26/04/2026
Artistas exilados en Francia: París y Toulouse.
Violeta Izquierdo.
En Francia se asentó el mayor número de exiliados republicanos españoles con unas características sociológicas bien distintas que revelan la existencia de dos corrientes de exilio bastante diferenciadas: la que condujo a París, que era de carácter pequeño-burgués e intelectual y la que tenía una base más popular y sindical que se instaló en la zona suroeste del país en torno a la capital del Alto Garona:Toulouse.
Las características del éxodo producido por la derrota militar fueron las propias de una emigración de esta índole, es decir, gentes de distintos lugares de España, de distintos estratos sociales, de distintas profesiones y de distintas posiciones políticas. A una primera llegada masiva al país vecino tras la Retirada de 1939, le siguió una dispersión por los distintos campos de concentración preparados para su recibimiento, movimientos hacia el norte del país y una segunda evacuación hacia otros países, fundamentalmente Latinoamérica.Los que finalmente permanecieron en Francia tuvieron que hacer frente a una nueva tragedia histórica: la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), con lo que sus condiciones lejos de mejorar con los años seguirán en un estado de precariedad evidente. A su condición de exiliado en un país invadido y en guerra, hay que sumar la dificultad que supuso el desconocimiento de una lengua diferente a la suya, con lo que los canales de comunicación e integración en el nuevo país fueron considerablemente más complicados que los de aquellos que se exiliaron a países de habla hispana. La actividad cultural de los exiliados en Francia fue constante desde su llegada al país. Los lugares, formas y corrientes de expresión de su cultura fueron diversos, pero en líneas generales se puede afirmar que la característica esencial de la cultura del exilio español en Francia estriba en aquella voluntad de salvaguardar la identidad cultural hispánica.El exilio artístico es una de las facetas de ese universo cultural español que se produjo en Francia después de la guerra civil. Es sabido que París fue el principal lugar de destino de estos creadores, pero es necesario conocer que existió otro importante foco artístico en la zona sur del país: Toulouse, que concentró un buen número de artistas, aún ausentes en la historiografía del arte contemporáneo español, en parte por el desconocimiento y en parte por la carencia de estudios que pongan de manifiesto esta evidencia.El colectivo de artistas exiliados en Francia presenta enormes diferencias en cuanto a sus posibilidades de formación y reconocimiento, atendiendo a la elección de su lugar de destierro. Es evidente que el panorama cultural y artístico en los años cuarenta no era el mismo en París que en Toulouse y por tanto, la repercusión y el alcance que tendrán los artistas que optaron por París, no tiene paralelo con la trascendencia conseguida por aquellos que se instalaron en la cuidad rosa. Si a ello añadimos que en su —44→ mayoría, los artistas que forman el Grupo de Toulouse son gentes de cultura autodidacta, que durante años tuvieron que dedicarse a sobrevivir más que a pintar, esculpir o dibujar y que nunca ha existido un aparato crítico que rescatara su memoria del olvido se pone de manifiesto la descompensación histórica de ambos, y nos animan en la necesidad y urgencia de nuestro trabajo.ParísDesde principios de siglo nombres fundamentales de la historia universal del arte eligieron París atraídos por el desarrollo artístico de la capital francesa. El hervidero cultural sin parangón que se produjo en París a comienzos del siglo XX supuso un atractivo irrenunciable para artistas de todas las nacionalidades, entre ellos los españoles, que intentaban abandonar las prácticas artísticas de una sociedad finisecular anclada en el pasado, marcada por el naturalismo artístico, sin un mercado interior que absorbiera sus obras y con un prácticamente inexistente aparato crítico que apoyara cualquier iniciativa renovadora.Los pioneros de este periplo artístico español son nombres que forman parte de la historia universal del arte y que han alcanzado una excelencia artística que les ha convertido en figuras señeras del arte contemporáneo. Julio González se fue con su familia en 1900, Pablo Picasso realizó su primer viaje a París en 1901, pero es en 1904 cuando se instaló definitivamente; Juan Gris lo haría en 1906; María Blanchard en 1909, Joan Miró en 1920. Todos estos nombres forman parte de las vanguardias históricas