29/08/2026
Acaban nuestros días grandes y queremos compartir una reflexión:
Las fiestas no las hacen los políticos, ni un programa de actos mejor o peor, ni las autoridades que vienen de cuando en cuando y luego se olvidan de dónde estamos. Las fiestas las hace el PUEBLO, porque son del PUEBLO.
Estos días hemos visto a familias reencontrarse, a las calles de Ojós volver a vibrar llenas de niños, a cada vecino con sus mejores galas, hemos visto cómo volvían a abrir todas las casas. Estos días ha habido lágrimas de melancolía, pero también risas y buena comida, es tiempo de juntarse y cantar, ponerse al día y recordar lo que nos hace especiales. Ojós lleno de vida, como nos gustaría verlo todo el año.
Hemos renovado nuestra fe, aprendiendo a ser humildes y a no lastimar al prójimo. Con cada Novena nos hemos llenado de los dones cristianos: paciencia, honestidad, amor, lealtad y caridad. Hemos recordado que no importa quién has sido o de dónde vienes, sino qué quieres hacer y hacia dónde has decidido ir. Que antes de señalar hay que mirarse al espejo.
Es un tiempo de renovación de promesas y de agradecimiento. Ojós es un pueblo abierto, amable, cercano, sencillo y auténtico. Nadie sobra, nadie es más que nadie, y, sobre todo, Ojós no es de nadie. No hay más protagonistas estos días que nuestros santos. No hay vara de mando, posición de poder ni báculo que sea eterno. Todos somos PUEBLO y al PUEBLO volveremos. Todo pasa y todo queda: recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás.
GRACIAS a las personas que sin ocupar un lugar destacado ni cortar cintas sostienen nuestras fiestas, en silencio y con generosidad.
GRACIAS a la Hermandad y a la Peña Cohetera, a quienes reconocemos su magnifica labor de organización e impulso de los actos centrales de las fiestas.
GRACIAS a las mujeres de Ojós, guardianas de la fe y cuidadoras de niños y ancianos. Bajo el ejemplo de Santa Mónica, son ellas quienes nos guían. A pesar del sufrimiento, siempre permanecen.
GRACIAS a nuestros mayores, porque en ellos vive la memoria del pueblo. Porque nos enseñaron las canciones, los rezos, las palabras y las formas de hacer las cosas que hoy sentimos como nuestras.
GRACIAS a quienes viven fuera y vuelven cada año. A quienes recorren kilómetros para abrir de nuevo la casa familiar, reencontrarse con los suyos y recordarnos que uno puede marcharse de Ojós, pero Ojós nunca termina de marcharse de uno.
GRACIAS a los jóvenes y a los niños, porque mientras sigan corriendo por nuestras calles, reuniéndose en nuestras plazas, cantando nuestras canciones y esperando con ilusión estos días, nuestras fiestas tendrán sentido. Su ilusión nos impulsa.
GRACIAS a quienes cocinan, ponen cohetes o flores, preparan una mesa para uno más, sacan una silla a la puerta, acompañan a quien está solo, ayudan en una procesión, ofrecen un vaso de agua o hacen cualquier pequeño gesto que normalmente no sale en las fotografías. Ahí está la verdadera grandeza de un pueblo.
GRACIAS también a quienes ya no están. Estos días han vuelto a ocupar su sitio en muchas mesas, conversaciones y recuerdos. Porque hay ausencias que duelen especialmente cuando llega la fiesta, pero también personas que nunca se van del todo mientras alguien siga pronunciando su nombre.
GRACIAS a quienes trabajan mientras los demás celebramos: sanitarios, Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil, servicios de limpieza y funcionarios del Ayuntamiento. Su presencia discreta, muchas veces invisible hasta que hace falta, permite que podamos disfrutar de estos días con tranquilidad y seguridad.
Y GRACIAS, simplemente, a todo Ojós.
Esta aventura de cuatro años está llegando a su FIN. No sabemos dónde estaremos en 2027, pero sí podemos deciros que en estos cuatro años hemos acompañado SIEMPRE al pueblo desde la oposición: proponiendo, reivindicando, escuchando y tratando de estar donde había un problema, una necesidad o una voz que pedía ser atendida. Con valentía y responsabilidad.
Han sido cuatro años intensos, con aciertos y errores, con momentos difíciles y también con muchas satisfacciones. Cuatro años en los que hemos aprendido que servir a un pueblo no depende del lugar que uno ocupe, sino de la voluntad de estar, de trabajar y de no mirar hacia otro lado.
Porque podemos discutir, equivocarnos, enfadarnos y pensar de manera distinta. Pero hay algo mucho más grande que cualquiera de nosotros y que recibimos prestado de quienes estuvieron antes: un pueblo, una historia y unas tradiciones que tenemos la obligación de cuidar para quienes vengan después.
Que cuando se apaguen las luces, se recojan las calles y vuelva la tranquilidad, no olvidemos lo aprendido estos días: que ningún cargo nos hace mejores, que ninguna diferencia nos hace enemigos y que ningún interés particular puede estar por encima de aquello que pertenece a todos.
Las fiestas terminarán. El pueblo permanece.
A disfrutar de estos últimos días.
¡GRACIAS!