13/05/2026
Sacrificarse, a veces, merece la pena.
Estaba solo.
Mojado.
Helado.
Hambriento.
Un bebé con muy pocas posibilidades de sobrevivir así.
Mientras muchos miran hacia otro lado, otros se rompen la espalda intentando que una vida más no desaparezca. Y sí, agota. Agota el cuerpo, la cabeza, el bolsillo y el alma. Pero también te deja una clase de plenitud que muy poca gente entiende.
Frodo, sí, al final le cambié el nombre, ahora duerme calentito, empieza a descubrir lo que significa sentirse a salvo y dentro de unos meses estará listo para encontrar una familia.