27/08/2026
Hay algo realmente curioso con los gatos comunitarios: todo el mundo encuentra un culpable… y casi siempre acaba siendo la cuidadora. Están los de «la biodiversidad», para quienes el gato parece haberse levantado una mañana dispuesto a exterminar él solo todas las aves y reptiles del planeta. Incendios, pesticidas, contaminación, destrucción de hábitats, urbanización, carreteras… eso ya, si acaso, lo dejamos para otro debate. El problema es el gato. Después están los de «llévatelos a tu casa». Porque molestan. Porque la comida atrae pájaros, erizos, insectos, ratas… Parece que un plato de pienso tiene más poder de reproducción que una gata sin esterilizar. Y aquí viene lo interesante. Porque también están los de «tengo unos gatos en la finca, pero no los castro». No tengo tiempo. Es muy caro. No puedo cogerlos. No me da la gana. Hasta que una gata pare. Entonces llegan las fotos: «Mirad qué cinco gatitos más preciosos». Y empieza el reparto. Uno para un vecino, otro para un amigo, dos por Facebook… regalar también es entregar un animal sin saber dónde terminará mañana. Pasan unos meses. «Se me escapó el gato». ¿Estaba castrado? No. Pues quizá no se «escapó». Quizá llegó el celo e hizo exactamente lo que hace un animal sin esterilizar: salir buscando hembras. Y vuelta a empezar. También están los de «llegaron las vacaciones y ya no puedo tenerlo». Los abandonos. Los gatos que aparecen de repente en una colonia, sin castrar, sin identificar, completamente desorientados y buscando comida. Y después están los ayuntamientos que todavía no tienen un CER eficaz, los que no cuentan con un verdadero plan de gestión, los que destinan recursos insuficientes y los que siguen dejando gran parte del problema sobre los hombros de voluntarias. Pero cuando aparece una colonia… ¿a quién miramos? A la cuidadora. A la loca de los gatos. A esa mujer que está allí a las siete de la mañana limpiando platos. A la que se pasa tres noches intentando capturar una gata para esterilizarla. A la que conoce quién falta hoy. A la que ve que uno no come y sabe que algo ocurre. A la que lleva jaulas, transportines, latas y medicación en el coche. A la que busca acogidas. A la que recoge al atropellado. A la que escucha «llévatelos a tu casa». A la que insultan por alimentar. A la que algunas veces incluso amenazan o agreden. Y, aun así, vuelve mañana. Hay algo que convendría dejar muy claro: LAS CUIDADORAS NO CREAN LAS COLONIAS FELINAS. Tampoco reciben subvenciones. "La loca" gasta todos sus recursos económicos para alimentar, medicar y mas de una vez esterilizar. "La loca" sacrifica todo su tiempo, la loca no tiene dias festivos ni vacaciones. La loca esta ahi aunque le duele todo el cuerpo. Alimentando, cuidando y luchando por ellos.
Las colonias las crea la irresponsabilidad humana. Las crea quien no esteriliza. Quien permite camadas una detrás de otra. Quien reparte gatitos como si fueran objetos. Quien abandona. Quien deja salir sin castrar. Quien mira hacia otro lado. Y también las perpetúa una administración que no gestiona cuando tiene la obligación de hacerlo. ¿Sabéis quién intenta que esa colonia tenga cada año menos gatos y no más? La «loca». La que captura. La que esteriliza. La que controla. La que cuida. La que lleva un registro. La que rescata. La que vuelve todos los días. Así que la próxima vez que veáis a una mujer agachada junto a unos gatos poniendo comida, limpiando recipientes o esperando durante horas delante de una jaula, antes de llamarla «loca de los gatos», pensadlo un segundo. Probablemente está solucionando un problema que ella no creó. Y mientras unos discuten quién tiene la culpa, ella ya habrá esterilizado otra gata. Una gata esterilizada son camadas que no nacerán en la calle. Eso también es proteger a los gatos. Eso también es proteger la convivencia. Y sí, eso también es proteger la biodiversidad. 🐾 No señales a quien gestiona la colonia. Pregunta quién permitió que llegáramos hasta ella.