14/06/2026
Un pouco de historia...
LAS INVASIONES VIKINGAS EN LA RÍA DE AROUSA
La primera invasión vikinga de la que se tiene constancia ocurrió a mediados del siglo IX (hacia el año 858). Los invasores desembarcaron por la parte norte de la ría con unas 100 embarcaciones llamadas drakkars, las cuales podían alcanzar una velocidad de diez nudos con viento del norte.
Estas tropas vikingas avanzaron hasta Iria Flavia, que todavía era la sede episcopal de la región. Al tener noticias de la invasión, los religiosos se refugiaron en Santiago de Compostela, ya que esta ciudad contaba con murallas. Aunque los compostelanos pagaron un tributo para evitar el asalto, los vikingos atacaron la ciudad de todos modos. Cuando la situación era caótica, llegó el conde Pedro con sus tropas y logró revertir la situación, causando tantos daños a los vikingos que, de las 100 embarcaciones que traían, solo les quedaron 60.
En el año 968, los vikingos zarparon de Normandía tras haber asaltado, asesinado, incendiado y robado cuanto encontraban a su paso. Al entrar en la Ría de Arousa, desembarcaron en A Bacariza y llegaron posteriormente a Iria Flavia. El obispo Sisnando (Sinaldo), que acababa de instalarse en la sede episcopal, hizo frente a los vikingos con sus fuerzas en Iria Flavia. En un principio, los defensores lograron que los vikingos retrocedieran, pero una flecha acabó con la vida del obispo. Su muerte descabezó a las tropas locales, lo que aprovecharon los vikingos para reagruparse y organizarse mejor.
A partir de ese momento, a orillas del río Louro (a unos 25 km de Santiago de Compostela), los invasores se extendieron por diversos lugares sembrando el pánico, matando e incendiando. Así, asaltaron y destruyeron el convento de San Xoán de Coba (en la ribera del Ulla), arrasaron la iglesia de Santa Eulalia de Cuntis y el monasterio de Cálogo, en Vilanova de Arousa, además de toda la zona sur de la ría. Sus incursiones llegaron incluso hasta Lugo, donde el obispo Hermenegildo (Hermelindo) agrupó una tropa para defender la ciudad. Al enterarse, los vikingos se desplazaron hacia el norte de Lugo, llegando hasta la ribera del río Masma, siempre entregados al pillaje y al incendio.
Para estas invasiones, el país no estaba preparado; solo existían las pequeñas patrullas de los señores feudales. Sin embargo, lo que sí funcionaba muy bien eran las comunicaciones. Si los vikingos entraban en la Ría de Arousa, en muy poco tiempo ya se sabía en Santiago gracias a las columnas de humo (de día) y las hogueras (de noche). El aviso se transmitía en cadena: primero desde el torreón situado en A Lanzada, luego a la isla de San Sadurniño (en Cambados), de aquí al castillo del Monte Lobeira, después a las Torres do Oeste (en Catoira), de ahí al Monte del Faramello y, finalmente, a Santiago.
Al llegar Diego Gelmírez al cargo de arzobispo de Santiago de Compostela en el siglo XII, decidió que era necesario construir una pequeña escuadra para hacer frente a estas incursiones. Como en Galicia no había personal preparado para la construcción naval, envió una delegación a Italia (Pisa y Génova) para contratar a carpinteros de ribera capacitados, así como al piloto genovés Augerio para dirigir las dos primeras embarcaciones, llamadas birremes. Estas naves tenían 40 metros de eslora, 2,50 metros de puntal y 4 metros de manga; contaban con 100 remeros que al mismo tiempo eran guerreros, y llevaban un espolón de hierro en la proa para embestir a los barcos contrarios. Gracias a estas embarcaciones cesaron las invasiones, ya que, ante el temor de ser vencidos, los asaltantes optaron por buscar otras regiones con menores riesgos para sus tropas.
Fuente : "Galleacia-Scandinavica" de Vicente Almazán y cuadernillo de Fernando Alonso Romero