09/09/2026
SE ACABÓ EL VERANO.
PERO TÚ SIGUES BEBIENDO.
Durante las vacaciones todo parecía tener una explicación.
Estabas de vacaciones.
Una cerveza por la mañana no era para tanto.
Al mediodía hacía calor.
Por la tarde estabas con amigos.
Por la noche había que disfrutar.
Y mañana… mañana ya veríamos.
Pero el verano terminó.
Volviste a casa.
Volviste al trabajo.
Volvieron los horarios.
Pero tú no volviste al consumo de antes.
Antes comprabas cuatro.
Ahora compras seis.
Has quedado con tus amigos para tomar unas cervezas, pero antes de llegar ya te has bebido cuatro o cinco.
No quieres que sepan cuánto necesitas beber.
Empiezan a temblarte las manos y ya sabes qué hace que dejen de hacerlo.
Otra cerveza.
No tienes dinero, pero encuentras la manera.
Pides fiado.
Antes de entrar en casa: colirio.
Chicle de menta.
Compruebas el aliento.
Y empiezas a esconder botellas.
En el maletero.
En la caja de herramientas.
En una papelera.
En el buzón.
Incluso en el armario de tus hijos.
Sabes qué gasolineras venden la cerveza más fuerte.
Sabes qué tienda cierra más tarde.
Y cuando necesitas abrir una lata sin que nadie se entere…
toses.
Parece una gilipollez.
Hasta que un día te das cuenta de la cantidad de cosas que estás haciendo simplemente para poder seguir bebiendo.
Mientes.
Escondes.
Calculas.
Anticipas.
Bebes antes de beber.
Y cada vez buscas más momentos para hacerlo solo.
Ya no te estás alejando de la gente porque quieras estar tranquilo.
Te estás alejando porque a solas nadie controla cuánto bebes.
Si has llegado hasta aquí y en algún momento has pensado:
«Joder. Esto lo hago yo».
No esperes a que vaya a más.
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AGAS — Getafe
Asociación Getafense de Alcohólicos en rehabilitación.
No estamos aquí para juzgarte.
Sabemos de qué estás hablando porque nosotros también hemos estado ahí.