The Attention to the Present

The Attention to the Present Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de The Attention to the Present, Organización no gubernamental (ONG), Cirilo Moreno 1, Las Palmas de Gran Canaria.

“Attention to the present is an intentional approach to attention, which allows us to observe without valuation our bodily sensations, emotions, thoughts and external phenomena while they are happening.” The important thing about “attention to the p

"AL l PRESENTE no se LLEGA, se lo VIVE"Esta cita nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del presente y la importan...
05/06/2026

"AL l PRESENTE no se LLEGA, se lo VIVE"

Esta cita nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del presente y la importancia de vivirlo plenamente en lugar de tratar de llegar a él como si fuera un destino externo.

A menudo, nos encontramos anhelando el futuro o aferrándonos al pasado, esperando que algún día lleguemos al presente ideal.

Sin embargo, esta cita nos recuerda que el presente no es un lugar al que debamos llegar, sino más bien un estado de conciencia en el que nos sumergimos y experimentamos plenamente.

El presente es el único momento real y tangible que tenemos. Es el aquí y ahora, el momento en el que nuestras vidas realmente ocurren.

"Siempre estamos en el presente," pero a veces nos distraemos con pensamientos sobre el pasado o el futuro, perdiendo así la oportunidad de vivir plenamente el momento presente.

Vivir el presente implica estar completamente presente en nuestras experiencias, sin dejar que los pensamientos o preocupaciones nos distraigan. Se trata de estar conscientes de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones y entorno en cada momento.

Al vivir plenamente el presente, nos conectamos con la realidad presente y experimentamos una mayor sensación de plenitud, gratitud y bienestar.

En lugar de perseguir constantemente la idea de alcanzar el presente, debemos recordar que el presente ya está aquí. Solo podemos vivirlo conscientemente, abrazando cada momento y aprovechando al máximo cada experiencia que se nos presenta.

En definitiva, la cita nos enseña que el presente no es un destino al que llegar, sino un estado de conciencia que debemos vivir plenamente.

Al estar conscientes y presentes en el momento actual, podemos experimentar una mayor conexión con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea

"¿Quién guarda la llave de mi paz interior?"REFLEXIÓN La pregunta “¿Quién guarda la llave de mi paz interior?” toca un p...
04/06/2026

"¿Quién guarda la llave de mi paz interior?"

REFLEXIÓN

La pregunta “¿Quién guarda la llave de mi paz interior?” toca un punto delicado: mientras creemos que la llave está en manos de otros, vivimos en dependencia. Si alguien nos aprueba, estamos tranquilos; si nos critica, nos derrumbamos. Si las circunstancias favorecen nuestros deseos, decimos que hay paz; si cambian, aparece confusión. Entonces lo que llamamos paz no es paz, sino tregua.

La paz interior no puede depender por completo de lo externo, porque lo externo está siempre en movimiento: personas, salud, dinero, reconocimiento, clima emocional, planes, pérdidas. La vida no promete estabilidad permanente. Por eso, cuando la mente busca seguridad absoluta en lo cambiante, fabrica ansiedad. Quiere que el mundo se ordene según su necesidad de control, y al no conseguirlo, sufre.

Pero decir que “yo guardo la llave” también requiere cuidado. No significa culparse por todo lo que se siente. Hay heridas, traumas, duelos y condiciones reales que afectan profundamente. La responsabilidad interior no es acusación; es la posibilidad de descubrir cómo nos relacionamos con lo que ocurre. Uno no siempre elige la circunstancia, pero puede empezar a observar la respuesta que surge ante ella.

La llave de la paz no parece estar en una idea positiva, ni en repetir “todo está bien” cuando algo duele. Está en mirar sin escapar. Cuando hay enojo, verlo. Cuando hay miedo, sentirlo. Cuando hay apego, reconocerlo. Cuando hay deseo de controlar a otro, no justificarlo inmediatamente. Esa honestidad silenciosa abre un espacio que no depende de la aprobación externa.

