19/09/2026
JUANA RUIZ, CUATRO DÉCADAS EN PALESTINA Y UN MENSAJE CONTRA EL ODIO AL MIGRANTE: “Les robas y dices que vienen a delinquir”
Por Rocío Sánchez Rodríguez,
19 de septiembre de 2026
- “No hay ni una sola familia palestina que no tenga mu***os o encarcelados", denuncia en una conversación con infoLibre la cooperante Juana Ruiz.
Cada día, sobre las cinco de la mañana, pasaba el autobús para recoger a su hija de tres años y llevarla a la guardería. Ella era la primera en montarse y la última en llegar a casa en una ruta con una veintena de niños más. Sin embargo, esa jornada las cosas se torcieron. Estado de sitio. Orden de devolver a los menores antes de tiempo. Como telón de fondo, el as*****to de varios trabajadores palestinos en Tel Aviv. La indignación recorría Gaza.
“Y dieron las 10, las 11, las 12... y el autobús no regresaba. Mi marido, Elías Rismawi, se asomaba a la puerta y un soldado le obligaba a entrar de nuevo. En aquella época, finales de los años 80, no había móviles ni nada, era imposible comunicarse”. La angustia los devoraba. Por fin, cerca de la una de la tarde, apareció. “El conductor casi se echa a llorar. Decía que jamás lo había pasado tan mal, con esos críos a su cargo y siendo responsable de que no les ocurriera nada. Tardó tanto porque había muchas calles cortadas”.
“Mi hija —continúa su relato— estaba paralizada, se agarró al cuello de su padre y no había manera de que se soltara. Cuando ya pasaron las horas empezó a hablar. Contó que había visto ‘ruedas encendidas’ y soldados (israelíes) pegándole a niños en la calle”. Imágenes, asegura, que nunca dejan de golpear.
Quien habla es Juana Ruiz Sánchez, una cooperante española que vivió 40 años en Palestina trabajando en una organización que pelea por mejorar la salud de mujeres y menores. El episodio descrito es solo uno más de lo que fue su cotidianidad en una tierra sin tregua.
Juana Ruiz se convirtió en noticia en 2021 tras ser encarcelada por Israel, acusada de desviar fondos desde su ONG al Frente Popular para la Liberación de Palestina, organización considerada terrorista por Tel Aviv. Nunca se presentó ni una prueba en su contra. Pero estuvo diez meses en prisión y tuvo que pagar una multa de 14.000 euros, más el dinero gastado en la defensa de su inocencia. “Fue nuestra ruina económica”, lamenta.
Ahora vive en Madrid y quiere seguir colaborando para que se sepa qué ocurre en esa zona del mundo que a veces aparece en la agenda informativa y a veces no. Dice que su objetivo es que en España se conozca a la sociedad palestina: “A la gente de la calle, que es la que vale y lleva las riendas, y no a los que tienen la pasta y nos dicen lo que tenemos que hacer, y provocan que nos enfrentemos entre nosotros. Lo que yo cuento es cómo era mi vida allí, lo que hacíamos, comíamos… como todo bicho viviente en este planeta, porque todos somos lo mismo”.
Juana Ruiz, que tiene raíces extremeñas (su madre, de Mérida; su abuela, de Torremejías; su padre, de Zarza la Mayor…), ha estado recientemente en su tierra familiar para presentar el documental Shrinking Space (Espacio Menguante), creado por Fora de Quadre en colaboración con la Asociación Hèlia y en el que se abordan los riesgos, la presión jurídica y las trabas que afrontan los movimientos sociales y las organizaciones humanitarias en los territorios palestinos ocupados por Israel. “Me he dado cuenta de que como soy española, la gente es más receptiva conmigo. Si esto lo cuenta un palestino, ya hay desconfianza”.
Al hilo de esta reflexión, habla del documental NAZA, de una directora y un director israelíes, presentado en el festival de cine de Venecia y que pone el foco en los sistemas militares que permiten bombardear Gaza de manera masiva: “25 minutos de aplausos y ovación. Pues a mí eso me ha dolido un montón, y no por ellos, que han tenido el valor de enfrentarse a su propio país y contar la verdad, sino porque 269 periodistas palestinos han sido asesinados porque no quieren que se exponga la verdad, y nadie los ha tenido en cuenta, ni una sola manifestación, ni un solo gobierno los ha defendido; sin embargo, vienen dos israelíes y enseguida se les reconoce un gran valor. No estoy en contra, todo lo contrario, pero me duele muchísimo que se ignore a las verdaderas víctimas”.
EL PRINCIPIO DE LA HISTORIA
Juana Ruiz conoció a su marido, Elías Rismawi, en Madrid en 1982. Ella rondaba entonces los 24 años. Él era de Gaza, de familia cristiana. “Me dijo que antes de casarnos yo tenía que ver su situación, porque era muy delicada. No me daba muchas explicaciones, solo me repetía: cuando vayas, lo entenderás, tienes que verlo por ti misma, no quiero que después sientas que yo te he engañado”. Tras esa primera visita, Juana no tuvo dudas en quedarse a vivir allí: “La situación no era buena, pero no tiene nada que ver con lo de ahora. Y la gente de Gaza es la mejor del mundo. No solo su familia, que es maravillosa, es el sentimiento de comunidad, de generosidad, de ayuda constante. Es lo que más echo de menos”. También extraña el árabe. Le pide a Elías que le hable en su lengua para no olvidarla.
