Templarios Del Mundo

Templarios Del Mundo TEMPLARIOS DEL MUNDO es una ONG dedicada a la ayuda a los más desfavorecidos. Somos una asociación de voluntariado, apolítica, católica y no lucrativa.

Querido Hermano Templario, considera cómo el Salvador del mundo, tras desgarrar la muerte y alzarse impasible y glorioso...
03/09/2026

Querido Hermano Templario, considera cómo el Salvador del mundo, tras desgarrar la muerte y alzarse impasible y glorioso, pisó esta tierra cuarenta días más. Días de fuego en los que se entregó a los Apóstoles, esculpiendo a golpe de pruebas innegables la verdad de su resurrección, abrasando sus corazones con el verbo encendido del reino de Dios.

Porque si cada palabra que brotó de sus labios en su vida mortal fue brújula hacia la gloria, cuánto más ardientes y definitivos habrían de ser sus acentos tras la victoria sobre el sepulcro. Ya se desprendía de su presencia corporal y ellos, por fin, ensanchaban el alma para beber la sabiduría de las alturas. Les abrió el arcano de su Iglesia, ese reino donde Él impera como Rey soberano, gobernando por fuera con ministros y por dentro derramando gracias que incendian el alma, la santifican y la arrastran incontenible hacia la bienaventuranza eterna.

Saturados de esa doctrina celestial y sellados a fuego en la fe de su resurrección, el divino Maestro alzó el vuelo hacia los cielos. Entró en la ciudad imperial como el más noble y augusto de los triunfadores, coronado por el botín de su propia sangre, guiando a aquel ejército de almas rescatadas porque así lo exigía su gloria y lo reclamaba nuestra salvación.

Era de justicia que aquel que se abajó hasta el fango, llegando a clamar yo soy gusano y no hombre, fuese ensalzado no sólo sobre la humanidad entera, sino por encima de las legiones angélicas, sentado a la diestra del Padre en majestad infinita.

Urgitaba a su infinita bondad arrancarnos la venda y mostrarnos que su reino no es de barro, que desprecia los oropeles efímeros de este mundo para reinar en lo eterno. Aquí no pesa el oro, ni los títulos, ni el aplauso fatuo; en los surcos de nuestra Hermandad no hay rangos que valgan, pues todos somos iguales ante el altar del sacrificio, donde la única jerarquía se escribe con la sangre del amor a Dios, la entrega al prójimo y la espada desnuda en defensa de nuestra fe y de nuestra Santa Madre Iglesia.

Su ascensión fue el grito desgarrador que nos recuerda nuestra verdadera patria: este mundo no es hogar, es mazmorra y destierro. Nuestra carne camina por el polvo, pero el alma, pura y anhelante, debe volar incesantemente hacia donde mora nuestro único Bien, allá en los cielos.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, considera cómo Dios, Trino y Uno, esculpió al hombre con el fuego de su propia imagen y semej...
02/09/2026

Querido Hermano Templario, considera cómo Dios, Trino y Uno, esculpió al hombre con el fuego de su propia imagen y semejanza. Le insufló un alma donde arde esa esencia divina, un reflejo absoluto de su supremo intelecto y de sus perfecciones más sagradas. Seis son las grandezas; hoy nos consumiremos en las tres primeras:

La primera llama de nuestra alma es que, al igual que Dios es espíritu puro, invisible a la carne, indivisible, omnipresente, sosteniendo la vida y el pulso del universo, nuestra alma es también espíritu invisible que habita el templo del cuerpo. Entero está en los ojos, en las manos, en cada rincón de nuestra carne, sosteniendo su movimiento. ¡Sin este aliento, la carne se desmorona y vuelve al polvo! ¡Es imperativo que este espíritu, con cada fibra de nuestro ser, se convierta en fuego vivo para bendecir y glorificar al Creador!

La segunda cumbre es su inmortalidad. Tal como Dios permanece eterno e independiente aunque el mundo perezca, nuestra alma desafía la muerte. Cuando este frágil envoltorio corporal se desvanece en la tierra que lo vio nacer, el espíritu no muere; se eleva inquebrantable hacia Dios para recibir la justicia de sus merecimientos.

