22/11/2022
ESTO TAMBIÉN ES VIOLENCIA
“¿Cómo darle más libertad a una mujer? Ampliándole la cocina.”
¿Te ha hecho gracia? Al 49’9% de la población mundial, probablemente, sí. Porque el humor, inocente y relajante, también esconde una cara amarga para las mujeres.
El humor se alimenta de situaciones ridículas, de magnificar y buscar el lado cómico a lo que sucede. El problema viene cuando lo que sucede, el objeto de risa, es un colectivo. Las mujeres son objeto de risa.
Total, ¿qué hay de malo en reírse? Es solo un chiste sin importancia, ¿no? Un humor que coloca a las mujeres en la inferioridad de un sistema que camufla, entre risas, los gritos que damos para combatir una situación de desigualdad que engloba a todas las mujeres. Pero, claro, de eso también nos reímos.
¿Qué hace una mujer fuera de la cocina? Turismo.
¿En qué se parecen las mujeres a las pelotas de frontón? En que cuanto más fuerte les pegas, antes vuelven.
Estos chistes “sin importancia” podemos englobarlos dentro del abanico de los micromachismos o, como describe el terapeuta argentino Luis Bonino, “una forma solapada de violencia de género que incluye estrategias, gestos, actos de la vida cotidiana que son sutiles, casi imperceptibles, pero que se perpetúan y transmiten de generación en generación”.
¿Cuántas veces te has quedado en silencio después de un chiste machista y tus amigos te han respondido: “Chica, no te pongas así, que es una broma”?
HUMOR EN TIEMPOS DE PATRIARCADO. TEXTO DE ROSA MARÍA FUENTES TORRES EXTRAÍDO DE LA ANTOLOGÍA “ONCE MEMORIAS PARA RECORDAR QUE NO ESTAMOS SOLAS”.
Esta actuación se enmarca dentro de la estrategia subvencionada por la Unión Europea y la Junta de Andalucía, y con la cofinanciación del Fondo Social Europeo.