11/09/2026
Sin botafumeiro hasta nuevo aviso en la catedral de Compostela. Desde hace dos semanas, todos los peregrinos y turistas que han llegado y entrado en el templo, se han percatado de un sorprendente detalle; el botafumeiro, el gran incensario, símbolo de la ciudad y del Camino de Santiago, protagonista de un icónico y sagrado ritual de la ruta jacobea- no está suspendido sobre el altar mayor, ni sobrevuela después de la misa del peregrino el templo.
Pero que no cunda el pánico; no ha sido sustraído, no está averiado y no ha sufrido ningún desperfecto. Su ausencia, que ha extrañado a muchos, se debe a las obras de restauración que se están efectuando en el cimborrio y cúpula -el lugar donde se encuentra-, razón por la que se ha decidido desmontar el armazón que lo sostiene, el mecanismo que hace posible su balanceo, y bajar a tierra el gran incensario para ser guardado temporalmente.
Su función le da nombre; botafumeiro, 'bota fume', en gallego 'echa humo', aunque su nombre en realidad es turibulo, incensario. La primera referencia al mismo la encontramos tallada en piedra, concretamente en el Pórtico de la Gloria del maestro Mateo, en cuyo tímpano principal aparecen ángeles portando incensarios.
Descrito en el Codex Calixtinus (Códice Calixtino), la primera guía del Camino de Santiago, llamado Turibulum Magnum, sus orígenes y propósito se pierde entre la historia y la leyenda.
Mientas muchos afirman, de forma repetitiva, que servía para mitigar el mal olor que desprendían los peregrinos que dormían en el triforio de la catedral -hasta el siglo XVIII el templo nunca cerraba sus puertas-, lo cierto es que su verdadera función, además de la higiénica, era y es litúrgica y sagrada; incensar las reliquias del apóstol, simbolizando su gloria y purificación, así como la purificación de las almas, cuyas oraciones suben al cielo con el humo que desprende.
Fuente: ABC