La tercera y más alta cumbre revela que nuestra alma, siendo una, encierra el misterio trinitario en tres potencias sagradas: el entendimiento que cruza los cielos y la tierra, la memoria que resucita el pasado haciéndolo presente, y la voluntad que arde amando u aborreciendo. Así como el Padre engendra al Verbo por el conocimiento y el Espíritu Santo brota del amor mutuo, nuestra alma, al contemplar a Dios, engendra un concepto santo y enciende un amor puro que la diviniza.

¡Aquí reside el corazón de nuestra grandeza, como bien proclamaba Santo Tomás!
Hermano, vive combatiendo sin tregua cada segundo por abrazar esa semejanza divina. ¡Qué absurdo, qué doloroso es que, habiendo sido forjados a fuego por un Padre tan benignísimo, elijamos arrastrarnos lejos de su luz!
FTAT. NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, considera cómo arde el alma al contemplar el ejemplo de amor extremo que Jesucristo nos entre...
01/09/2026

Querido Hermano Templario, considera cómo arde el alma al contemplar el ejemplo de amor extremo que Jesucristo nos entrega desde el silencio sagrado de la Eucaristía. Él mismo confió a santa Teresa que las almas abrazadas por el fuego de la tribulación son las más amadas por su Eterno Padre; por ello la Santa repetía con el alma encendida: "El padecer por amor de Dios es el camino de la virtud. Así, pues, parezca más quien tenga más fortaleza para padecer, seguro de que será más dichoso; y nunca adelantará mucho quien a esto no se resuelve." San Ignacio de Loyola proclamaba con certeza celestial: "Si Dios te hace padecer mucho, es señal de que tiene grandes designios sobre ti, y de que seguramente quiere salvarte. Y si deseas hacerte gran santo, pídele que te dé mucho que padecer; porque no hay leño más a propósito para producir en nosotros el fuego del Divino Amor que el leño de la Santa Cruz."

Nos enseña san Pablo que para alcanzar la vida eterna es necesario que nuestra alma sangre y resplandezca conforme a las huellas de Jesucristo. ¿Y cuál fue el destino de nuestro Redentor sobre la tierra? La fría gruta de Belén lo vio nacer entre pajas; el destierro y el polvo de los caminos de Egipto lo acogieron errante; el taller oscuro de Nazaret lo vio crecer pobre, oculto y olvidado; los polvorientos caminos de Judea, Galilea y Samaria lo contemplaron bañado en sudor y desfallecido de fatiga; su corazón se desmayó en Getsemaní, anegado en un océano de tristezas indecibles; en el Pretorio su cuerpo bendito se desangró bajo la furia de una flagelación inhumana; y en la cumbre del Calvario agonizó y exhaló su último aliento clavado en un madero. ¿Cómo, dime, nos atreveríamos a pretender agradar a Dios y alcanzar la gloria caminando sobre un sendero de rosas, mientras nuestro divino Capitán marchó hasta la cruz por una vía empapada de espinas y sangre?

Hermano Templario, revístete de valor y mantente firme para sufrir con orgullo por la defensa de tu fe y de la cristiandad entera, para lanzarte al combate espiritual con la fiereza y la nobleza de los elegidos, defendiendo hasta el último aliento los valores sagrados que nuestro divino modelo grabó a fuego en nuestras almas. Prepárate para el sacrificio supremo, si así lo exige la hora, para custodiar la dignidad del hombre por puro amor a Dios y al prójimo, demostrando al mundo que eres un legítimo Hijo del Altísimo, un Templario indomable. Ninguna sombra de temor puede doblegar a quien sabe que la gloria eterna de Dios aguarda al final de la batalla; dichosos los llamados a su banquete sagrado, porque en su morada contemplarán la luz sin fin. FTAT.NNDNN 🌹❤🌹

Queridos Hermanos Templarios, detengámonos a temblar ante la gravedad de estas palabras, porque no son una advertencia l...
30/08/2026

Queridos Hermanos Templarios, detengámonos a temblar ante la gravedad de estas palabras, porque no son una advertencia liviana, sino el filo de una espada que examina lo más hondo de nuestra alma. Cuidemos el templo vivo que Dios ha levantado en cada uno de nosotros, ese santuario donde no puede habitar la discordia. Cuando el veneno de la ira asoma a nuestros labios y el orgullo busca herir al compañero de milicia, no solo estamos quebrantando la paz de la Orden, sino encendiendo un fuego destructor ante el mismo trono de la Santísima Trinidad.