y son un referente obligado para las futuras generaciones de artistas que llegan a Francia o que se gestan en España.Estos artistas que ya estaban fuera de España cuando estalló la guerra civil, permanecerán fuera y no volverán al país, a excepción de Miró que continuará su labor en el exilio interior. Esta generación de artistas españoles no se instaló en la capital francesa por motivos políticos, aunque en muchos casos su apoyo a la Segunda República fue decisivo, pese a ello no pueden considerarse propiamente exiliados de la guerra.Un segundo momento dentro de la emigración artística a París lo constituye el grupo de artistas que durante los años veinte y treinta integran la llamada Escuela Española de París. Los pintores más interesantes son Manuel Ángeles Ortiz, Francisco Bores, Joaquín Peinado, Hernando Viñes, Luis Fernández, Pancho Cossío, Ismael Gómez de la Serna, Óscar Domínguez, Alfonso Olivares y Honorio —45→ García Condoy. Aunque también dentro de la órbita de la Escuela Española de París encontramos otros artistas interesantes como Mateo Hernández o José Palmeiro.Todos ellos configuran una suma de personalidades y trayectorias artísticas que tienen como común denominador, el confluir en París en una época de gran efervescencia cultural y artística. Estos artistas entran en contacto con distintas academias y tienen en Picasso un referente ineludible. Muchos de ellos desarrollaron una importante labor profesional en Francia, por lo que la situación creada en España tras las guerras, no les resultará excesivamente atractiva y continuarán viviendo en la capital francesa. Son artistas que tampoco pueden considerarse propiamente como exiliados de guerra, pues vivieron la guerra civil en Francia (a excepción de Manuel Ángeles Ortiz), aunque ninguno volverá a España después de la contienda.Algunos artistas de los que hemos denominado pioneros en París y otros de los nombres que integran el grupo de la Escuela de París participaron en el Pabellón de la República Española de la Exposición Internacional de las Artes y Técnicas en la vida moderna, celebrada en París en el verano de 1937, un acontecimiento especialmente significativo en la cultura artística de la época. Para el Pabellón de la República española se hicieron encargos a varios artistas afincados en París que realizarían obras que al cabo de los tiempos se convertirán en símbolos emblemáticos de la guerra y el exilio. Nos estamos refiriendo a la escultura El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella (1937) de Alberto Sánchez; la escultura Fuente de Almadén (1937) de Alexander Calder; el lienzo Guernica (1937) de Pablo Ruiz Picasso; el mural El segador (1937) de Joan Miró y la escultura La Montserrat (1937) de Julio González.Estas cinco obras fueron un encargo particular del gobierno de la República a estos artistas para esta exposición, siendo el primer encuentro entre el Estado Español y los artistas de vanguardia residentes en Francia, un tanto ignorados y ausentes dentro del país. La presencia de estos artistas españoles en París es una manifestación de su cosmopolitismo cultural y del vanguardismo de sus propuestas.El tercer momento dentro de la emigración artística a París, ya considerado propiamente exilio, sería el que se produce a finales de 1939, momento en el que llegan artistas huyendo de la represión y del triunfo del fascismo en España, actores directos en muchos casos en la contienda o partícipes en actividades de apoyo artístico en el bando republicano. Entre ellos podemos citar a Manuel Ángeles Ortiz, Baltasar Lobo, Pedro Flores, Ginés Parra, Antoni Clavé, Manuel Viola o Appel·les Fenosa. —46→ Muchos de los artistas que configuraron la llamada Escuela de París y otros de los recién llegados a la capital francesa tras la guerra, formaron parte de la exposición titulada El arte de la España republicana. Artistas españoles de la Escuela de París celebrada en Praga en 1946. La exposición se planteó como un fenómeno artístico y político, además de una especie de manifestación pública y estética de artistas vanguardistas y republicanos. En la exposición de Praga participaron: Picasso, Óscar Domínguez, García Condoy, Luis Fernández, Mateo Hernández, Francisco Bores, Julio González, su hija Roberta González, José Palmeiro, Joaquín Peinado, Hernando Viñes, Ismael González de la Serna, Baltasar Lobo, Pedro Flores, Ginés Parra, Antoni Clavé, Apel·les Fenosa, Manuel Adsuara y Balbino Giner.La nómina de artistas españoles exiliados en París no acaba con la lista de aquellos vinculados