02/09/2026
Querida Arándano.
Sentadas en este lugar donde paso tantas horas intentando veganizar al mundo, acompañadas de Marie Patita y Carla Titán, hoy nos animamos a contar tu historia, una de belleza colateral.
Perdón por haberme tardado tanto, sé que no es excusa, pero el dolor de perderles no parece irse con los días, y todo este proceso de duelo a veces parece demasiado. Pero vos también merecés tu relato. Espero que te llegue nuestro amor, allá, donde sea que esté tu alma liberada.
Nan, Nándano, Ananán, linda Arándano: tu vida comenzó en una finca donde crían gallinas en una especie de semilibertad. Podían moverse por el terreno (y hasta salir a la peligrosa carretera), pero eso no significaba que fueran realmente libres ni mucho menos parte de la familia. Las tienen ahí porque son bonitas, abonan los aguacates y resultan útiles para los humanos. No les ofrecen un lugar seguro para vivir y dormir, no reciben atención veterinaria o una alimentación adecuada y, si se mueren, compran más gallinas. Lo que se suele llamar libertad es, en realidad, negligencia.
Siendo un bebé de apenas unos meses, te atacaron unos perros que también en semilibertad, cazan, comen y matan a las gallinas que intentan habitar ese espacio. Te mordieron hasta dejarte agujeros en la cabeza y, aunque lograste escaparte porque eras increíblemente ágil, rápida y fuerte, seguramente la herida habría terminado matándote.
Justamente porque estabas herida y débil, te dejaste agarrar. Llegaste a Vegan Point en acogida, junto a Mona y Aloe, mientras una amiga de la persona que te salvó preparaba un espacio donde pudieras vivir segura y feliz.
El espacio prometido nunca llegó. Como pasa demasiadas veces, alguien se entusiasma mucho con un rescate al principio y después la emoción se va apagando cuando llega el momento de hacerse cargo para siempre. Así fue que pasaste a ser una de las residentes permanentes de nuestro veganario.
Al principio teníamos la esperanza de que ustedes tres se integraran con la bandada grande, pero tu verdadera familia era Mona. Ibas detrás de ella a todos lados. Probablemente eran primas porque tenían casi la misma edad; Mona era solo un poquito más grande. Tal vez la veías como una hermana mayor, tal vez como una mamá… o tal vez estabas enamorada de ella: muchas veces me dio esa impresión. ¿Y por qué no?
El asunto es que Mona se enamoró de Rock y aprendió a escaparse del recinto grande por un agujerito minúsculo arriba de una puerta para entrar al de su enamorado. Y vos aprendiste la misma técnica para estar con ella. A vos no te atraía Rock en lo absoluto, pero tampoco se molestaban y él nunca te hizo daño, así que al final los tres formaron su bandada por elección propia: un gallito ciego con dos gallinas sobrevivientes de ataques caninos: una bandada de secuelas y mucho carácter. Yo simplemente tuve que adaptar el espacio a las decisiones que ustedes habían tomado, así que les diseñamos un espacio mucho mejor. Vivieron varios años así. Varias vidas si contamos lo que duran, en general, las de todas tus parientes…
Cuando tenías alrededor de dos años eras una Titán: pesabas 1,9 kg y te veías muy feliz. Aunque para entonces ya habías puesto una cantidad ingente de huevos, muchísimos más que cualquier otro pajarito de tu tamaño, recién ahí recibiste tu primer implante. Ese año por fin aprendimos que no solamente las gallinas ISA Brown —las naranjitas— o las Leghorn —las blanquitas— necesitan descansar de la puesta. Poner huevos desgasta el cuerpo de cualquier gallina, también el de las mestizas como vos. Por eso empezamos a implantar a todas las gallis que cuidamos.