Por ejemplo, una persona espera un mensaje de alguien querido. Mira el teléfono muchas veces. Aparece tensión, fantasía, sospecha, necesidad. Cree que la paz llegará cuando el mensaje aparezca. Pero si atiende con cuidado, puede descubrir algo más profundo: miedo al abandono, búsqueda de validación, dificultad para estar consigo misma. En ese descubrimiento empieza una libertad distinta. Tal vez el mensaje llegue o no; pero la persona ha encontrado una parte de la llave.

Desde una perspectiva existencial, la paz interior no es ausencia de dolor, sino una relación más significativa y responsable con la vida. Puede haber tristeza y, aun así, dignidad. Puede haber incertidumbre y, aun así, dirección. Puede haber pérdida y, aun así, amor. La paz no siempre es calma emocional; a veces es fidelidad a lo que tiene sentido, incluso en medio de la tormenta.

La llave, entonces, no pertenece al ego que quiere dominarlo todo. Pertenece a una atención madura: ver, aceptar lo que ya está presente, actuar donde es posible, soltar donde no hay control, y responder desde valores en lugar de reaccionar desde heridas.

Tres ejercicios simples:

1- Pregunta de responsabilidad

Ante una perturbación, preguntar: “¿Qué parte de esto depende de mí y qué parte no?”

2- Volver al cuerpo

Colocar una mano en el pecho o abdomen y respirar lentamente, sin exigir calma inmediata.

3- Actuar desde un valor

Elegir una acción pequeña que exprese cuidado, verdad o respeto, aunque la emoción siga agitada.

Quizá nadie “guarda” la llave como una posesión. La llave aparece cada vez que hay atención sin huida y acción con sentido.

"Elige habitarte atendiendo a lo que vives" REFLEXIÓN                        "Elige habitarte atendiendo a lo que vives"...
01/06/2026

"Elige habitarte atendiendo a lo que vives"

REFLEXIÓN

"Elige habitarte atendiendo a lo que vives" significa que tenemos la capacidad de tomar decisiones conscientes sobre cómo queremos vivir nuestra vida. A menudo nos dejamos llevar por las circunstancias externas, por lo que debemos hacer y por nuestros pensamientos, sin prestar atención a nuestras emociones y experiencias internas.

“Habitarte” significa dejar de vivir como una persona ausente de sí misma.

Muchas veces el cuerpo está aquí, pero la atención está en otra parte: en lo que ocurrió, en lo que podría pasar, en lo que alguien pensó, en lo que falta, en lo que se espera conseguir. Así se vive dividido. Se camina, se habla, se trabaja, se ama incluso, pero desde una especie de distancia interior. La vida sucede, pero no se la toca plenamente.

“Atender a lo que vives” no significa analizarlo todo. Significa estar presente ante la experiencia tal como aparece: una emoción, una tensión corporal, una alegría, una tristeza, una incomodidad, una intuición, una contradicción. Esa atención no condena ni justifica. Mira.

Por ejemplo, alguien dice “sí” cuando todo su cuerpo está diciendo “no”. Si no se habita, actuará por costumbre, miedo o deseo de aprobación. Pero si atiende, puede descubrir: “Estoy aceptando para no decepcionar”. Ese simple ver ya introduce libertad. Tal vez aún diga sí, tal vez diga no, pero ya no actúa completamente dormida.

Otro ejemplo: una persona siente ansiedad. Normalmente intenta huir: distraerse, controlar, culpar, consumir, discutir. Habitarse sería detenerse un momento y preguntar: “¿Qué estoy sintiendo realmente? ¿Dónde está esto en el cuerpo? ¿Qué pensamiento lo alimenta? ¿Qué necesidad no estoy escuchando?”. No se trata de resolverlo todo de inmediato, sino de no abandonarse.

