06/03/2026
Ser puerta abierta: un libro que pone la hospitalidad en el centro de la vida espiritual
El miércoles 26 de febrero, la biblioteca de la segunda planta de la sede de los Jesuitas de Cataluña en Barcelona acogió la presentación del libro Ser puerta abierta. La hospitalidad en el corazón de la espiritualidad, en un acto coorganizado por Migra Studium y Jesuitas Catalunya. El encuentro tomó la forma de una conversación sobre qué significa hoy “vivir con la puerta abierta”, con voces de diversas personas que lo practican.
Publicado en el sello SalTerrae, el libro —firmado por Alberto Ares, Jennifer Gómez y María del Carmen de la Fuente— defiende la hospitalidad como una fuerza capaz de “sanar heridas”, “unir lo que está separado” y tejer fraternidad en una sociedad marcada por el miedo, releyendo sus raíces bíblicas y la tradición cristiana de la acogida con ejemplos concretos y una mirada realista.
El acto comenzó con la bienvenida de Maria Coll, directora de la Fundació Migra Studium, quien conectó la conversación con la experiencia de acogida y hospitalidad que se vive en Migra Studium y en el conjunto de la red de hospitalidad que se ha generado en torno a los Jesuitas en Cataluña.
María del Carmen de la Fuente, coautora del libro y coordinadora del sector social de Jesuitas en Cataluña, presentó la obra como el “fruto de una experiencia reflexionada”: una síntesis que nace de lo que se ha ido viviendo. Insistió en que las presentaciones de este libro deben ser necesariamente corales, porque de la hospitalidad no se puede hablar desde una sola mirada, y subrayó una idea clave del libro: está muy bien escribir y pensarla, pero “la hospitalidad es práctica: hay que practicarla”.
En su intervención señaló raíces y frutos de la hospitalidad. Entre las raíces, subrayó que la hospitalidad es un valor intrínseco a la humanidad, presente en tradiciones religiosas y humanistas, y vinculado al instinto de protección de la vida. También la conectó con el relato bíblico de un pueblo en camino y con la convicción de que la hospitalidad se encarna en gestos sencillos y cotidianos.
En cuanto a los frutos, compartió algunos aprendizajes, como constatar que todas y todos llevamos una historia de migración y de extranjería, porque nadie es siempre huésped o anfitrión. Además, la hospitalidad nos reconcilia con nuestra fragilidad, pone de relieve la importancia de los cuidados y nos invita a “dar tiempo” a lo cotidiano —hablar, compartir, escuchar— como camino para construir comunidad y esperanza. En este horizonte, señaló la espiritualidad ignaciana compartida por los autores como un sustrato que inspira y sostiene la resistencia necesaria para perseverar en el deseo de acoger.
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