04/06/2026
Querido Hermano Templario, considera la grandeza absoluta de tu ser: posees un alma espiritual e inmortal, esculpida a imagen y semejanza de Dios. Un alma que vibra, que entiende, que ama con una sed infinita que solo Dios puede saciar. Tu alma, Hermano, es un suspiro directo del corazón de Dios; por eso, únicamente en el seno ardiente de su amor hallarás descanso, vida y felicidad verdadera.
Entrégale a tu alma cuanto codicies en esta tierra... Pon a sus pies todos los reinos del mundo, sus pompas, sus riquezas y sus glorias más deslumbrantes... Si no le entregas, por encima de todo, a Dios mismo, nada de esto le bastará. Tu alma gemirá inquieta, desasosegada y profundamente infeliz.
«Nos has hecho, Señor, para Ti», clamaba con el alma herida de amor el gran San Agustín, «y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti».
Fuera de Dios, todo cansa, todo fatiga, todo se vuelve un tormento insoportable. No existe descanso terrenal que no termine por agotar, porque vive huérfano del verdadero reposo. No hay más que un solo Dios, una sola alma, una eternidad, una vida y una muerte de la que pende, por entero, nuestra felicidad eterna. ¡Solo Dios basta! ¡Dios solo basta! ¡Solamente Dios basta! Quien a Dios tiene, lo tiene todo; y quien a Dios no tiene, aunque posea el universo entero, lo ha perdido todo, porque solo Dios basta.
Mide bien, Hermano, el valor infinito de tu alma, y dale el honor y la honra que merece su linaje divino. Has sido comprado a un precio de sangre, no con el oro vil ni la plata perecedera de este mundo, sino con la preciosa Sangre del Cordero sin mancha. ¿Vas a vender tu alma inmortal al mundo o a Satanás por un miserable plato de lentejas, por un puñado de cebada, por un mendrugo de pan o por un interés pasajero que el viento se lleva? ¡Por pura vanidad! Contempla el altar de la Cruz: tu alma le ha costado a Dios el precio infinito de su propia Sangre. Si tanto vale, Templario, ¡no la entregues a tan vil precio!
Templario, nuestra alma le pertenece a Jesús por derecho natural, le pertenece por derecho de conquista, le pertenece por derecho de compra y, sobre todo, le pertenece por nuestra libérrima elección, sellada con nuestro juramento y compromiso sagrado. ¡Sea, pues, nuestra alma de Jesús para siempre y en todas las cosas! En la vida, en la muerte y por los siglos de los siglos... Puesto que solo Dios basta.
FTAT.NNDNN 🌹♥️🌹