16/12/2025
Cuando el escándalo no es uno, sino el sistema
Lo que hoy se investiga en SENASA no debería analizarse como un hecho aislado ni como un simple episodio de mala gestión. Si las denuncias, auditorías e investigaciones confirman prácticas de negación de servicios, desvío de recursos, sobornos o corrupción administrativa, estaríamos ante algo mucho más grave: la evidencia de un Estado que ha fallado estructuralmente en su deber de proteger a su gente.
La pregunta correcta no es solo qué pasó en SENASA, sino qué pudo pasar sin que nadie lo detuviera.
Cuando una institución encargada de la salud —un derecho humano fundamental— colapsa o presuntamente es capturada por intereses ajenos al bien común, resulta ingenuo pensar que el problema termina ahí. Por el contrario, la experiencia histórica en América Latina demuestra que la corrupción rara vez actúa sola: se reproduce, se normaliza y se expande.
Si esto fue posible en SENASA, ¿qué está ocurriendo —o pudo haber ocurrido— en otras entidades clave del Estado?
La Liga Municipal Dominicana, los ayuntamientos, los Comedores Económicos, el Plan Social de la Presidencia, el Ministerio de Obras Públicas, los programas de asistencia social y las instituciones que manejan grandes presupuestos destinados a los sectores más vulnerables merecen un escrutinio serio, técnico y sin contemplaciones políticas.
Aquí no se discuten errores menores.
Se discute la administración de recursos que determinan si una persona come, se cura, o sobrevive.
La corrupción en estos espacios no es solo robo de dinero público. Es violencia estructural. Es desviar fondos que debían alimentar, sanar o proteger. Es convertir la política social en un botín. Y cuando eso ocurre de manera sistemática, el daño deja de ser individual y se convierte en colectivo y masivo.
Por eso, la responsabilidad no puede agotarse en un nombre ni en una renuncia. Si hubo advertencias ignoradas, denuncias silenciadas o controles deliberadamente ausentes, la responsabilidad escala al plano político e institucional. En un Estado democrático, la omisión también gobierna, y cuando hay vidas en juego, la omisión también mata.
Este no es un llamado a la condena anticipada.
Es un llamado a la investigación sin miedo.
Auditorías reales, procesos transparentes y consecuencias efectivas son la única forma de romper el ciclo. Porque cuando el poder decide no mirar, no corregir o no investigar, se convierte en parte del problema.
El país no necesita más discursos.
Necesita verdad.
Necesita justicia.
Y necesita saber si lo ocurrido en SENASA es una excepción…
o el síntoma de algo mucho más profundo.
Luis Abinader Leonel Fernández Danilo Medina
SeNaSa (Seguro Nacional de Salud)