a la Escuela de París o la exposición de Praga. Esta circunstancia ha supuesto un profundo desconocimiento de los que no tuvieron relación directa con alguna de ambas manifestaciones, por lo que la aparición de estudios e investigaciones que rescatasen estos nombres se han hecho esperar durante décadas, caso por ejemplo de Joan Rebull, Emilio Grau Sala, Juan José Luis González Bernal, Antonio Quirós, Ángel Alonso, Rufino Ceballos, Ángel Medina, Eduardo Pisarro, etc.Para los artistas españoles exiliados en Francia como para el resto de los republicanos, el fin de la Segunda Guerra Mundial supuso un momento de esperanza y una creencia en que por fin se produciría su deseada vuelta a España, pero la historia se desarrolló de otra manera y sus ilusiones se fueron desvaneciendo antes o después, de manera que en esta situación cada cual optó por seguir su propio camino, unos no volviendo jamás y otros haciéndolo de manera paulatina, a medida que el panorama cultural español iba mostrando signos de apertura hacia el exterior. La década de los cincuenta iba a traer a muchos de los artistas españoles de París la sorpresa de ver cómo, a pesar de la cerrazón política del régimen, una nueva generación de artistas españoles procedentes del interior empezaba a hacerse sentir internacionalmente, tras algunos tanteos figurativos, por lo general estos jóvenes españoles que triunfaban en las Bienales se habían adscrito al informalismo o al expresionismo abstracto. Esto supuso para los españoles de París una sorpresa inesperada pues les demostraba que, contra todo pronóstico, la creación artística era capaz de sortear los obstáculos políticos. —47→ Exilio en el sur de FranciaArte en los campos de concentración (1939-1945)Cerca de medio millón de españoles pasaron la frontera francesa huyendo del final de la guerra civil. La mayoría de esta población conoció los campos de acogida y concentración franceses instalados en el suroeste del país. Antes de instalarse en algún país de América o Europa, vinieron el infortunio de permanecer en aquellos campos, meses o años, dependiendo de sus circunstancias personales o del factor suerte. La mayoría de los artistas plásticos conocieron estos campos de acogida y muchos de ellos dejaron constancia de su presencia en los mismos. Algunos realizaron su obra en el mismo campo y otros, cuando pudieron salir reflejaron su experiencia en sus propias creaciones.Los principios del exilio artístico de muchos artistas están inevitablemente ligados por tanto a estos campos de concentración situados en el sureste francés: Saint-Cyprien, Gurs, Argelés, Bram, Barcarés, etc., en los que pasados los primeros meses de organización se desarrollaron actividades artísticas y culturales. Aparecieron hojas manuscritas o dactilografiadas. La prensa de las playas, que servían para hacer circular ideas y noticias, en las que ocasionalmente se incluían dibujos. La misma necesidad de difundir y expresar el pensamiento propició la organización de exposiciones de arte dentro de los campos. Se ha constatado la existencia de «un Palacio de exposiciones» inaugurado en Barcarés el 14 de mayo de 1939, un Salón de Bellas Artes en Argelès y una Barraca-Galería en Saint-Cyprien. También en el campo de Gurs se organizó una exposición en julio de 1939 y ese mismo verano se levantaron dos esculturas de barro: España agonizando, sobre la guerra civil y La última bomba, dedicada a las víctimas de Guernica. En Les Milles, donde cómo en Gurs convivían los refugiados españoles con los judíos, se realizaron colectivamente ocho frescos murales representando escenas de fiesta.Las piezas que se mostraron al público fueron generalmente pinturas al óleo, acuarelas y dibujos de escenas de la vida cotidiana en los campos, retratos, caricaturas, ilustraciones, cartas postales, etc. Las esculturas de formas y técnicas de expresión que recuerdan el Art Brut, realizadas en materiales rudimentarios como jabón, la madera de restos de naufragios y toda clase de objetos de desecho, como latas de conserva, cartones, conchas y el mismo hierro de las alambradas. Confeccionaron también obras de ebanistería, maquetas de aviones o navíos de guerra. Todo un tesoro de arte popular ingenuo, imaginativo y espontáneo, debido tanto a artistas espontáneos como a creadores profesionales.Pero también se produjeron algunas exposiciones en el exterior como la del 6 de mayo en Perpiñán en la Galerie Vivante que presentó obras de Fernando Callico (apodado el hijo de Ingres o el Holbein de nuestros tiempos) y Antoni Clavé. El