29/05/2026
🤍Homenaje a: CONSUELIN 🤍
Esta semana ABHAL tenía un exceso de planificación de eventos de toda índole: jornadas formativas, reunión de equipos, junta directiva, asamblea general de socios, entrevista en la radio, excursión a la Catedral de Oviedo (financiada por la Fundación GOZALBO MARQUÉS) …. ¡¡acción a tope!! … pero ayer siendo las primeras horas de la mañana y con todos los preparativos para la excursión, la vida hizo un parón: se anuncia que Consuelín nos decía su “adiós”.
El proceso de final de vida de Consuelín demostró que ella se aferraba a esta vida y decidió para su despedida uno de sus días favoritos: ABHAL salía de excursión. De hecho, si no fuera su estado de salud, sin dudarlo, nos habría acompañado en la visita a la Catedral de Oviedo.
Hoy queremos rendirle un homenaje de despedida a una grande de la Institución Hospital Asilo de Luarca:
Dña. Consuelo Peláez Sierra, para los de casa: “CONSUELÍN”.
Dicen que ante la vida todos los seres humanos somos iguales pero, que duda cabe, que la vida no es igual para todas las personas.
La vida de Consuelín parece sacada de una historia de película de cine, podríamos pensar que es algo que en la vida real no sucede, pero nada más lejos de ello. Su historia nos recuerda que lo extraordinario también habita en lo cotidiano, y que hay personas que dejan una huella imborrable en quienes tienen la suerte de conocerlas.
Consuelín nos regaló una gran lección de vida, muy ligada a ese bonito lema que tantas veces vemos, y que ella encarnaba a la perfección: “No digas incapacidad, di capacidad”.
Consuelín nos ha transmitido, a todas las personas que formamos parte de la historia de ABHAL, una nueva mirada hacia la vida: sin perder la sonrisa, ni el sentido del humor. Ella siempre lo hacía, se apuntaba absolutamente a todos cuantos proyectos y eventos pusiéramos en marcha: excursiones, carnavales, salidas a conciertos, eventos festivos, peregrinación anual a Lourdes, etc..
Podemos afirmar, con total seguridad, que aunque llegó a ABHAL siendo tan solo una niña con 9 añitos, aquí ha conseguido forjar unos lazos de unión, amistad y amor del bueno, admirables de la mejor familia del mundo.
Con el paso del tiempo, ha sabido ganarse el cariño y el respeto de toda la familia ABHAL y como todo relevo generacional, nadie dijo que haya tenido que resultarle fácil, pero ella con la fortaleza que siempre le caracterizó: resistió, persistió y nunca jamás desistió.
Quizás haya sido inspiración del bonito lema que, aún recuerdo de los tiempos de pandemia, impulsado por el Equipo de noches: “Rendirse no es una opción”.
¡Admirable Consuelín! por haber conseguido que una vida truncada por la adversidad, encontrase un lugar digno, lleno de solidaridad, de personas comprometidas y dispuestas a la ayuda al prójimo, convirtiéndolo en su hogar, donde vivió con dignidad y humanidad, disfrutando de la vida.
Gracias Consuelín por todo lo que nos has enseñado en tu viaje de vida, enhorabuena por tu fortaleza vital en la que todos hemos de apoyarnos cuando pensemos que algo no va bien.
En el Hospital Asilo de Luarca, dejas un espacio que evocará tu recuerdo y nos servirá de aliento para no desistir cuando las cosas no se pongan fáciles.
Descansa en paz Consuelín 🤍
La familia de ABHAL te recordará siempre.
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REPORTAJE EN EL COMERCIO: “Consuelo, toda una vida en el asilo”
Lleva interna desde los nueve años en esta residencia donde trabajó limpiando y cuidando enfermos y terminó cuidando a su propia madre.
David Suárez Fuente. 13/02/2019 a las 04:13h.
Desde los nueve años lleva Consuelo Peláez Sierra interna en el hospital asilo de Luarca. Su madre, soltera, la abandonó en estas instalaciones en 1939, gestionadas por aquel entonces por la congregación de monjas de San Vicente de Paúl.
Lo hizo «porque no me podía atender», dice a sus 88 años, sin poder olvidar aquel trágico día. «Llegué en un carro de caballos que venía a vender leche». Fue recibida en el asilo por Sor Francisca y Sor Florencia y, desde el primer día, se puso a trabajar «limpiando y encerando los suelos», recuerda, mostrando las dificultades de movilidad que desde pequeña tuvo «debido a una parálisis cerebral».
