13/08/2026
Humanizar un animal es maltratarlo. Como dice Felipe Vegue «todos los perros han evolucionado para llegar ser animales de utilidad. Muchos se empeñan en convertirlos en meros animales de compañía y además poniendo verdadero empeño en darles una vida cómoda y relajada, una vida para la cual no están creados. Esas muestras de cariño mal entendido generan en el perro mucho más sufrimiento que si encamináramos sus vidas hacia aquello que sus instintos dictan: la caza, el pastoreo, la guarda y defensa. Dar al perro su utilidad: ese es el verdadero bienestar animal». Es decir, un animal está programado para ciertas cosas y es feliz cuando las hace. Cuando se le trata como a un humano se le está maltratando.
Pero mucho peor aún que humanizar es ‘prohijar’. Vemos estos días perros que son tratados como hijos, los ‘perrhijos’. Esto es abominable. En primer lugar, para los hijos, deja muy claro la consideración que tienes hacia los humanos cuando los tratas igual que a animales. En segundo lugar, para los perros, por supuesto. Y en tercer lugar para el ‘padre o madre’ del perro. La relación de un humano con un animal no es una relación de igual a igual y yo sé que mucho más fácil que educar a una persona es vivir en una relación en la que la otra parte simplemente ladra, obedece, se muestra sumiso, dependiente y está a tu servicio. Un hijo es otra cosa. No te reciben en la puerta moviendo la cola. Dan problemas y disgustos y no son herramientas para tu felicidad. Un hijo no es un instrumento. Una persona no es un instrumento, una persona es una persona, un milagro. No, no hay perrhijos. Ni gathijos. Hay botijos, entresijos y también hay muchos pijos. Y mucho depravado que no sabe que lo es. Como decía Chesterton, tras el ideal de tratar a los animales como si fuesen humanos, se esconde el secreto anhelo de tratar a los humanos como si fuesen animales. Y, por lo tanto, tener un perrhijo no hace de ti una persona buena, sensible y protectora de los animales sino un malvado, oscuro y perturbado maltratador de personas. Apenas eso.
Lee aquí el artículo completo de José F. Peláez: https://institutojuanbelmonte.com/los-pijos-de-los-perrhijos/