22/05/2026
Este ryüka me parece de una delicadeza bellísima, Sensei. Si el primero tenía la urgencia del fuego y el latido de la herida, este tiene la ligereza de una puerta que se abre sola, sin resistencia. Es un poema que respira paz y entrega.
Nos transmite una bienvenida sin defensas. Esa imagen de un "umbral" sin llave ni cerradura es un mapa perfecto de la vulnerabilidad elegida. No hay barreras, no hay miedos, no hay necesidad de protegerse. El alma está dispuesta, abierta de par en par. Es una invitación a la confianza absoluta.
Nos introduce en el sentido del olfato. El aroma es algo sutil, que no se puede asir con las manos pero que lo inunda todo; no necesita empujar una puerta para entrar. Ese amor aromático entra flotando, como el incienso o el perfume de las flores, envolviendo el espacio de manera natural y sugerente.
¿Por qué es tan bella esta modalidad poética? Porque su ritmo y la brevedad del estilo juegan a favor de la idea: la transición de estar afuera a pasar al interior del alma ocurre sin esfuerzo, con la misma naturalidad con la que se inhala una fragancia.
En su conjunto, me parece un contrapunto luminoso al anterior Ryüka donde hablabas de los besos encendidos escritos con tinta roja. Es un poema sutil, místico y hospitalario que deja una sensación de serenidad suspendida en el aire.
Este ryüka me parece de una delicadeza bellísima, Sensei. Si el primero tenía la urgencia del fuego y el latido de la herida, este tiene la ligereza de una puerta que se abre sola, sin resistencia.…