24/12/2022
El Drago de Ycod, al igual que otros árboles grandes, se caracterizan por tener el tronco de su base hueco, dejando una cavidad interior que, de no ventilarse, puede causar su putrefacción y posterior muerte. Este drago fue también víctima, en su día, de la incomprensión, desidia y abandono de algunos paisanos, no así de intelectuales ycodenses, científicos europeos, y de un grupo de profesores y alumnos del Colegio Politécnico de Zúrich, que, en 1907, estuvieron varios días en Icod dedicados a estudiarlo. Recuérdese que hasta 1915 el Drago era propiedad privada y que la cavidad hueca fue, durante mucho tiempo, “goro” para cochinos y corral de cabras que, a su antojo, depredaban el tierno y jugoso tronco interno debilitándolo al provocarle continuos sangrados que perjudicaban de forma ostensible la salud del árbol. En 1916 estuvo a punto de ser cortado, lo que precipitó su compra, ese mismo año, por las constantes presiones de un grupo de ínclitos ycodenses, compra que no significó una mejora, toda vez que tuvo que ser cedido por las penurias económicas del consistorio al Estado en 1919, que lo declara Monumento Nacional junto al Árbol de Guernica (País Vasco) y el Pino del Santuario de Queralt (Cataluña). En el año 1916, Roque Fleytas y Pérez, marido de Guillermina Fajardo y Carballo, “decide cortarlo porque le molestaba". Acertó pasar en aquel mismo tiempo a ir a Tenerife un naturalista inglés que, con el propósito de ver todo lo que de notable tiene la isla, fue a Icod con el principal objeto de estudiar aquel famoso ejemplar de drago. “Muy a tiempo ha venido usted –le dijeron al llegar a Icod–. Dentro de poco no habría podido usted satisfacer los deseos de ver el citado árbol, ya que su dueño lo va a cortar de un día a otro”. “¡Ah! –exclamó sorprendido el inglés–, en ese caso ya no sólo me interesa ver el árbol, sino que quisiera, además, tener el gusto de conocer a su dueño”. “Y ¿para qué?”, le preguntaron. "Para pedir su retrato, que pienso publicar en algunos de los periódicos ingleses ilustrados, poniéndole al pie: Fulano de Tal, canario civilizado aún, que acaba de cortar el más hermoso drago de Tenerife”..