30/10/2026
Karl Jansky: el ingeniero que escuchó la Vía Láctea. O la historia de cómo se llegó a la Radioastronomía a partir de las interferencias del teléfono.
En 1932, un ingeniero de los laboratorios Bell estaba investigando las interferencias que dificultaban las comunicaciones telefónicas transatlánticas. Se llamaba Karl Jansky y, sin proponérselo, acabaría descubriendo una herramienta completamente nueva para observar el Universo: la Radioastronomía.
Para localizar el origen de aquellas interferencias construyó una antena direccional giratoria de unos 30 metros de longitud y 6 de altura, diseñada para recibir ondas de radio de 20,5 MHz (equivalentes a una longitud de onda de 14,6 metros); montada sobre ruedas, podía girar para determinar de qué dirección procedían las señales.
Jansky identificó tres tipos de interferencias: las producidas por tormentas cercanas, las de tormentas lejanas y un misterioso siseo continuo de intensidad variable según la orientación de la antena. Durante meses registró esta última señal y descubrió algo desconcertante: su máximo aparecía cada día unos cuatro minutos antes que el anterior; es decir que su periodo era de 23 horas y 56 minutos.
¡Esto era un día sidéreo! el tiempo que tarda la Tierra en completar una rotación respecto a las estrellas, lo que le llevó a descartar fenómenos terrestres como origen de esa radiofuente y también se separaba de la dirección del Sol: la señal procedía del espacio.
En 1933 anunció, en el New York Times, que la radiación nos llegaba desde el centro de nuestra galaxia, situándose en la dirección de Sagitario; estaba detectando ondas de radio procedentes de la Vía Láctea, algo que ningún telescopio óptico podía registrar.
Hoy sabemos que buena parte de esta emisión galáctica se debe a electrones relativistas que se desplazan por campos magnéticos y producen radiación sincrotrón. También existen emisiones de gas ionizado y otros procesos físicos que los radiotelescopios permiten estudiar.
El descubrimiento abrió la radioastronomía, aunque Jansky no pudo continuar investigándolo como habría deseado. Fue Grote Reber quien, pocos años después, construyó su propio radiotelescopio y comenzó a cartografiar el cielo en ondas de radio.
Actualmente estudiamos mediante radioastronomía el hidrógeno interestelar, los púlsares, las galaxias activas y las regiones ocultas por el polvo cósmico.
En su honor la unidad de densidad de flujo espectral utilizada en radioastronomía lleva su nombre: un jansky (Jy), equivalente a 10⁻²⁶ W/m²/Hz.
Todo porque había interferencias en el teléfono.... ¿Qué os parece esta serendipia?