10/08/2026
Hay historias que duelen. Y después está la historia de Laura Cruz.
Laura, guardia civil y madre de tres hijos, llevaba años intentando escapar del control y la violencia de su expareja, Dámaso Fernández.
Se separaron en 2014. Pero la separación no significó el final del sufrimiento.
Según la documentación judicial, Dámaso llegó a presentar 45 denuncias contra Laura, algunas incluso dos y tres en un mismo día, denuncias que fueron archivadas prácticamente en su totalidad y que, según los documentos, tenían como finalidad «perturbar el ánimo» de Laura.
Pero lo verdaderamente estremecedor llegó con la violencia física.
En 2019, delante de sus hijos y de otros cuatro testigos, Laura sufrió una agresión descrita judicialmente como de «violencia extrema».
Los informes médicos recogieron numerosas lesiones: traumatismo en la cara, heridas en el interior del labio, lesión dental, molestias en el oído y la mandíbula, dolor en la espalda y un cuadro de ansiedad.
Por aquella agresión, Dámaso terminó siendo condenado por violencia de género, coacciones y lesiones.
Y todavía hay más.
Laura denunció también que él utilizaba la hipoteca de la vivienda como una forma de violencia económica y de control.
Incluso tuvo que acudir a los tribunales para conseguir que pagara los gastos extraescolares de sus propios hijos.
El 5 de agosto de 2025, exactamente un año antes de su as*****to, Laura volvió a denunciar.
Esta vez habló de violencia psicológica, económica, coacciones y acoso.
Y dejó algo que hoy resulta estremecedor: tenía miedo de Dámaso y temía por ella y por sus hijos.
Pero en diciembre de 2025 se rechazó la reactivación de la pulsera de control porque no se apreciaba una «situación objetiva de riesgo».
Después llegó el 5 de agosto de 2026.
Dámaso quebrantó la orden de alejamiento, entró en el cuartel de Llanes y disparó contra Laura.
La asesinó.
Cuando intentaba escapar, también disparó contra los agentes que acudieron al lugar. Finalmente fue abatido por la Policía.
Laura había denunciado.
Laura había contado que tenía miedo.
Laura había sufrido violencia.
Laura había pedido protección.
Y hoy sus tres hijos están sin madre.
Por eso este caso deja una pregunta que no podemos apartar:
¿Qué tiene que hacer una mujer para que su miedo sea considerado suficientemente real antes de que sea demasiado tarde?
No estamos hablando de una mujer que nunca pidió ayuda.
Estamos hablando de una mujer que avisó.
Y aun así, no llegó a tiempo.
🖤 Laura no puede volver. Pero su historia no debe quedar enterrada con ella.
Que se investigue todo.
Que se revisen todas las decisiones.
Y que se aprendan las lecciones necesarias para que ninguna otra mujer tenga que pedir protección una y otra vez para acabar siendo asesinada.
¿Dónde estuvo el fallo?