14/07/2026
CUANDO LA SALUD CONDICIONA EL APRENDIZAJE: LO QUE UN DIAGNÓSTICO COMUNITARIO EN EL ALTO ENSEÑA A LA COOPERACIÓN IBEROAMERICANA
María Isabel Sejas de Gil
Directora de Fundación Palliri
Una niña que no ve bien puede parecer distraída en clase. Un niño que duerme mal por una afección respiratoria puede llegar cansado. Una dificultad de lenguaje sin seguimiento puede limitar la participación, la socialización y el aprendizaje. Cuando, además, la familia dispone de ingresos variables, acudir a una consulta, pagar el transporte o sostener un tratamiento puede convertirse en una decisión difícil frente a otros gastos igualmente urgentes.
Estas situaciones forman parte de la vida cotidiana de numerosas familias acompañadas por Fundación Palliri en el Distrito 2 de El Alto, Bolivia. También muestran por qué la salud, la nutrición, la educación y los cuidados no deberían abordarse como compartimentos separados.
En 2026, Palliri realizó una lectura agregada de 172 registros sanitarios y 184 fichas sociales válidas de la población vinculada a sus centros. La información fue anonimizada y analizada con una finalidad comunitaria: reconocer patrones de vulnerabilidad y orientar mejor el acompañamiento. No se trata de una encuesta representativa de toda la ciudad ni permite estimar prevalencias clínicas. Su valor reside en mostrar cómo se acumulan y relacionan dificultades que, observadas por separado, pueden parecer menores.
El primer hallazgo es que las necesidades de salud rara vez aparecen aisladas. Los registros recogen situaciones de bajo peso o riesgo nutricional, alimentación insuficiente o poco variada, dificultades de lenguaje y desarrollo, problemas visuales, afecciones respiratorias y otorrinolaringológicas, necesidades odontológicas y otros antecedentes que requieren seguimiento. Lo relevante no es únicamente la diversidad de problemas, sino su efecto conjunto. El hambre, el cansancio, el dolor dental, la dificultad para ver o comunicarse y las ausencias por enfermedad terminan condicionando la experiencia educativa.
El segundo hallazgo es el papel de los centros educativos como espacios de proximidad sociosanitaria. En contextos de desigualdad, una escuela infantil o un centro educativo no solo enseñan. También permiten advertir cambios de conducta, ausencias frecuentes, fatiga, problemas de visión, dificultades de lenguaje, señales de alimentación insuficiente o situaciones familiares que requieren orientación. Los educadores y educadoras no sustituyen a los profesionales sanitarios, pero pueden facilitar una detección temprana, conversar con las familias y activar derivaciones antes de que una dificultad se agrave.
El tercer hallazgo es que tener algún tipo de cobertura sanitaria no equivale necesariamente a recibir atención oportuna y continuada. Las familias deben afrontar desplazamientos, esperas, búsqueda de especialistas, compra de medicamentos y reorganización de horarios. Cuando el trabajo es informal o los ingresos son discontinuos, asistir a una consulta puede significar perder una jornada laboral. El problema sanitario se convierte entonces en un problema económico, y el problema económico puede retrasar la atención.
El cuarto hallazgo es que la capacidad de cuidar depende de la estructura familiar y de las redes disponibles. Las fichas muestran hogares nucleares, extensos, monoparentales y reconstituidos, además de situaciones de separación, duelo o ausencia parental. En muchos casos, las responsabilidades cotidianas recaen especialmente sobre madres, abuelas, tías o hermanas mayores. Por ello, la atención a la infancia no puede separarse del tiempo, la salud, los ingresos y las oportunidades de quienes cuidan.
Esta experiencia territorial dialoga directamente con la reciente Carta Iberoamericana de Cuidados y Apoyos, que propone políticas integrales, corresponsables y adaptadas a las realidades comunitarias. Desde El Alto, el diagnóstico de Palliri permite formular tres aprendizajes para la cooperación iberoamericana.
Primero, financiar intervenciones aisladas no es suficiente. Una revisión nutricional pierde eficacia si no existe seguimiento; una derivación médica puede fracasar si la familia no puede pagar el transporte; una actividad educativa tendrá un impacto limitado si el niño llega con hambre o no ve correctamente. La cooperación debe ayudar a construir rutas integradas entre educación, salud, nutrición, protección y acompañamiento social.
Segundo, es necesario fortalecer a quienes trabajan cerca de las familias. Centros educativos, educadores, promotores comunitarios y organizaciones locales poseen un conocimiento cotidiano que difícilmente aparece en las estadísticas generales. Invertir en su formación, sus instrumentos de registro, su capacidad de detección y sus redes de derivación permite convertir la proximidad en prevención. También exige mejorar la calidad de los datos sin perder el cuidado ético, la anonimización y el respeto a las familias.
Tercero, cuidar a la infancia requiere apoyar a quienes sostienen el cuidado. La corresponsabilidad no puede ser solo un principio general. Debe traducirse en servicios accesibles, espacios seguros para niñas y niños, horarios compatibles, apoyo psicosocial, formación y oportunidades económicas para las personas cuidadoras, especialmente para las mujeres sobre quienes recae una parte desproporcionada del trabajo no remunerado.
La cooperación española que acompaña el trabajo de Fundación Palliri muestra el valor de las alianzas sostenidas entre territorios. Su aportación más relevante no consiste únicamente en trasladar recursos de un lugar a otro, sino en respaldar capacidades locales para observar, comprender y responder a realidades complejas. Esto supone escuchar el conocimiento producido por las organizaciones comunitarias y reconocerlas como actores que analizan, innovan y participan en la definición de las respuestas.
Cuidar, nutrir y educar son dimensiones de una misma política de futuro. Cuando la cooperación reconoce esa interdependencia, deja de intervenir sobre necesidades fragmentadas y comienza a fortalecer las condiciones que permiten que una niña crezca, que un niño aprenda, que una familia cuide y que una comunidad amplíe sus posibilidades de una vida digna.