La sociedad suele enseñarnos a vivir hacia fuera: producir, responder, cumplir, aparentar, competir, mostrar una imagen. Pero una vida construida sólo hacia fuera puede volverse extraña para quien la vive. Se consigue mucho y, sin embargo, aparece una sensación de vacío: “esto no soy yo”, “no sé qué quiero”, “estoy cansada de sostener esta versión de mí”.

Habitarse es regresar a la propia casa interior. No como encierro individualista, sino como condición para relacionarse mejor. Quien no se escucha, suele pedir a otros que lo salven, lo completen o lo confirmen. Quien se habita puede amar con menos posesión, decidir con más claridad y sufrir con más dignidad.

Desde una mirada existencial, atender a lo que se vive es también escuchar la pregunta que cada situación trae. No sólo “¿qué siento?”, sino “¿qué respuesta responsable me pide este momento?”. La vida no se comprende desde ideas generales, sino desde la fidelidad a lo concreto.

Tres ejercicios simples:

1- Pausa corporal: tres veces al día, detente y pregunta: “¿Qué está viviendo mi cuerpo ahora?”

2- Una emoción sin historia: nombra lo que sientes sin explicar: “tristeza”, “miedo”, “alegría”, “enojo”.

3- Decisión consciente: antes de decir sí o no, pregunta: “¿Esto nace de claridad, miedo o costumbre?”

Elegir habitarte es dejar de tratarte como un lugar de paso. Es volver a estar presente en la única vida que realmente puedes vivir: la que está ocurriendo ahora.

¿Por qué amar es cosa de valientes?Amar es cosa de valientes porque supone entregarse sin garantías, sin red de protecci...
29/05/2026

¿Por qué amar es cosa de valientes?
Amar es cosa de valientes porque supone entregarse sin garantías, sin red de protección, en un mundo donde el temor al sufrimiento, al rechazo o a la pérdida nos hace cerrar puertas antes de abrirlas. Amar verdaderamente no es un gesto romántico idealizado, sino un movimiento radical de vulnerabilidad y presencia. Requiere valor porque expone la piel del alma a la intemperie de lo incierto.
En el acto de amar hay renuncia: se abandona la necesidad de controlar, de tener razón, de imponer expectativas. Se desarma el ego para dar paso a la escucha profunda, a la comprensión de que el otro es un universo diferente, no una prolongación de uno mismo. Aquí aparece el coraje, no como fuerza bruta, sino como la fortaleza interior de sostener la incertidumbre sin replegarse.
Amar exige madurez emocional. Significa estar dispuesto a convivir con lo que no podemos cambiar del otro, a soltar la ilusión de perfección, y a construir desde la aceptación. Es la valentía de no escapar ante el conflicto, sino de permanecer y dialogar. Es el arte de mirarse y decir: “aun en la fragilidad, elijo estar”.
El miedo nos lleva a protegernos; el amor nos lleva a exponernos. Y solo quien se atreve a sentir el vértigo de amar sin condición, descubre que el mayor riesgo no es amar y ser herido, sino no amar nunca y quedar prisionero de uno mismo.
Tres ejercicios para meditar sobre el coraje de amar:
1- Observa tu vulnerabilidad: Dedica unos minutos a recordar una situación en la que abriste tu corazón y no fuiste correspondido como esperabas. ¿Qué aprendiste de esa experiencia? ¿Qué temes repetir? Respira con ello sin juicio.
2- Escucha sin responder: En una conversación cercana, practica escuchar sin pensar en tu respuesta. Solo escucha. Notarás cuánto cuesta soltar el control. Eso es amor en acción.
3- Ofrece algo sin esperar: Haz hoy un gesto amable por alguien sin esperar reconocimiento. Observa si surge impaciencia o deseo de aprobación. Eso también es entrenar el coraje de amar libremente.
Amar, en esencia, no es poseer ni ser poseído. Es estar disponible para lo que vive en el otro, sin perdernos a nosotros mismos. Es la más valiente de las danzas humanas.