En Gaza estuvieron seis años, después se mudaron a Cisjordania, a un pueblo llamado Beit Sahour, cerca de Belén, donde su marido tenía familia. “Nos fuimos porque ya la situación económica no nos daba para vivir”. Cuando sus dos hijos fueron un poco más mayores, ella se puso a trabajar. En 1993 entró en la organización Health Work Committees. Su labor era buscar financiación en España para clínicas y hospitales. Fueron los primeros en crear un centro especializado en cáncer de mama y útero, por ejemplo. En este sentido destaca el valor fundamental de estas entidades para la población. “No es cuestión de pobreza, de hecho, no les gusta nada esa palabra, pero la realidad es que la Autoridad Nacional Palestina, creada en 1994, ha sido siempre un caos, no se ha ocupado realmente de la gente, entonces las organizaciones han ejercido ese papel, en nuestro caso, en sanidad, por eso Israel las ha destruido”.
Juana Ruiz vivió la primera y la segunda Intifada, viendo el desequilibrio de cómo la población palestina se enfrentaba con piedras al potente ejército israelí. También la guerra del Golfo, en la que estuvieron un mes y medio con el teléfono cortado: “No podía hablar con mis padres. Yo fui la única española que no salí de allí. Me llamó la embajada para repatriarnos a mí y a mis hijos, pero no a mi marido. Dije que o todos o ninguno”.
Del tiempo que permaneció en la cárcel recuerda que el primer mes fue especialmente difícil. Un sentimiento de soledad muy duro. “Teníamos cámaras en las celdas y un día sufrí un ataque muy fuerte, estaba muy deprimida, con pensamientos muy críticos, y el soldado que me vigilaba se alteró y entró a preguntarme si necesitaba algo…”. Tuvo que firmar papeles que no entendía porque al principio no había traductor. Supo evitar caer en las provocaciones —“a pesar de mi fuerte carácter”— para que no hubiera ningún argumento en su contra. A la herida psicológica y el sufrimiento de su familia se unió el importante daño económico.
¿Cuál es su análisis del conflicto? “No hay ni una sola familia palestina que no tenga mu***os o encarcelados. Hay edificios enteros destruidos, han destrozado las empresas, los bancos… Han robado tierras, arrancado olivos… Roban el agua... Y esto lo permite Europa. Y hay que recordar que Hamás fue apoyada al principio por Israel, porque querían dividir a la sociedad palestina, y lo lograron”.
“Ahora el hambre —prosigue— está empezando a llegar, y eso no había pasado nunca porque las familias comparten todo lo que tienen. ¿Por qué ocurre? Porque no quieren convivir con árabes, es racismo puro y duro. Y lo peor es que el 90% de la población israelí está de acuerdo con lo que hace su Gobierno. Ahora Israel está en una grave crisis económica y hay mucha gente saliendo del país”.
LAS RAÍCES
Juana Ruiz cuenta que en Palestina entendió las historias de matanzas y sufrimiento que su madre y su abuela le contaban de la Guerra Civil. “Y yo me decía a mí misma que si ellas supieron salir adelante, pues yo también”. Viene de una familia extremeña que tuvo que emigrar. Sus tíos se fueron a Alemania y Venezuela, por ejemplo. “Siempre lo he tenido muy presente, que el pueblo extremeño ha sido de los más migrantes”.
Sobre esta cuestión, reflexiona: “¿Tú crees que alguien que se va en una patera está deseando morirse en el agua? Esa gente no quiere salir de su casa, de su país, pero tú lo has empobrecido, has matado a su población, como han hecho con África, y ahora les dices que vienen aquí a delinquir, pero si el delincuente eres tú, que le has robado todo. Europa vive del robo y del colonialismo de otros continentes como África y Asia, y de los países latinoamericanos”.
Por ello, critica los recortes que varias comunidades autónomas han hecho a los proyectos de cooperación internacional —entre ellas Extremadura, liderada por PP y Vox— y argumenta: “Ese trabajo es imprescindible porque evita las migraciones, pero como los políticos no viven fuera, no saben cuál es la situación”.
LA MANERA DE CONTARLO
Sobre esta cuestión se reflexionará también en el IX Congreso Internacional de Periodismo de Migraciones, que tendrá lugar el 15 de octubre en Mérida. Es una cita única en el mundo que eligió Extremadura desde sus inicios precisamente por la importancia que entonces se daba en la región a la cooperación internacional. También por sacar este debate de las grandes ciudades.
“Es un foro donde escuchamos a quienes hacen su trabajo sobre el terreno y donde apelamos a la importancia de cómo contar lo que ocurre. Porque la información rápida que no incluye otros enfoques, la simplificación, deriva en lugares peligrosos, nos lleva a discursos de odio”, explica Patricia Macías, directora del Congreso. “Hay una constante y es que se nos olvida incluir la voz de los protagonistas” añade.
Este año la cita analizará especialmente la infancia y la juventud, con Ceuta como telón de fondo: “Es población vulnerable y se convierte en la diana del odio, y se nos olvida que son solo niños”. La confrontación política se antepone a la protección de la infancia.
“Estamos en una época peligrosa en ese sentido”, advierte Macías, quien también defiende la importancia de la cooperación internacional tanto en origen como en destino, “porque hay que fomentar la cohesión social”. “Por mucho que lo intentemos, la migración no va a desaparecer”.
Por Rocío Sánchez Rodríguez,
InfoLibre
https://www.infolibre.es/politica/juana-ruiz-cuatro-decadas-palestina-mensaje-odio-migrante-les-robas-dices-vienen-delinquir_1_2236458.html
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