Recordemos nuestro juramento sagrado, aquel que sepultó al hombre viejo bajo la túnica blanca y el manto rojo de la caridad y la entrega. Cada ofensa lanzada contra un hermano es una herida abierta en nuestro propio cuerpo, una traición al santo propósito que nos unió bajo la Cruz del Temple. Purifiquemos el corazón antes de que el sol se ponga sobre nuestro enojo, guardemos la lengua del desprecio y seamos fieles al mandato del amor fraterno, para que nuestra espada jamás se vuelva contra aquellos con quienes estamos llamados a compartir la misma trinchera y la misma gloria eterna.

Quien ose pisotear estos sagrados designios y siembre la cizaña del odio entre aquellos que visten su misma cruz, ya ha firmado su propia caída; pues el brazo de Dios no tardará en quebrantar su soberbia, arrojándolo a las tinieblas donde su propia dureza de corazón se convertirá en su condena eterna.

«El que se airá contra su hermano es reo de juicio; el que á la ira añade alguna palabra de afrenta, es reo de Concilio, el que le infiere una grave injuria, llamándole fatuo ó impío, es reo del fuego del infierno.»

En el mismo instante en que se encienda la ira en tu corazón, en el tribunal de la Santísima Trinidad se empezará á tratar de la venganza contra ti.
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹

Querido Hermano Templario, contempla en lo más hondo de tu alma la grandeza de la voluntad de Dios que imploramos cada d...
29/08/2026

Querido Hermano Templario, contempla en lo más hondo de tu alma la grandeza de la voluntad de Dios que imploramos cada día: esa fuerza abrasadora y perfecta que nos llega esculpida en los mandamientos de la ley, en el fuego vivo de los consejos del evangelio y en los susurros inefables del Espíritu Santo que incendian el corazón.

Mide el abismo de nuestra vocación y grita con el alma destrozada de amor ante nuestro Señor: ¡no quiero, Señor, los apetitos ciegos de mi propia voluntad, que son la ruina de mi barro; ni las rebeldías de la carne, que declaran la guerra al espíritu; ni las seducciones oscuras del demonio, que son la mentira misma; ni los vanos espejismos del mundo, que se deshacen en ceniza! que sea hecha solo tu voluntad, porque en ella habita la luz inagotable, la justicia pura y la medida de toda santidad. ¡dulce Jesús, que descendiste de los Cielos no para buscar tu propio querer, sino para entregar el alma al Padre! sácame de mis miserias con tu gracia, hazme temblar ante mi soberbia y concédeme el don sagrado de anular, arrancar y crucificar mi voluntad cada instante para someterla por entero a la tuya.

Penetra en el misterio de cómo debe cumplirse este mandato, grabado a fuego en el clamor: así en la tierra como en el cielo, imitando el temblor reverente y la fidelidad ciega con que las milicias angélicas y los espíritus bienaventurados la ejecutan en las alturas; es decir: primero, con integridad absoluta, sin negociar ni la brizna más diminuta de la ley divina. Segundo, con una intención tan transparente y pura que arda únicamente para agradar a los ojos de Dios. Tercero, con la prontitud del rayo y la puntualidad inquebrantable, sin arrastrar los pies ni vacilar ante la cruz. Cuarto, con la fortaleza de una roca batida por las olas y la perseverancia invicta hasta el último suspiro, como corresponde a un caballero de la milicia del templo. Quinto, por puro amor, envueltos en una llama fervorosa, continua e intensa, saboreando el gozo inefable de cumplir lo que el Altísimo nos manda.

