02/07/2026
Gracias a Olga Gretchoukhina por hacernos llegar esta preciosa reflexión sobre su paso por el 53 Symposium de la SEPTG "Al encuentro desde lo que soy" celebrado en Bilbao.
A continuación os compartimos el texto completo para que podáis disfrutar de sus bellas palabras:
"A la entrada del hotel, estos días, había una frase. Pasé por delante muchas veces antes de leerla de verdad: si quieres un cambio verdadero, camina distinto.
Llegué sola. Sin conocer a nadie, salvo a quien me trajo hasta aquí. Llegué con mis certezas y con mis dudas, con la fragilidad y la fuerza que caben juntas en una maleta de viaje. Llegué, como tantos, con mi propio peso a cuestas: ese que no se ve, el que uno carga por dentro sin saber bien dónde dejarlo.
Y caminé distinto. No porque lo planeara, sino porque el lugar lo pedía.
Lo que encontré me sorprendió. No los títulos de nadie —nadie preguntó por ellos—, sino gente que mira sin clasificar. Que valida la experiencia del otro sin calificarla. Que se queda cerca cuando alguien tiembla. Personas grandes que se hicieron sencillas, alcanzables, humanas. Calor donde esperaba distancia.
Me ofrecieron algo difícil de nombrar: ser parte de algo grande sin tener que demostrarlo. Compartir. Llorar sin pudor. Reír al rato. Mostrarme tal como llegué, sin pulir, y descubrir que así también se pertenece.
Este encuentro me hizo pensar en qué es un grupo. Y lo que me vino fue un coro recién formado.
Voces potentes, todas. Cada una traída desde lejos, cada una con su melodía aprendida en otra parte, su tono, su manera de respirar el aire. Nadie las dirige. No hay batuta, no hay partitura, no hay quien marque el compás. Solo voces que llegan, una junto a otra, sin saber todavía cómo van a sonar juntas.
Y al principio no suenan. Suenan cerca, pero no juntas. Cada quien sostiene lo suyo. Se escuchan de reojo. Se buscan.
Pero algo empieza a pasar. Una voz baja un poco para dejar sitio. Otra sube para encontrarla. Una afina sin que nadie se lo pida. Otra calla para oír mejor. No todas a la vez, no todas igual —unas antes, otras después; unas con facilidad, otras a tientas—. A ciegas, casi siempre. Pero con ganas. Con esas ganas tercas de encontrar el camino entre todos.
Y al cuarto día hay melodía. No perfecta. Sin partitura previa, nacida en el aire mientras se cantaba. Una melodía que no existía antes de esas voces y que no podría existir sin ninguna de ellas. Hecha entre todos, sin director, sin guion. Sostenida por el simple hecho de haber querido cantarla juntos.
Eso fue para mí este encuentro. Un coro que se afinó solo, porque quiso.
Y pienso que tampoco las voces empiezan de cero. Que cada una trae lo que otras le dejaron antes: maestros, pacientes, pérdidas, lecturas, gente que ya no está. Cantamos con voces que solo siguen presentes en nuestra memoria, y algún día la nuestra también será así. El coro es más largo de lo que cabe en una sala.
Otra frase me siguió estos días, leída en un grafiti callejero: let the world surprise you. Deja que el mundo te sorprenda.
Entendí que las dos frases están relacionadas. Que no se trata de esperar a que el mundo cambie para entonces movernos distinto. Es al revés. Uno decide el cambio verdadero. Uno camina distinto —más abierto, más desnudo, más dispuesto al encuentro—. Y entonces, solo entonces, el mundo empieza a sorprenderte. De mil maneras que no podías prever. Con voces que no conocías. Con emociones que no sabías que llevabas dentro. Con una melodía que no fuiste a buscar y que, sin embargo, te estaba esperando.
Vuelvo agotada. De ese cansancio que no se queja: el de haber estado, de verdad, presente.
Vuelvo con preguntas. Con voces que ayer no conocía. Con la certeza de que algo se movió y aún no sé hacia dónde.
Vuelvo distinta. Y sigo cantando."