A mediados de 2023 empezaste a tener problemas digestivos bastante serios y vimos algo que parecía huevo revuelto en tus cacas. Posiblemente ya empezabas a mostrar las consecuencias de la selección genética y tus inicios tan sufridos. Primero dejaste de querer comer tu alimento. Todavía picoteabas pastito y cosas del jardín, pero tu buche estaba pastoso y no terminaba de vaciarse. Fuimos al veterinario varias veces, te hicimos análisis y consultamos con profesionales fuera de la isla: durante meses estuviste en tratamiento intensivo con vitaminas, probióticos, masajes y lavados de buche, suero, protectores gástricos, diferentes medicamentos, antibióticos, cambios en la alimentación, te pinchamos una alternativa al implante tradicional y tratamos todo lo que, con aprobación de tus doctores, nos animamos a intentar. Llegaste a perder la mitad de tu peso y hubo varios momentos en los que pensé que te nos ibas.
¡Pero saliste adelante! Para principios de 2024 tu ánimo volvió y empezaste a ser otra vez la Arándano de siempre. Seguimos muy pendientes de vos y también de los implantes cada vez que tu cuerpo daba señales de querer volver a poner huevos. A lo largo de tu vida recibiste once. ¡Estamos seguras de que te ayudaron mucho!
Lamentablemente, en diciembre murió Mona, tu amor, tu compañera, tu jefa y mejor amiga. Después de tantas estaciones siguiéndola a todas partes y de compartir prácticamente toda tu vida con ella, te tocó otra decisión. Y aunque llevabas 5 años viviendo con Rock, lo dejaste el mismo día que Mona cruzó el arcoíris y te fuiste a vivir con las Titanes y Aloe. Ellas pasaron a ser tu nueva familia. Y por primera vez, tu rango en el orden de picaje no fue el de más abajo… te posicionaste por arriba de Carla, a la que picoteaste bastante, pero en tus últimos días fue la que más te apoyó. ¡Qué vueltas da la vida!
Este año te vi disfrutar como pocas veces antes: los árboles en tus recintos crecieron y crearon un espacio mágico para ustedes. Con tu nueva bandada tenían rutinas divertidas y activas de paseos por diferentes sectores y por la noche elegías a veces dormir en las distintas casitas, incluso volviste a dormir en la que habitabas con Mona, cuando Rock se vino a vivir a la caravana y les quedó ese espacio disponible. Siempre evitaste iniciar el contacto conmigo, pero también me permitiste cuidarte y darte todos los tratamientos necesarios. En el silencio de las miradas nos entendíamos con el lenguaje del amor, la paciencia y el respeto.
Pero en julio empezaste a decaer de una forma que esta vez fue mucho más complicada. Tu piel y tu cresta estaban perdiendo el color y empezaban a ponerse amarillas, de un amarillo rarísimo, casi flúor. La veterinaria te vino a ver. Revisamos todo tu recinto en busca de potenciales peligros, investigamos todo a fondo, hablamos de tu historia, te pesamos, te palpamos y te sacamos sangre… que parecía agua. En la analítica se vio una anemia regenerativa, lo que significaba que tu médula ósea estaba intentando producir más glóbulos rojos y que en alguna parte había algo que los estaba destruyendo o haciendo que los perdieras. Nos dijeron que podía ser una infección, una hemorragia, una intoxicación… ¿u otras cosas? WTF!?
Así que empezamos a buscar aún más y a intentar ayudarte de otras formas. Te dimos hierro y nuevos suplementos. Con los días dejaste de comer y otra vez tu buche volvió a dejar de vaciarse correctamente. Hicimos una PCR porque teníamos miedo de que pudieras tener un virus. Hicimos radiografías y ecografías. Analizamos el trigo por miedo a una contaminación con toxinas. Y tu sangre por metales pesados… Nada nos explicaba la causa de tu anemia. Probamos distintos antibióticos, antiparasitarios y varios tratamientos de soporte. Te hicimos una endoscopia. Aspiramos el contenido de tu buche y con pinzas te sacamos un pedazo de madera que yo había notado duro durante los masajes, pero tampoco era una obstrucción y evidentemente no explicaba todo lo demás.
La verdad es que pensamos en muchísimas cosas porque sabíamos perfectamente que estabas muy enferma, pero no conseguimos entender de qué. Y aunque el tratamiento de soporte pareció servirte durante algunas semanas, pronto volviste a decaer.
Empezaste a vivir dentro de la caravana porque ya estabas muy débil. Cada vez te dejabas acariciar más, cosa que en vos era una señal bastante clara de que algo iba mal. Durante un par de semanas te preparé bolitas de comida y suplementos que te fui dando a mano, aunque ni siquiera comiendo lo mínimo conseguíamos que el buche terminara de funcionar bien.