26/05/2026
¿Siempre es AHORA?REFLEXIÓN Para el reloj, no siempre es ahora: hay ayer, hoy, mañana, edades, calendarios, proyectos, p...
25/05/2026

¿Siempre es AHORA?

REFLEXIÓN

Para el reloj, no siempre es ahora: hay ayer, hoy, mañana, edades, calendarios, proyectos, pérdidas. La historia humana entera está construida sobre esa línea: memoria del pasado, organización del presente, imaginación del futuro. Sin esa capacidad no habría lenguaje, agricultura, ciencia, ciudades ni promesas. El tiempo psicológico y social es una herramienta poderosa. También puede convertirse en una prisión. La humanidad ha acumulado información y poder, pero eso no garantiza sabiduría; seguimos preguntándonos quiénes somos y cómo vivir.

Pero la experiencia viva ocurre siempre en el ahora. Incluso recordar la infancia ocurre ahora. Incluso temer la muerte ocurre ahora. Incluso planear el próximo año ocurre ahora, como pensamiento, imagen, tensión corporal, deseo o esperanza. No hay otro lugar donde la vida pueda tocarse directamente.

La confusión aparece cuando la mente convierte el pasado y el futuro en una realidad absoluta. Entonces uno no ve la flor: ve “la flor que me recuerda a alguien”. No escucha a su pareja: escucha veinte años de heridas acumuladas. No mira la incertidumbre: mira una película anticipada de fracaso. Así, el presente queda cubierto por memoria y proyección.

Esto no significa negar el pasado ni descuidar el futuro. Sería absurdo no pagar una deuda, no cuidar la salud, no aprender de una equivocación. La cuestión es más sutil: ¿puede la mente usar el tiempo sin ser usada por él?

Hay una diferencia entre el tiempo práctico y el tiempo psicológico. El tiempo práctico dice: “mañana tengo una cita a las diez”. El tiempo psicológico dice: “mañana por fin seré alguien”, o “ayer me dañaron, por tanto soy eso”. El primero organiza. El segundo fabrica identidad, miedo y búsqueda interminable.

Desde una mirada existencial, el ahora no es sólo un instante; es el lugar de la responsabilidad. Nadie puede amar ayer. Nadie puede elegir mañana. La elección real, aunque esté condicionada por la historia personal, ocurre aquí: en esta palabra que se dice o se calla, en este gesto, en esta atención. Incluso cuando no se puede cambiar una situación, queda la posibilidad de elegir la actitud con que se la enfrenta.

Ejemplo sencillo:

alguien te critica. La reacción automática surge desde el pasado: defensa, ataque, justificación. Pero si hay un segundo de atención, se abre otra posibilidad. Escuchas la sensación en el cuerpo, la vergüenza, la rabia, el deseo de vencer. En ese ver sin huir, aparece libertad. No una libertad abstracta, sino una pequeña grieta en el mecanismo.

Tres ejercicios:

1- Durante un minuto, mira un objeto sin nombrarlo. Cada vez que aparezca una palabra, vuelve a mirar.

2 Cuando surja una preocupación, pregúntate: “¿Qué parte de esto está ocurriendo realmente ahora, y qué parte es
imagen?”

3- Antes de dormir, revisa el día y encuentra un instante en que estuviste plenamente presente. No lo juzgues; sólo reconócelo.

Sí: siempre es ahora. Pero descubrirlo no es repetir una frase hermosa. Es ver, instante a instante, cómo la mente escapa del ahora, y cómo la vida la invita suavemente a volver.

¿Soy adicto al pensamiento involuntario?REFLEXIÓNSí, la mayoría de nosotros —sin darnos cuenta— somos adictos al pensami...
22/05/2026

¿Soy adicto al pensamiento involuntario?

