y defendía sin éxito las estancias que llevaban a la regia cámara.
Pero todavía no había llegado la hora del sacrificio: al estar frente a la presencia de la Familia Real, la plebe se detuvo y les acompañó al balcón en una calma tensa, para destrozo de los nervios de la guardia superviviente, los sirvientes, la Reina y los infantes, mas no de Luis XVI, tranquilo como siempre. Llegó La Fayette con la Guardia Nacional (llegáis tarde, señor marqués, le dijo fríamente la Reina), y besó la mano a la soberana. La multitud rugió vivas a la Reina, al Rey y a la Asamblea y se aprestó el traslado.
Abandonaron los soberanos Versalles para no volver, siendo aposentados en Las Tullerías, que llevaba casi un siglo sin ser residencia real y apenas si tenía mobiliario. Y en el camino a París, entre picas con la cabeza de algunos guardias, la plebe cantaba el "Ça ira" y coreaba "traemos al panadero, a la mujer del panadero y al aprendiz".
Empezaba hoy la cuenta atrás del fin de la Monarquía en Francia, y el peculiar calvario de la Familia Real: Luis XVI y María Antonieta terminaron en el cadalso cuatro años después, el Delfín morirá en una celducha en 1795 y sólo Madame Royale sobrevivirá a los suyos, con un trauma del tamaño de la Bastilla y un odio a los revolucionarios grande como el ego de Luis XIV.
FOTO: Retrato de María Antonieta, óleo en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Archivo PROJECTE TARRAGONA 1800.