Hermanos, clamemos juntos al Padre para que su gracia nos levante, nos quiebre y nos transforme, permitiéndonos servir a su divina voluntad con toda la perfección y la entrega que exige esta noble causa, no sea que por cobardía nos quedemos a mitad del camino de aquello que nuestro Señor nos pide con tanta gloria.
FTAT.NNDNN 🌹♥️🌹

Querido Hermano Templario, considera que reflexionar sobre la inmensidad divina es asomarse a un abismo de luz que desbo...
28/08/2026

Querido Hermano Templario, considera que reflexionar sobre la inmensidad divina es asomarse a un abismo de luz que desborda cualquier medida humana. Contemplar el universo, las estrellas y el aliento de la vida nos recuerda nuestra infinita pequeñez. Sin embargo, en medio de esa desproporción cósmica, el Creador nos mira con un amor que no exige perfección sino entrega. No somos meros espectadores en este vasto teatro de la existencia, ni simples criaturas abandonadas a nuestra suerte. Se nos ha concedido el don incalculable de ser sus hijos, herederos de una gracia que no merecemos pero que se nos regala.

Pero Hermano, la llamada va más allá de la filiación pacífica; se nos confiere también el honor riguroso de ser sus soldados. Servir al Altísimo en calidad de milicia espiritual implica asumir una armadura invisible forjada de fe, justicia y verdad. Cada prueba superada, cada tentación vencida y cada acto de bondad en la penumbra es una batalla librada en su nombre. En esta lucha cotidiana no combatimos contra carne ni sangre, sino contra las sombras que intentan oscurecer el mundo. Ser soldado de Dios significa mantener la guardia en alto cuando el desaliento susurra que el esfuerzo es estéril. Es una dignidad altísima que nos eleva por encima de nuestras propias miserias y nos dota de un propósito eterno. Demostrarle a Dios que somos dignos de su confianza no es buscar la vanagloria, sino pulir el alma hasta que refleje su brillo.

Cada elección recta, cada lágrima ofrecida con paciencia y cada paso hacia el bien es una prueba de amor puro. La dignidad ante los ojos del Creador se conquista en los detalles silenciosos, donde nadie más aplaude ni observa. Allí, en la trinchera íntima de la conciencia, es donde demostramos de qué pasta espiritual estamos hechos. No se trata de un orgullo terrenal, sino de la profunda humildad de saberse útil en los planes del Supremo. ¡Qué privilegio tan inmenso formar parte de sus filas y marchar bajo la bandera invisible de su providencia! La vida se convierte entonces en un campo de entrenamiento donde el espíritu se fortalece para la eternidad. Cada tropiezo es una lección de humildad y cada levantamiento, un testimonio renovado de lealtad hacia Él.

Aspirar a la gloria eterna no es un derecho adquirido, sino la recompensa natural de una fidelidad probada en el fuego. El Cielo no se abre para los indiferentes, sino para aquellos que pelearon la buena batalla con el corazón encendido. Al final del camino, cuando depongamos las armas de este mundo pasajero, escucharemos su voz reconociendo nuestra entrega. Entonces comprenderemos que cada sufrimiento terrenal valió la pena por el solo hecho de haberle servido con lealtad. La grandeza de Dios no disminuye nuestra estatura, sino que la agiganta al hacernos partícipes de su obra redentora.

Caminemos, pues, con la frente en alto y el alma dispuesta, sabiendo que somos soldados del Rey de Reyes. Que nuestra mayor ambición sea honrarlo en cada suspiro y demostrar con hechos que somos dignos de su amor. Porque servirle no es una carga pesada, sino el honor más sublime que un ser humano puede recibir en su corta existencia. Que la luz de su presencia nos guíe siempre y que nuestra marcha hacia su gloria sea firme, constante y fiel. Que cada amanecer sea una nueva oportunidad para empuñar con valentía las virtudes que Él nos legó. Porque en la milicia del Altísimo, la victoria final ya está escrita para quienes perseveran hasta el final. Que nuestra fe sea el escudo que desvíe las dudas y nuestro compromiso, la espada que venza el desamor. Saberse amado por el Creador es el motor que enciende el valor necesario para cruzar cualquier tormenta. Vivamos cada segundo de nuestra existencia con la certeza de que estamos llamados a reinar en su gloria eterna.
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹

