15/11/2024
Han pasado ya unos días desde mi regreso a casa, pero hasta hoy no he encontrado las palabras para describir cómo esta situación me ha afectado. El dolor por la devastación que he visto, la tristeza por las familias que lo han perdido todo, y la ausencia irremplazable de amigos que jamás volverán. Todo esto pesa, y aún así, siento la necesidad de compartir lo vivido.
Como voluntaria de Rowing Together y junto a las increíbles personas de Accion Directa Sierra NORTE y ProemAid, además de decenas de voluntarias civiles que no dudaron en poner sus manos a nuestra disposición, he tenido el honor de formar parte de algo inmenso.
Durante días, entregamos comida caliente a familias, voluntarios y voluntarias que no dudaron en ponerse sus botas de agua y adentrarse en el fango para ayudar de la mejor manera que podía cada uno y una de ellos/as... Un esfuerzo que va más allá de cualquier descripción y que solo se puede entender al verlo de cerca.
Mi desconsuelo es profundo.
Ver calles y pueblos que me vieron crecer convertidos en algo irreconocible es desgarrador. Pensar en quienes han perdido sus hogares, sus recuerdos e incluso sus vidas me llena de tristeza y rabia. Pero entre tanta oscuridad, he encontrado algo que me ha hecho volver a creer, aunque sea un poco, en la humanidad.
Personas que no me conocían me abrazaron con fuerza y lágrimas en los ojos, agradeciendo un plato de comida caliente, un batido o un simple plátano. Gente que, cubierta de barro, no piensa en sí misma, sino en ayudar al de al lado. La solidaridad que he visto me emociona hasta el punto de las lágrimas. Esa capacidad de organizarse y cuidarse mutuamente, me llena de esperanza y orgullo.
Remar juntos. Es nuestro lema, y en estos días lo he visto reflejado en cientos de personas que, sin pensarlo dos veces, se han puesto las botas de agua y han entrado de lleno en el barro. Cocinando, limpiando, organizando, apoyando... Porque remar juntos significa ser equipo, compromiso, orgullo. Significa que, aunque quienes deberían asumir responsabilidades se sacudan la culpa y solo miren hacia otro lado, la gente de la calle sigue adelante. Es un recordatorio de que somos capaces de grandes cosas cuando nos unimos.
La imagen de unas botas embarradas junto a un barquito de papel representa todo lo que hemos vivido. La dureza de avanzar entre el fango y la fragilidad de quienes lo han perdido todo, pero también la esperanza. Esa esperanza que se refleja en cada gesto de solidaridad, en cada mano extendida, en cada plato de comida ofrecido con el corazón. Es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, seguimos a flote porque nos tenemos los unos a los otros.
Gracias a todas las personas que se han unido a esta causa, desde el barro hasta la cocina, desde el silencio hasta los abrazos. Gracias por remar juntos. Porque remar juntos no es solo una frase; es un acto de fe en que, pese a todo, podemos hacer un mundo mejor.
Ana (DANA VALENCIA 2024)