REFLEXIÓN

Sí, la mayoría de nosotros —sin darnos cuenta— somos adictos al pensamiento involuntario.
Es decir, a ese flujo constante de ideas, juicios, recuerdos y preocupaciones que se activa solo, sin que lo elijamos.
No pensamos… somos pensados.

La mente salta de un tema a otro como un mono inquieto.
Y aunque muchas veces ese pensamiento no sirve para resolver nada, lo seguimos.

¿Por qué?

Porque nos da una falsa sensación de control y ocupación.
Pensar se ha vuelto un hábito automático, casi como respirar.
Pero a diferencia de la respiración, el pensamiento descontrolado puede agotarnos, angustiarnos y alejarnos del presente.

Esta adicción al pensamiento no se ve como tal porque es invisible.
Pero sus efectos son reales: tensión, ansiedad, dispersión, falta de claridad.

Tres ejemplos prácticos:

1- Intentas descansar, pero la mente no para

Te acuestas en silencio, pero aparece un flujo incesante: lo que pasó, lo que no dijiste, lo que podrías haber hecho, lo que te espera mañana… Quieres descansar, pero la mente piensa sin tu permiso.

2- Estás con alguien, pero no estás presente

Mientras el otro habla, tú piensas en otra cosa. O juzgas lo que dice. O te preparas para responder. No estás escuchando con atención, estás atrapado en tus pensamientos.

3- Reaccionas antes de observar

Alguien te dice algo, y sin pensarlo, ya reaccionaste. Porque la mente ya tenía un juicio, un miedo, una historia. No hubo pausa, solo reacción automática.

Conclusión:

No hay que luchar contra el pensamiento.
Pero sí ver que cuando es involuntario y constante, no somos libres.
Y ver esto con claridad… es el primer paso para estar realmente despiertos.

¿Raramente estamos "ATENTOS" a "nuestra PRESENCIA"?.REFLEXIÓNRaramente estamos atentos a nuestra propia presencia. Vivim...
16/05/2026

¿Raramente estamos "ATENTOS" a "nuestra PRESENCIA"?.

REFLEXIÓN

Raramente estamos atentos a nuestra propia presencia. Vivimos, casi todo el tiempo, como si estuviéramos huyendo de nosotros mismos. No de manera dramática, sino sutil: en cada distracción, en cada pensamiento automático, en cada impulso por llenar el silencio, estamos ausentándonos de lo que somos en este instante. Hemos convertido lo cotidiano en una serie de funciones y tareas, y al hacerlo, nos convertimos nosotros mismos en funciones. ¿Pero quién es el que está viviendo? ¿Quién es el que respira, que siente, que piensa?

La atención verdadera no es un esfuerzo ni una técnica. Es una cualidad de presencia viva. No se trata de “vigilarse” o estar tensos ante uno mismo, sino de estar simplemente despiertos a lo que sucede —sin filtro, sin juicio, sin nombre. Cuando hay esa atención, la presencia no necesita ser afirmada: es.

Pero la mayoría del tiempo no estamos ahí. Estamos en el recuerdo de lo que fuimos, o en la proyección de lo que deberíamos ser. Incluso cuando creemos estar atentos, muchas veces esa atención está teñida de expectativas, de comparación, de miedo. Así, la presencia queda cubierta por capas de pensamiento. Lo curioso es que este olvido de uno mismo no puede ser corregido por más pensamiento. Solo se disuelve cuando se ve con claridad.

Ejemplos de esta falta de presencia:

1- Caminas por la calle pero estás planeando la conversación que tendrás por la tarde. Tus pies tocan el suelo, pero no sabes cómo. Estás allí, pero no estás presente.

2- Comes pero ya estás pensando en lo que harás después. La comida pierde sabor porque tu mente está en otro lugar.

3- Estás con alguien, pero estás revisando tu teléfono o recordando una vieja discusión. La persona está ahí, pero tú no.

Ejercicios para despertar la atención a tu presencia:

1- El instante del despertar:

Al abrir los ojos cada mañana, no te levantes de inmediato. Quédate unos segundos solo para sentir tu cuerpo, tu respiración. No pienses, solo observa: “Estoy aquí.”