Querido Hermano Templario, contempla hoy el abismo de nuestra trágica caída, el peso aplastante de una pureza que dejamo...
27/08/2026

Querido Hermano Templario, contempla hoy el abismo de nuestra trágica caída, el peso aplastante de una pureza que dejamos morir entre las sombras de nuestras propias pasiones. Si la inocencia primigenia hubiera permanecido intacta en el altar de nuestras almas, jamás habríamos pisado este calvario de espinas y sangre. Pero la perdimos, la desgarramos con el filo de un libre albedrío corrompido, y ahora la penitencia ya no es una opción piadosa, sino un grito de supervivencia eterna. Es tan implacable, tan absoluta, que una sola sombra de pecado mortal, si no es lavada en las lágrimas del arrebato y la contrición, condenará nuestra alma al fuego inextinguible, arrancándonos para siempre del abrazo de Dios y de su gloria incorruptible.

Ese eco sangrante resuena con furia a través de los siglos.

La Sagrada Escritura ruge esta verdad en cada versículo, clamando entre maderos, lágrimas de fuego, ayunos implacables y una total anulación del ego. Es el lenguaje sagrado de los profetas y de los mártires, la voz misma del Altísimo exigiendo justicia. "Haced penitencia", nos advierte el Señor con la urgencia del juicio final, "porque si no la hacéis, pereceréis sin remedio". ¿Sientes cómo ese eco estremece hasta los cimientos de tu espíritu?

Tras los apóstoles, el trueno de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia levantó la misma espada de fuego. "El pecador", proclamaron con severidad inquebrantable, "es un hombre nacido para la penitencia". ¿Acaso tu vanidad cree que la justicia de Dios puede ser burlada? No. Su castigo es una tormenta ineludible. O pagamos la deuda con el sudor de nuestra penitencia, o la pagaremos con el suplicio eterno de su venganza. No hay un tercer camino, no hay refugio intermedio.

Y si el alma aún duda, que la lógica implacable de la fe sacuda tus huesos hasta despertarte. ¿Cómo osas suplicar la gracia de un Dios cuya santidad devora el pecado, de un Dios incapaz de tolerar la iniquidad? ¿Anhelas su perdón mientras te niegas a saciar su justicia con tu propia expiación? ¡Qué locura demoníaca, qué ceguera mortal! Su infinita justicia jamás absolverá a un alma que se obstina en abrazar su culpa sin arrepentimiento.

Recuerda, Hermano en la cruz, que las puertas del cielo solo se abren ante dos rutas, y ni una más.

El camino que no es recorrido por la túnica blanca de la inocencia, debe ser cruzado a sangre y fuego sobre el dolor de la penitencia. No hay otra salida, no hay otra clemencia, no hay otra esperanza.
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹

Querido Hermano Templario, contempla cómo el amor de Dios no es una corona para el impasible, sino un fuego abrasador qu...
25/08/2026

Querido Hermano Templario, contempla cómo el amor de Dios no es una corona para el impasible, sino un fuego abrasador que arde en las entrañas de los audaces. Él no reclama la fría perfección de los irreprochables, sino el grito desesperado de quien se sabe mortal y perdido en la tormenta. Su gracia no es un trofeo distante, es un torrente inagotable que arrasa con todo para inundar a quienes tienen la osadía de arriesgarlo todo por Él, a los que se entregan sin red de salvación, a los que se precipitan sin vacilar en el combate sagrado de la fe.

¿Qué importa el pasado o el barro cuando el alma se quiebra ante Su presencia? A Dios le conmueve la rendición absoluta, el hambre insaciable de buscar refugio únicamente en Sus brazos, de latir solo para Su gloria. Él se postra ante la sinceridad descarnada de quienes reconocen su propio polvo, pero poseen la osadía infinita de sentirse amados hasta el delirio y de esperarlo todo de Sus manos con un gozo que desborda el pecho.