A Consuelo Peláez le ha tocado vivir gran parte de la historia de este hospital, hoy convertido en residencia de mayores. «Cuidaba a los enfermos y, cuando se ponían graves, avisaba a la superiora».
La planta de Cirugía fue arrasada en 1952 por el fuego, que apagaron los vecinos con cubos.
Una vida sin apenas salir del complejo, llena de historias, como el incendio que el 20 de febrero de 1952 se inició en el pabellón de Cirugía del centró «por un cortocircuito», recuerda esta anciana con detalle. «Estábamos comiendo en la galería y salimos fuera con un viento del nordeste muy fuerte». El fuego se logró sofocar gracias a la colaboración de los vecinos del concejo, que en un día de feria acudieron al ver el humo y sentir el resonar de las campanas, que alertaban del incendio. «Tuvieron que traer agua con cubos desde La Carril, creando una cadena humana para apagarlo porque aquí no había», recuerda esta anciana, quien explicó que se tardó casi cinco horas en extinguir las llamas, un tiempo en el que ella se encargó del cuidado de los enfermos en el exterior.
A sus 88 años, Consuelo Peláez recuerda cómo no pudo estudiar en el colegio «porque era hija de soltera y no me aceptaron», una condición que, «por suerte, cambió al poco tiempo con otras niñas». Con una sonrisa en la cara no puede evitar recordar la fiesta de la matanza, en la que en los tiempos de hambruna «se mataban diez cerdos y una vaca, que se conservaban en salazón y se hacían embutidos». Una cantidad que no llegaba y que «las monjas solventaban pidiendo por el concejo», y con la crianza de gallinas y conejos. Desde joven trabajó duro a cambio de comida y cobijo, pero sin duda, pasó momentos muy divertidos junto a otras compañeras. Recuerda por ejemplo cómo se escapaban a la fiesta. «Íbamos a San Juan y colocábamos una almohada en la cama», evitando así que las monjas se enterasen de su ausencia. Una mujer que vivió sin apenas salir del complejo. De hecho, no fue hasta el pasado año, cuando conoció por primera vez, durante la Semana Santa, la iglesia de Luarca. «Me emocioné mucho al ver allí al Nazareno». Consuelo Peláez no se pierde desde hace algo más de diez años su viaje a Lourdes en Francia, donde pasa unos días. Le gustaría volver a Covadonga, a donde fue cuando era joven, un deseo que cumplirá esta primavera, ya que la residencia ABHAL, que ahora gestiona el centro, tiene previsto realizar un viaje con sus mayores con su nuevo transporte.
Una mujer que tuvo que cuidar de su madre, Benilde Peláez Sierra, en los últimos años de su vida, durante los que compartió con ella estancia en la residencia. «Mi madre tan solo me visitó dos veces», recuerda con lágrimas en los ojos Consuelo, a quien no se le borra de la mente aquella vez que una monja le propuso a su madre que la llevara a las fiestas de Santa Rita a Otur, de donde es oriunda. «No me quiso llevar porque le daba vergüenza que la vieran conmigo». Hoy en día Consuelo Peláez cuenta con las visitas de uno de sus tres hermanos, ya que los otros dos «fallecieron». Uno lo hizo en un accidente durante la construcción de una casa en Puerto de Vega y el otro «murió ahogado en Otur», motivo por el cual a esta anciana no le gusta nada la playa, que le trae malos recuerdos. También su sobrina Pilar la visita a menudo en este complejo del que destaca «el gimnasio». Y es que en este espacio antaño se encontraban las enfermas que ella atendió y de las que guarda un grato recuerdo.
Contenta
Esta mujer que no puede caminar y que no pierde la fe, devota a San Vicente, ha visto evolucionar el centro que la ha visto crecer. A pesar de su dura vida se muestra «muy contenta, doy gracias al personal», dice mirando a una de sus cuidadoras. En su vida en la residencia no pierde actividad y ya tiene en mente su participación en los próximos carnavales luarqueses. «¿De qué nos disfrazamos este año?», pregunta, una respuesta que no se puede desvelar, pero sí los disfraces de tuna y de asturiana con el que se vistieron en los últimos dos años. Ochenta años en este hospital asilo en la que todo son recuerdos y que hacen que la presencia de Consuelo Peláez haya dejado huella en esta residencia que la ha visto crecer.