2- La pausa consciente:

Detente varias veces al día por 30 segundos. No hagas nada. No busques nada. Solo nota: ¿Dónde estoy? ¿Qué siento? ¿Hay tensión? ¿Hay silencio?

3- Presencia en el cuerpo:
Lleva la atención a tu cuerpo mientras haces algo simple: lavarte las manos, beber agua, caminar. Siente cada movimiento sin describirlo. Solo siente.

Esta presencia a la que raramente atendemos no está lejos. No es una meta. Es lo más cercano, lo más inmediato. Y, sin embargo, vivimos como si no existiera. Estar atento a la presencia no es mirarse como un objeto, es ser, sin necesidad de definirse. Cuando eso ocurre, la vida deja de ser una carrera y se convierte en una revelación continua.

Y en esa presencia silenciosa —libre del deseo de ser alguien— se manifiesta algo que no puede ser capturado por palabras, pero que da sentido a todo lo demás.

¿Imaginar la sensación de mi cuerpo es pensarlo, no sentirlo?REFLEXIÓNExactamente. Imaginar la sensación del cuerpo no e...
04/05/2026

¿Imaginar la sensación de mi cuerpo es pensarlo, no sentirlo?

REFLEXIÓN

Exactamente. Imaginar la sensación del cuerpo no es sentirlo; es pensarlo.
Y esa distinción, aunque sutil, es absolutamente radical.

Sentir el cuerpo ocurre en el instante, sin intermediarios. Es inmediato, directo, sin interpretación. Es percibir el calor, la presión, el ritmo de la respiración, el latido del corazón, la tensión o la suavidad… sin pensar en ello. En cambio, imaginarlo es usar la memoria, la imagen mental, la idea del cuerpo, y eso ya pertenece al terreno del pensamiento.

Por ejemplo:

Cerrar los ojos y decir internamente “mi espalda está tensa” no necesariamente significa que estás sintiendo esa tensión. Puede ser solo una etiqueta mental, basada en experiencias pasadas o en una idea que tienes de ti mismo. Pero si llevas la atención al contacto directo con esa zona, sin palabras, y simplemente permaneces ahí… eso es sentir.

El pensamiento puede ser útil para señalar, para organizar, para comunicar. Pero cuando ocupa el lugar de la percepción, genera desconexión. Así, muchas personas “creen” que están en su cuerpo, cuando en realidad están en la idea de su cuerpo. Viven más desde la imagen de lo que sienten que desde la experiencia viva del sentir.

Esta desconexión tiene consecuencias: dificulta la autorregulación emocional, impide percibir señales sutiles de tensión o bienestar, y crea una vida corporal más mental que orgánica.

Recuperar el sentir es volver a habitarse. Y eso requiere silencio, pausa y curiosidad.


Tres prácticas para diferenciar pensamiento de sensación:

1- El escaneo sin palabras:

Recorre lentamente tu cuerpo con la atención, desde los pies hasta la cabeza, sin nombrar lo que encuentras. Solo permanece con cada zona durante unos segundos. Si aparece una etiqueta mental (“esto está duro”, “esto duele”), obsérvala y vuelve al sentir puro.

2- Sentir el peso:

Si estás sentado, lleva tu atención al contacto de tu cuerpo con la silla. No pienses “estoy sentado”, sino permanece con la presión, el calor, el soporte. Esa percepción directa te ancla al presente sin necesidad de concepto.

3- Toque consciente:

Toca lentamente tu mano con los dedos de la otra mano. Percibe el calor, la textura, la presión. Luego invierte. Observa cuándo aparece el pensamiento (“mi mano está fría”) y vuelve al sentir sin palabra.

Sentir no es pensar. Y cuando eso se descubre, el cuerpo deja de ser una idea y vuelve a ser hogar

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