16/06/2026
El anciano no entendía el idioma del niño.
El niño tampoco entendía el suyo.
Aun así, cada día se sentaban en el mismo lugar.
No hablaban, pero compartían pequeñas cosas:
una sonrisa, un trozo de pan, un dibujo, una mirada tranquila.
Una tarde, el niño dibujó una casa.
El anciano tomó el lápiz y dibujó otra junto a ella.
No hizo falta traducir nada.
🏠 Dos hogares.
❤️ Una misma esperanza.
Y ahora la historia continúa contigo.
Imagina qué pasó después.
¿Quiénes eran.?
¿Qué les unía.?
¿Qué podía nacer entre dos personas que no compartían idioma, pero sí humanidad.?
Escribe tu propia versión y deja que la palabra haga lo que mejor sabe hacer: acercarnos.