Museo del Trabajo de Montpellier acogió del 8 al 15 de julio de 1939 treinta obras de jóvenes pintores catalanes: Roser Bru, Jaume Piques y Alexandre Cirici.La mayor parte de las obras realizadas para estas exposiciones tenían un marcado carácter naturalista, descriptivo y casi de documento, pues reflejan y dejan constancia de las circunstancias que marcaron la llegada a los campos, el éxodo, la vida cotidiana, los sentimientos de desolación, angustia, tristeza, de esos primeros meses de exilio.El interés de los exiliados por garantizar y mantener la supervivencia de una identidad cultural se puso de manifiesto en este tipo de actividades artísticas y otras culturales que también se crean desde principios de 1939 dentro de los campos. Los docentes, los estudiantes y los artistas que van a parar a estos campos al lado de decenas de miles de soldados del ejército republicano emprenden una amplia labor de educación y difusión de la cultura. Dicha actividad se concibió, en su espíritu como en su forma, como una prolongación directa de la efervescencia cultural y editorial que conoció la España de la Segunda República. En estos boletines dactilografiados o, lo más a menudo manuscritos, editados en unos pocos ejemplares en los campos de Argelès, Gurs, Saint-Cyprien, o Morand en Argelia, prevalece la preocupación por la cultura. Se trata de estructura r la actividad cultural que se lleva en los campos: alfabetización, enseñanza primaria, clases de lengua y clases de perfeccionamiento en varias asignaturas, educación física, actividades que se suceden en los campos a un ritmo impresionante, atrayendo a cientos de alumnos.Todas estas iniciativas demuestran que la comunidad de españoles intentó aun en las peores condiciones posibles, establecer una continuidad cultural, preservando y conservando sus propias tradiciones y el legado ideológico. Las colecciones de dibujos y pinturas realizados en los campos de concentración y en los batallones de trabajo recogen experiencias personales y constituyen un diario de los primeros años de la vida en el exilio republicano español en Francia.
Los nombres de aquellos artistas que dejaron constancia de su paso por los campos son muchos pero se pueden destacar los de Aurelio Arteta, Enric Climent, Antoni Clavé, Antonio Rodríguez Luna, Marco Chillet, Álvaro de Orriols, Jesús Martí, José Fabregas, Nicomedes Gómez, Francesc Miró, Nemesio Raposo, Gerardo Lizárraga, Helios Gómez, Manolo Valiente, Josep Franch-Clapers, Josep Bartolí, Marcel·lí Porta, etc. Toulouse Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta los años sesenta (1945-1960) Como consecuencia del fin de la Segunda Guerra Mundial y de la liberación de Francia, se produjo la apertura de los campos y la dispersión de todos aquellos republicanos españoles que aún permanecían en los mismos. En general muchos de estos proletarios españoles, mano de obra poco especializada y de cultura autodidacta, permaneció en la zona de Toulouse, sin ir mucho más lejos y sobreviviendo cerca de España.La vida cotidiana en estos primeros momentos fue muy dura para los exiliados, fueron épocas de carestía y mucho trabajo, de desarraigo y de necesidad. Los diferentes grupos políticos intentaban reorganizarse y proponer actividades encaminadas a la acción política y cultural. Especialmente activo fue el grupo de los anarquistas, que como ningún otro, mantuvo una actividad inusitada y sin parangón con respecto a los grupos de exiliados. En el terreno artístico es preciso señalar la organización de tres exposiciones fundamentales para comprender la importancia y el número de artistas exiliados que se asentaron definitivamente en la ciudad de Toulouse y sus alrededores.La primera exposición titulada El arte español en el exilio celebrada en 1947 en la Cámara de Comercio de Toulouse y organizada por la CNT, SIA (Solidaridad Internacional Antifascista) y MLE (Movimiento Libertario Español), recogía obras de gran calidad, entre las que destacaban las de Pablo Picasso, Juan Gris, Francisco Bores, Honorio García Condoy, Óscar Domínguez, Celso Lágar, Palmeiro, Joaquín Peinado, Ginés Parra, Antoni Clavé, etc. y de los asentados en Toulouse: Antonio Alos, Hilario Brugarolas, Call, Camps-Vicens, Francisco Forcadell-Prat. El cartel anunciador de la muestra fue obra de un gran dibujante cenetista llamado Argüello, que colaboró habitualmente en actividades de este tipo. Sorprende observar la nómina de artistas que integraron aquella exposición celebrada en Toulouse en tan tempranas fechas después de la Segunda Guerra