24/02/2026
𝟱𝟬 𝗿𝗮𝘇𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗲𝗰𝗶𝗿 𝗡𝗢 𝗮 𝘂𝗻 𝗰𝗿𝗲𝗺𝗮𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼
Porque emitir contaminantes al aire no es compatible con entornos donde viven y se recuperan personas vulnerables.
Porque las partículas finas afectan directamente a la salud respiratoria, especialmente de niños y enfermos.
Porque la posible liberación de mercurio es un riesgo que no debemos asumir.
Porque las dioxinas y furanos son sustancias altamente tóxicas incluso en pequeñas cantidades.
Porque aumentar las emisiones de CO₂ contradice cualquier compromiso climático serio.
Porque ningún sistema de filtrado es infalible.
Porque sumar una nueva fuente de emisiones en una zona habitada es una decisión irresponsable.
Porque los pacientes hospitalarios necesitan aire limpio, no más riesgos.
Porque quienes padecen asma o enfermedades pulmonares no pueden defenderse de una mala decisión urbanística.
Porque los olores persistentes deterioran la calidad de vida diaria.
Porque en condiciones atmosféricas adversas los contaminantes se concentran y afectan más.
Porque no queremos vivir bajo la necesidad permanente de controles ambientales.
Porque el manejo de residuos derivados de la cremación exige máximas garantías que aquí no sobran.
Porque un fallo técnico puede convertir un problema potencial en uno real.
Porque ante cualquier incidente, los primeros afectados seríamos vecinos, alumnos y pacientes.
Porque los niños merecen crecer en un entorno saludable y emocionalmente seguro.
Porque un colegio debe ser símbolo de vida y futuro, no de muerte constante.
Porque los pacientes necesitan esperanza, no una chimenea recordándoles el final.
Porque las familias que atraviesan momentos difíciles merecen un entorno sereno.
Porque el personal sanitario y docente trabaja mejor en ambientes saludables.
Porque la presencia permanente de un crematorio altera la percepción del entorno.
Porque nuestra salud física y mental no es negociable.
Porque la calidad del aire en el interior de nuestras casas y aulas puede verse afectada.
Porque las autoridades sanitarias recomiendan especial cautela en zonas con población sensible.
Porque las decisiones que afectan a un barrio deben contar con el respaldo del barrio.
Porque el valor de nuestras viviendas no debe verse perjudicado por una ubicación inadecuada.
Porque nuestro barrio no puede perder atractivo ni calidad residencial.
Porque un hospital y un colegio deben asociarse a bienestar, no a polémica ambiental.
Porque imponer este proyecto genera división y conflicto vecinal.
Porque la confrontación social nunca es buena para una comunidad.
Porque la planificación urbana debe proteger usos sensibles como vivienda, educación y sanidad.
Porque ese espacio puede destinarse a equipamientos más beneficiosos para todos.
Porque una infraestructura industrial no encaja en un entorno residencial o sanitario.
Porque la armonía del barrio también forma parte de nuestra calidad de vida.
Porque las actividades al aire libre de niños y pacientes pueden verse afectadas.
Porque la educación emocional de los menores no necesita este impacto añadido.
Porque la confianza en el entorno sanitario debe ser plena, sin elementos perturbadores.
Porque mezclar usos industriales y residenciales contradice principios básicos de urbanismo.
Porque cualquier emisión visible generará preocupación constante.
Porque la cercanía física aumenta la percepción y el posible impacto del riesgo.
Porque nuestro municipio debe apostar por sostenibilidad real, no por soluciones mal ubicadas.
Porque concentrar emisiones en zonas densamente pobladas no es sentido común.
Porque una vez construido, el daño sería irreversible.
Porque ya soportamos suficientes cargas urbanísticas.
Porque nuestros mayores merecen tranquilidad y aire limpio.
Porque como madres y padres tenemos derecho a exigir un entorno escolar seguro.
Porque ningún barrio quiere convertirse en referente por un incidente evitable.
Porque la confianza ciudadana se construye escuchando, no imponiendo.
Porque nuestra calidad de vida vale más que una mala decisión de ubicación.
Porque existen ubicaciones alternativas más adecuadas, alejadas de hospitales, colegios y viviendas.