29/03/2026
21 de MARZO ALCALÁ MECO - MODULO 1 - MUJERES
Según Instituciones Penitenciarias, entre el 7% y el 8% de la población reclusa, son mujeres, de las cuales serían madres 8 de cada 10. Tres cárceles a su disposición en todo el estado; el resto de internas no asumibles por insuficiencia de plazas, cumple condena en módulos dentro de prisiones de hombres, (es decir, sólo un 11% estaría interno en centros exclusivos de mujeres), lo que significa todavía mayor desarraigo de su tierra natal y familia, e infracción del criterio de separación interna obligatorio por ley.
Al obviar la condición de género de las personas, la legislación no sólo excluye a las mujeres, sino que las presenta como una desviación de la norma a través de pequeñas alusiones reglamentarias basadas en el parto y en la maternidad.
Todo responde a una lógica que nunca tuvo en cuenta las realidades específicas de las mujeres. Si antes del encierro ya existía una biografía de pobreza, de trabajos invisibles, de violencia de género, de consumo... de autodefensa en definitiva por no sucumbir, con la entrada en esa prisión diseñada por y para hombres, atraviesa un círculo de un pecado mayor, el de ser mujer y, por tanto, la última traición de la cárcel como fábrica de exclusión: el abandono como represalia a su extravío moral. Ofrecemos el testimonio de una carcelera recientemente jubilada:
“Cuando se me acabó el trabajo en la inclusa, cuando todo el escándalo de niños robados se destapó, me vine abajo. No sabía canalizar mi asco hacia esas fornicadoras, y lo pagaba con mi familia. Por recomendación de un vecino guardia civil, me presenté a las pruebas de funcionaria de prisiones. Reconozco que, con algún enchufillo, mi experiencia en el arte del bo***ge, y mi destreza con la mano abierta, conseguí el empleo a la primera.
Entendí que el sufrimiento de aquellas mujeres y mi pan, iban unidos, y que, separar madres de hijos sería uno de mis cometidos, como cuando en la inclusa a los recién nacidos los depositaba en tornos de madera que giraban y alguien los hacía desaparecer al otro lado.
La madre encerrada aprende a medir el tiempo de otra forma, según horarios de visita y kilómetros de distancia, en centímetros de crecimiento en la pared de la celda, o en cumpleaños celebrados al otro lado. La orden del alguacil era tajante: romper vínculos y sabotear cualquier indicio rehabilitador, o de preservar la relación materno-filial, “que la prisión no da nada”, decía. Si las habían condenado, era porque no sabían ser madres.
A raíz de que muchos críos mostraban problemas psicológicos, trastornos de la conducta, retraso al hablar, estrés, enfermedades dentales y de la piel, me enteré por la denuncia de una madre (le acariciamos bien el lomo, por cierto), de que hay una especie de Convención de Derechos del Niño. Desarrolló ese niño, y el de otras cuantas, estereotipias, y se autolesionaban. Las otras carceleras y yo (no nos agrada que nos llamen así, somos psicópatas trabajadoras, y a mucha honra), a veces, nos enternecíamos cuando el crío se golpeaba con la pared, o pateaba y mordía a cualquiera de nosotras.
Por lo que vi, el tercer grado ap***s se implantaba, y menos a las extranjeras, esas que sus familias no residen aquí. Así que, se rechazaba su recurso y se quedaban sin completar la condena en pisos de madres con hijos. Además, las amenazábamos con perder la custodia si se ponían protestonas.
El control de las salidas y el régimen de comunicaciones, y la mayoría de las reivindicaciones más importantes relativas a la alimentación, ni caso. Casi todos los alimentos eran prefabricados, congelados y se solían servir fríos ya que las presas no tienen acceso a frigorífico ni microondas.
Siento que el Estado me debe mucho. Ejecuté sus órdenes, golpeé y amañé diagnósticos, invisibilizé, nadie del exterior podrá decir que no pasé la prueba tras dejar la inclusa”.
Cada una de nosotras comprende que nuestras vidas yacen presas. Jaulas para animales, jaulas para nosotras; niñas buscando al gato encerrado mientras sus guardesas les hurgan la ropa. Cuando la barriga de Inditex se nutre de las pobres manos entumecidas, NUESTROS DESEOS DE DESTRUIR CRECEN Y AVANZAN.
¡ABAJO LOS MUROS! ¡FUEGO A LAS CÁRCELES!
GRUPO PRO-PRESXS EN ACCIÓN
Pza Tirso de Molina,5-2ºizda CNT- AIT
Tfno: 634907971 / Email: [email protected]