Mundial, evidencia una importante labor de organización y la pretensión de demostrar la importancia y la calidad de los creadores españoles exiliados en Francia. Sus obras participan de las corrientes de vanguardia aún vigentes, el cubismo y el surrealismo además de otros lenguajes tendentes a la expresividad personal. Esta exposición tuvo un segundo recorrido en París en la Galería La Boètie, allí la prensa parisina se hizo eco de la muestra, así como los canales propios de la cultura exiliada española que dejaron constancia del esfuerzo organizativo de la misma, así como del carácter ecléctico de las más de las doscientas obras que lo componían, sin dejar de resaltar el profundo hilo conductor que unía a todos ellos, su condición de españoles y exiliados. La segunda exposición Artistas españoles en exilio se celebró también en la Cámara de Comercio de Toulouse en el año 1952, organizada por Puig Elías y Federica Montseny, y que estuvo abierta a todas las tendencias artísticas y políticas. Los datos imprecisos que poseemos sobre esta muestra hablan de la participación de Picasso con una naturaleza mu**ta al estilo cubista tardío, además de una importante nómina de artistas instalados en la región que no habían tomado partido por París y otros países latinoamericanos. La tercera exposición de artistas españoles se celebró en el Palacio de Bellas Artes de Toulouse entre el 24 de junio y el 3 de julio de 1958, organizada por Teófilo Navarro. En esta ocasión el cartel anunciador y el diseño de la portada del catálogo se encargó Camps-Vicens.La participación fue muy amplia: de París mandaron obras Blasco Ferrer, Companys, Lamolla, Romero, Tusquella; de Toulouse y la región sur participaron Antonio Alos, José Alejos, Almerich, Brugarolas, Camps-Vicens, Call, Costa-Tella, Espanyol, Forcadell, A. Ferrán, N. Ferrán, Izquierdo-Carvajal, R. Medina, Carlos Pradal, Josep Suau, Zurita, Bajen, Farret, Santolaya, José Vargas y Valiente.Los artistas participantes asentados en la ciudad de Toulouse se encontraban mayormente situados ideológicamente en la órbita de la CNT a excepción de Izquierdo-Carvajal —51→ y Suau que pertenecían al partido comunista. Especialmente activos dentro del movimiento libertario fueron Camps-Vicens, Forcadell o Zurita, que prestaron su creatividad en todo tipo de manifestaciones culturales llevadas a cabo por el movimiento cenetista.Hay que destacar igualmente a dos importantes dibujantes de la CNT, cuya presencia en la prensa libertaria fue constante durante dos décadas: Call y Argüello. Sus dibujos e ilustraciones satíricas se reproducían en programas, carteles y periódicos libertarios como CNT de Toulouse, el suplemento especial Espoir, semanarios como Ruta o Nueva Senda, revistas culturales como Cénit o en los calendarios de la SIA, que presentaban partes escritas y partes ilustradas con imágenes, a veces sobre un tema común.Las actividades culturales y artísticas de la CNT en Toulouse fueron tempranas y diversas. En 1953 en Bagnères de Bigorre, hicieron un concurso de dibujos, caricaturas y carteles. Entre 1954 y 1955 organizaron también una exposición de artes y artesanía y un concurso de fotos. En las concentraciones que el movimiento realizaba en la colonia libertaria de Aymare (Lot), organizaron exposiciones de «diarios murales» es decir, textos e ilustraciones. Los espectáculos representaron otro aspecto visual de la cultura de los exiliados. Las dos compañías de teatro libertarias (Iberia y Juvenil) contaron con los artistas cenetistas para la preparación de los decorados y escenarios. Dentro de la diversidad ideológica y social del exilio, estructurado en numerosas organizaciones políticas, podemos decir que durante los años de la inmediata posguerra será la comunidad libertaria la que ejerció un papel más destacado, convirtiéndose en un elemento esencial para la conservación de la identidad española, con iniciativas tan relevantes como las que hemos destacado en el mundo de las artes plásticas y sin duda en otros microcosmos culturales que no tuvieron parangón por entonces en los otros grupos del exilio. Muchos de los protagonistas de aquellas exposiciones seguirán presentes en las siguientes décadas, otros nombres ausentes en aquellas muestras libertarias, pero que también pertenecen a ese exilio compartido, aparecerán en las exposiciones posteriores colectivas, y todos ellos formarán el Colectivo de artistas plásticos exiliados en Toulouse, inexistente como grupo organizado, pero con lazos poderosos de unión que justifican esta denominación.