28/10/2025
REFLEXIÓN DEL DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL
Dicen que el arte es un idioma universal, una forma de comunicación de lo que somos y de cómo vemos el mundo, al mundo. Un sustantivo que no necesita adjetivo alguno para describirse. El arte es arte, da igual de dónde vengas, cuál sea tu credo o qué lógica pueble tu cabeza, todos somos capaces de disfrutarlo y por qué no de participar en su creación; y eso mismo es lo que pasó aquella tarde en el TEA.
Creo que como alumnos de medicina, entre los que me incluyo, hemos pecado de mirar al arte por encima del hombro en algún momento de nuestra educación por considerar "de segunda" a esta rama del conocimiento y la expresión, que siempre ha tenido una connotación negativa desde el punto de vista académico o laboral.
Como si fuese algo que careciera del mismo respeto y atención que otras ramas de las ciencias como la medicina, eso si es importante de verdad en esta vida... ¿no? O eso es lo que podría pensar uno en su ignorante inmadurez propia de la juventud, hasta que se da cuenta de que en ese arte en ocasiones mirado con desdén, más antiguo que cualquier ciencia o que el propio lenguaje tal y como lo conocemos, quizás, se esconde el verdadero espíritu humano. Una actividad que a pesar de que no nos ayudó a cazar más bisontes, a escondernos de los depredadores o a reproducirnos con mayor rapidez, ha persistido y persistirá entre nosotros como seña indiscutible de nuestra identidad.
El arte como navaja multiusos de esta vida llega a sanar donde el médico no puede curar, y en momentos en los que alguna parte de la mente se hunde, el disfrute o expresión artística en cualquiera de sus formas puede ser ese salvavidas que nos ayude a permanecer a flote en este mundo a veces hostil. Rescatando las palabras escuchadas en el acto, nos hemos dado cuenta ya de que las actividades creativas en las personas con trastorno mental grave no son solo un mecanismo de afrontamiento o distracción de la patología, sino que ahora se sabe científicamente lo que muchos ya sospechaban, que todo esto funciona como un tratamiento en sí, como una forma de hilo conductor de la "locura" hacia una sintonía con el mundo que nos rodea.
Y es que después de la experiencia del otro día, de escuchar su música, sus actuaciones, de ver sus caras y testimonios de lo que significa para muchos de ellos el arte y este tipo de actividades, no es necesario conocer toda la evidencia científica disponible existente (que la hay) para darnos cuenta de lo importante que son asociaciones como ASCATEC y la labor que llevan a cabo.
Fdo. Pablo Saverio Concepcion. Alumno de sexto curso de Medicina ULL.