El martes 11 de agosto tuviste un día lindo. Caminaste unos pasitos afuera, comiste un poquito de pasto, tomaste agüita y estuviste con tus amigas bajo el castaño. Te llevamos de la sombra al sol y de la tierra al césped, y recorriste una vez más este lugar que fue tu Tierra Vegana. Y te conté sobre la belleza colateral. Empezaste tu vida conmigo gracias a una experiencia terrible, pero si eso no hubiera sucedido así, tal vez nunca nos hubiéramos conocido. Y después de aquel día tuviste casi siete maravillosos años más.
Mi último intento fue pedirle a tu veterinaria que te pusiera suero subcutáneo. Nos habían dicho otras veces que podía doler bastante, pero los pinchazos de hierro y los implantes siempre te los habías aguantado como una campeona. Eras Arándano. Una Titán. Vos y yo conversamos que si había una posibilidad de que el suero te levantara un poquito, valía la pena intentarlo.
Así que al día siguiente fuimos otra vez a la veterinaria. Conseguimos colocarte la vía para intentar darte suero y dejarte en una cajita cómoda con oxígeno, pero empezaste a convulsionar en mis brazos. No llegamos a darte el suero.
Abrí la puerta porque no quería que murieras en las cuarentenas y me fui con vos debajo de un árbol. Te abracé contra mi pecho porque tu cuerpo se estaba retorciendo y no quería que te cayeras. Te dije cuánto te amaba, te dije todas las cosas hermosas que habías vivido y te pedí que, si era tu momento, fueras a buscar a Mona y a vuestra próxima aventura. Te pedí que si veías a Rock les dijeras que los amo y que los extraño todos los días de mi vida. Y te dije que ahora también te iba a extrañar a vos. Te dije que había intentado salvarte. Que había hecho todo lo que se me ocurrió, que había pedido toda la ayuda que pude y que lamento muchísimo no haber conseguido hacerlo esta vez.
Y te dejaste ir.
Hoy queremos honrarte recordando todo lo que tuviste: Tuviste a Mona. Tuviste a Rock. Tuviste a las Titanes. Tuviste casas seguras y patios amplios. Tuviste verde, sol, baños de polvo, comida rica y lugares donde esconderte. Tuviste veterinarios cuando te enfermabas y humanos bastante pesados dándote amor y cuidados todo el rato.
Tuviste la posibilidad de elegir.
Gracias al veganismo pudiste tener una vida digna dentro de ese cuerpo, pero sobre todo pudiste tener una vida que te perteneciera a vos.
Espero haberte servido bien, mi reina.
Tu vida no fue perfecta, pero fue tuya. Fue intensa. La pudiste vivir con (muchas de) tus reglas. Y me animo a decir que tuvo muchísima más alegría que tristeza.
En tu honor sembramos un jazmín canario y un sapote blanco. Tu cuerpito volverá a nosotras después de la necropsia ya convertido en cenizas, y será parte del suelo de la isla que te vio nacer, crecer y ser.
También quedas en todo lo que aprendimos gracias a vos. Y estás en el activismo que hacemos desde este lugar. Tu testimonio es prueba contundente de que cada galli tiene gustos, amigas, parejas, peleas, miedos, rutinas, decisiones importantes que tomar y una personalidad propia, cuando pueden permitirse conocerse fuera de la explotación.
Agradezco profundamente que hayas nacido, Arándano. Tu principio fue muy rudo y tu siguiente capítulo vino antes de lo deseado, pero en el medio hubo una existencia enorme y hermosa que creo que valió muchísimo la pena.
Querida y eterna Nan, en mi memoria siempre me quedará tu estilo. Tu preciosa presencia. Tu gigante titaneidad. Tus ganas de libertad. Tu fortaleza. Tu independencia. Tu mirada de amor, de agradecimiento, de valoración por esta vida.
Si existe una próxima, espero que sea todavía mejor que la que tuviste conmigo.
Te amo para siempre, Arándano.
Hasta que nos volvamos a encontrar. 🌈