02/11/2026
Hoy nuestro pueblo ha perdido uno de sus pilares.
Y hay frases que, por mucho que se escriban, nunca alcanzan a explicar lo que duele pronunciarlas.
Fidelina se nos ha ido.
Se ha ido una mujer de esas que parecen eternas. De esas que uno cree que siempre van a estar ahí, porque han estado toda la vida. Una mujer cuyo nombre está unido inevitablemente a nuestro pueblo, a nuestras costumbres, a nuestras fiestas y a nuestra gente.
Porque hablar de Fidelina no es hablar simplemente de alguien que participaba o ayudaba.
Fidelina era pueblo.
Era de esas personas sobre las que, casi sin darnos cuenta, se construye la vida de una comunidad.
Sus manos sabían de trabajo, de tradición, de esfuerzo y de generosidad. Manos que tantas veces trabajaron sin esperar nada a cambio. Manos que enseñaron a otras manos. Manos que hicieron flores, prepararon, ayudaron y cuidaron aquello que pertenecía a todos.
Y hoy esas manos descansan.
Mirar estas fotografías duele.
Duele verla ahí, sentada entre nosotros, rodeada de flores, como tantas otras veces. Concentrada en lo suyo, formando parte de algo que para ella era completamente natural: hacer por su pueblo.
Quizás entonces no éramos conscientes de que estábamos guardando recuerdos que algún día serían tan valiosos.
Hoy lo somos.
Porque llegará el momento de volver a preparar nuestras fiestas. Volveremos a sentarnos alrededor de una mesa, volverán a aparecer los papeles, las flores, los preparativos, las prisas y las conversaciones…
Y entonces la ausencia de Fidelina tendrá nombre.
Faltará ella.
Faltará su sitio.
Faltarán sus manos.
Faltará su voz.
Faltará su manera de estar.
Pero habrá algo que nunca podrá faltar: todo lo que nos dejó.
Porque cuando una persona ha entregado tanto de sí misma a su pueblo, no desaparece cuando se marcha.
Permanece.
Permanece en las costumbres que ayudó a conservar, en aquello que enseñó, en las personas que aprendieron a su lado, en cada rincón donde dejó un recuerdo y en cada fiesta en la que puso un pedacito de sus manos y de su corazón.
Fidelina no necesitó ningún título para ser importante.
El título se lo dio su gente.
Fue una de esas mujeres que sostienen un pueblo desde abajo, en silencio, generación tras generación, haciendo que las tradiciones no se pierdan y que los más jóvenes sepan de dónde vienen.
Por eso hoy no despedimos únicamente a Fidelina.
Despedimos una parte de nuestra historia.
Y desde la Comisión de Fiestas de San Antonio de Padua sentimos que también perdemos una parte de nosotros.
No sabemos cómo agradecer toda una vida en unas pocas palabras.
Solo podemos prometerte algo:
Mientras sigamos reuniéndonos, mientras nuestras fiestas continúen celebrándose, mientras unas manos enseñen a otras a mantener nuestras tradiciones y mientras alguien pronuncie tu nombre al recordar cómo se hacían las cosas antes… tú seguirás estando aquí.
Gracias, Fidelina.
Gracias por ser raíz.
Gracias por ser tradición.
Gracias por ser memoria.
Gracias por ser ejemplo.
Gracias por ser hogar.
Pero, sobre todo…
gracias por ser uno de los grandes pilares de nuestro pueblo.
Hoy La Medida–Pájara llora tu ausencia, pero tendrá siempre el orgullo de haber contado contigo como parte de su historia.
Descansa en paz, Fidelina. 🕊️
Hay personas que pasan por un pueblo.
Y hay personas, como tú, que se convierten para siempre en parte de él.
Con todo nuestro amor, respeto y gratitud,
Comisión de Fiestas San Antonio de Padua
La Medida–Pájara