21/09/2026
Entrevista en diario médico a Paula Peña, Medicina Física y Rehabilitación en Chad: “Nunca había imaginado una pobreza así”
Profesión Médicos por el mundo (###II)
Paula Peña, Medicina Física y Rehabilitación en Chad: “Nunca había imaginado una pobreza así”
Esta especialista del Hospital Universitario de Fuenlabrada desde 2017 va todos los años a este país africano dentro del proyecto de cooperación ‘EnganCHADos’.
Paula Peña tiene en su calendario unos días señalados en los que pone en grande Chad. Esta especialista en Medicina Física y Rehabilitación en el Hospital Universitario de Fuenlabrada viaja cada año al Hospital Saint Joseph de Bébédjia, en una de las zonas más desfavorecidas del país, donde la falta de recursos, la cultura de pobreza que impera y carencia de salud pública hacen que parezca un mundo totalmente distinto a España. El nombre del proyecto de cooperación en el que participa lo dice todo: ‘EnganCHADos’. Y es que esa atracción de Paula con Chad es un vínculo muy fuerte.
Pera comprender esa cita ineludible de Paula con Chad hay que remontarse a atrás y ver el origen de esa conexión y la causa de mantenerla en el tiempo. “Todo empezó con Alfonso Antequera, un cirujano de nuestro hospital en Fuenlabrada que estaba acostumbrado a hacer mucha cooperación. Entonces, él había estado en varios países de África y un amigo suyo oftalmólogo, que tenía una ONG, le invitó a acompañarle en una misión oftalmológica suya a Saint Joseph de Bébédjia, en Chad”, detalla, mientras que agrega a raíz de aquello nació un proyecto de cooperación que acabó acompañado de un convenio de hermanamiento entre ambos hospitales. “El acuerdo permite que los profesionales seleccionados puedan desplazarse durante cuatro semanas al año manteniendo su salario y facilita, además, la aportación de material para las diferentes misiones”, detalla.
Paula Peña, con uno de sus pacientes en Chad.
Peña reconoce que su especialidad, Medicina Física y Rehabilitación, no es la que suena más en este tipo de proyectos de cooperación, pero la realidad de Chad terminó demostrando lo contrario. Las secuelas neurológicas provocadas por enfermedades como la malaria cerebral o la meningoencefalitis tuberculosa dejan a algunos niños con graves discapacidades. A las limitaciones sanitarias se añaden en estos casos condicionantes sociales y culturales que pueden colocar a estos menores en situaciones de enorme vulnerabilidad.
“Las propias misioneras que estaban a cargo de Pediatría dijeron que necesitaban a alguien de Rehabilitación que les enseñara técnicas de neurorehabilitación para estos niños, para darles una oportunidad”, explica la especialista del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Fue así como realizó su primera estancia en Chad en 2017. Desde entonces ha regresado todos los años durante aproximadamente un mes, salvo durante la pandemia de covid-19. Su última estancia fue el pasado mes febrero.
Zonas rurales muy pobres
El escenario en el que desarrollan su actividad explica la magnitud del desafío. El Hospital Saint Joseph se encuentra en el sur de Chad, relativamente próximo a la frontera con República Centroafricana, en una zona fundamentalmente rural. Paula recuerda que la falta de infraestructuras no se limita a las áreas más alejadas: “Es un país que vive a oscuras, incluso en la capital. No hay luz en la mayor parte del país, no hay acceso a servicios sanitarios mínimos”.
En las zonas rurales, describe, muchas familias viven en chozas de adobe sin electricidad ni agua corriente y preparan un fuego en la calle y no tienen ni puertas ni ventanas. “Es una cosa que yo nunca me había imaginado, una pobreza así”, reconoce.
De dos pruebas básicas a disponer de PCR
La transformación del hospital durante la última década permite comprobar, sin embargo, que la cooperación mantenida en el tiempo puede producir cambios. Cuando comenzó el proyecto, el laboratorio de este hospital en Chad prácticamente se limitaba “a realizar una gota gruesa para diagnosticar malaria y medir la hemoglobina”, remarca Peña. Actualmente el centro cuenta con microbiología, PCR, posibilidad de realizar cultivos, hemograma y bioquímica, además de un banco de sangre. También se ha construido un pabellón para pacientes con tuberculosis y una nueva maternidad, se ha reformado Pediatría y se ha intervenido sobre la instalación fotovoltaica. El laboratorio y Pediatría disponen además de sistemas independientes para intentar garantizar el suministro eléctrico. El cambio también se aprecia en los recursos humanos. Al inicio, recuerda, había una única médico y buena parte de la asistencia recaía sobre profesionales de enfermería. Ahora el hospital dispone de varios médicos y recibe estudiantes de Medicina, Enfermería y matronas.
Las limitaciones, no obstante, continúan siendo enormes. “No tenemos oxígeno”, explica. La ausencia de este recurso impide realizar anestesia general en condiciones convencionales, por lo que determinadas intervenciones se realizan recurriendo a raquianestesia, concentradores de oxígeno y ketamina. El centro cuenta asimismo con un equipo de rayos X y dos ecógrafos portátiles.
Malaria cerebral, tuberculosis y sepsis neonatal
La patología que encuentran los profesionales refleja las condiciones sanitarias del país. En Pediatría, una de las enfermedades más frecuentes es la malaria y, particularmente, sus formas graves con afectación del sistema nervioso. “Hay mucha malaria, sobre todo mucha malaria cerebral”, resume la especialista. A ella se suman las infecciones y sepsis neonatales. Algunas enfermedades que prácticamente han desaparecido de la práctica cotidiana española continúan apareciendo allí: “Hemos llegado a ver tétanos. Todos los años ves algún caso”. Entre los adultos son habituales la tuberculosis y también la malaria, además de encefalitis y otros cuadros neurológicos complejos.
Los accidentes constituyen otro importante problema de salud. Durante determinadas épocas del año llegan numerosos niños con quemaduras graves. Cocinar directamente sobre fuegos abiertos favorece accidentes con agua hirviendo o caídas sobre las llamas. “Algunos pacientes presentan quemaduras que afectan a una parte muy extensa de la superficie corporal y las posibilidades de supervivencia son muy reducidas”, agrega Peña. También son frecuentes los traumatismos craneoencefálicos de niños que caen de los árboles mientras intentan recoger mangos, así como las fracturas.
De la cooperación presencial a la telemedicina
Después de casi una década viajando a Chad, la especialista en Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario de Fuenlabrada ha podido comprobar una evolución que va más allá de nuevos edificios o pruebas diagnósticas. Una de las últimas incorporaciones ha sido la instalación de dos conexiones Starlink, que han abierto la puerta a la telemedicina. “Ahora podemos hacer videollamadas, estamos haciendo webinars. Si hay dudas en quirófano o mientras uno de los médicos está haciendo una ecografía, nos podemos comunicar con ellos”, explica. La posibilidad de mantener ese contacto supone un cambio sustancial respecto a sus primeras estancias. “Es otra cosa. Sigue habiendo muchísima necesidad, pero ya estamos con la telemedicina”, agrega esta médico española.
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