04/06/2026
Comparar es humano. Lo hacemos con todo, y con nuestros hijos también.
No porque seamos malos padres. Sino porque queremos saber si lo estamos haciendo bien, si su desarrollo va como debería, si vamos por buen camino.
El problema no está en que ese pensamiento aparezca. Está en lo que hacemos con él después.
Porque cuando la comparación se convierte en juicio, el niño lo recibe. Y en adopción, muchos niños están en un estado de hipervigilancia constante: leyendo nuestras caras, nuestros gestos, nuestras reacciones. Comprobando, una y otra vez, si son queridos tal como son.
Cuando sienten que se les compara, pueden pasar dos cosas. Que exploten, poniendo a prueba todos los límites. O que se apaguen, olvidándose de sí mismos para convertirse en lo que creen que necesitamos que sean.
Ninguna de las dos es la que queremos para ellos.
Desliza. Y cuéntanos: ¿te has visto en alguna de estas situaciones? Te leemos. 💜