02/06/2026
Me apasionan los toros igual que me apasionan la literatura (por eso la elegí como profesión), la música, el teatro, el cine… el arte, en general. Porque, quieran o no los antitaurinos, la tauromaquia es un arte. Se ajusta a la definición del arte que da Santo Tomás: «Lo que, visto, agrada». Los aficionados no somos sádicos, no acudimos a las plazas para ver sangre, sino esperando que surja la belleza, como un regalo único. Además, la tauromaquia es un arte singular, dificilísimo, porque nos ofrece belleza pero también emoción. Nace ante nosotros, igual que el teatro y la música en vivo. Nunca se repite, siempre nos sorprende.
Y lo decisivo: el material que utiliza el torero para crear belleza no es mármol o lienzo, sino un toro de lidia: un animal bellísimo pero peligrosísimo. El diestro necesita, ante todo, imponer su dominio, para desplegar luego su estética; con su inteligente maestría, vence a la fuerza bruta de un feroz animal.
Dicho con toda sencillez, sin hacer literatura: el torero pone en juego su vida para crear belleza. Por eso, una corrida de toros no es un deporte ni un espectáculo: conserva elementos sagrados, de ritual, de sacrificio.
Artículo publicado por Andrés Amorós en el libro "51 periodistas hablan de toros" de la Fundación del Toro de Lidia: https://institutojuanbelmonte.com/sobre-mi-aficion/