08/10/2026
Es miércoles y aún así, creo que el susto de la semana ya está asignado y lo patrocina Abigail.
Llegó en mayo después de que un coche la atropellara y la dejara en la cuneta más de 12 horas sin auxilio. El golpe provocó una contusión en el pulmón que le dificultaba la respiración, al punto de necesitar concentrador de oxígeno.
Entonces acababa de parir y aquellos hijos nunca fueron encontrados. En las radiografías que le hicieron descubrieron que Abi tenía una fractura antigua que debió doler mucho durante mucho tiempo y para la que tampoco tuvo socorro.
No le gustan los perros ni los gatos, así que vive en un jaulón a la espera de una familia responsable que la rescate de toda una vida de soledad y supervivencia.
Ayer fue, al fin, su castración. Mi chica es una gran aficionada a las latitas, en especial las Gourmet, y eso se nota en el perímetro abdominal. Vamos, que está gordita. Eso implicó más tiempo de anestesia. Todo fue bien y la recogí ya despierta, aunque caminaba un poco descordinada. Puede ser normal y significa que no ha eliminado aún los efectos de los fármacos.
Poco después de regresar de la clínica, empezó a quedarse fría y somnolienta. La recogí dentro del transportin envolviéndola en una manta y le puse una bolsa de agua caliente. Lógicamente, consulté también con su veterinaria.
Fue recuperando temperatura pero por la noche seguía confusa, se levantaba y se quedaba de pie mirando a la nada. Ha dormido rebujadita en el transportín con una humana molesta que la toqueteaba a cada rato para asegurarse de que no se estuviera quedando tiesa.
Y así es como Abigail esquivó una nueva bala y a mí me han salido cuatro o cinco arrugas más.