Él arde por aquellos que, sintiéndose nada, se atreven a creer que en Sus manos se despliegan los milagros. Esa es la pobreza que estremece el cielo: estar dispuestos a ser zarandeados, quemados y transformados por el vendaval de Su amor.

¡Qué tragedia, Hermano Templario, mendigar una cercanía tibia con el Dios que nos convoca mientras nos aferramos al triste orgullo de creernos necesarios! Cumplimos con rutinas vacías, pero si de verdad supiéramos quién nos habita, nuestras almas estallarían en un entusiasmo indomable.

La oración no es un protocolo, es el campo de batalla donde se decide el destino del espíritu. Es en ese abandono feroz y silencioso donde todo cobra sentido. Cada obra en el mundo no es más que el eco de lo que Dios encendió en el silencio de la intimidad.

Su amor no nos pide solo actos extraordinarios; nos arrastra a ser una creación salvaje, libre y luminosa, muy lejos de los límites mezquinos con los que nos encadenamos.

Hermano Templario, solo Él sabe la tempestad de gracia que aguarda desatarse a través de nosotros. Cuando nos despreciamos, mutilamos Sus sueños y apagamos la esperanza que Él sembró en nuestra fragilidad. No hay otro camino: entregarse, quemarse y creer sin medida.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, contempla cómo el mayor abismo que frena nuestra oración es la cobardía, esa falta de fe trem...
24/08/2026

Querido Hermano Templario, contempla cómo el mayor abismo que frena nuestra oración es la cobardía, esa falta de fe tremebunda en el papel sagrado que nos quema las manos como Milicia del Verbo. Demasiados se resignan a las sombras, a ser meros espectadores que murmuran un "amén" cobarde, aceptando que todo está perdido y que luchar es vano. ¡Despierta! ¡Vosotros sois nación santa! No somos sombras, somos templos ardientes del Dios vivo.

La fe no es un concepto frío; es saber que Dios me ama a mí, con fuego y desesperación. Si desafinas en el concierto de su amor, le arrancas una nota a su alegría misma. ¿Cómo podemos vivir con esta sed abrasadora y seguir negándolo? "Y hemos conocido y creído la caridad." Él nos amó primero. No lo elegimos nosotros en nuestra ceguera; Él nos arrancó de la nada. Nuestro amor propio es apenas un eco débil, marchito y tembloroso ante el incendio que Él siente por cada uno de nosotros.

Basta ya de vaguedades sobre un amor abstracto a la humanidad. Eso no duele, eso no exige. Se trata de creer que este amor es un filo vivo, un abrazo concreto que atraviesa tu vida hasta en el detalle más insignificante. Ni un solo cabello cae sin que Él lo sepa; ni una sola ilusión, ninguna fidelidad secreta, ningún entusiasmo o amargura pasa desapercibido ante su mirada abrasadora. Hermano, Dios te ama a ti. Te busca con celo, le eres indispensable; tu alegría es su júbilo, tu indiferencia clava espinas en su alma y tu amargura le lacera. Está ahí, en vela eterna, esperándote.

Sin esta certeza absoluta, nuestro camino es una farsa. La repugnancia que sentimos a creerlo es nuestra propia miseria rebelándose. Los santos son los titanes que se atrevieron a clamar: "Yo conocí el amor que Dios sentía por mí y he creído".

Ahí radica el abismo entre ellos y nosotros, frente a nuestra espantosa incapacidad para entregarnos y esa resistencia salvaje que nos paraliza contra su gracia. No caigas en el error de creer que la humildad de los santos es un cuento de hadas piadoso. Cuando ellos se reconocen viles, no hacen otra cosa que constatar una verdad con rigor absoluto y despiadado. Penétrenos esta verdad hasta los huesos: estamos en sus manos. Esta es la primera y urgente exigencia de fe, esperanza y caridad que tantas veces le negamos, testarudos, hasta el último suspiro.
FTAT . NNDNN 🌹❤🌹

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