27/05/2026
FIESTA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE DE LOS QUEMADOS
La Virgen del Cobre se encuentra en la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, y fue declarada patrona de Cuba en 1916.
Cuenta la leyenda que tres pescadores fueron a buscar sal a la Bahía de Nipe cuando se desató una tormenta que puso en riesgo la pequeña embarcación y a sus tres tripulantes. Entre el ruido del viento y el golpe de las olas, elevaron sus plegarias suplicando protección.
De repente, la tormenta cesó y flotando sobre el agua descubrieron una imagen: era la Virgen del Cobre.
En el corazón del Barrio de Los Quemados, un vecino, padre de Doña Antonia Cabrera Hernández, conocida como “Delfina”, llegó desde Cuba durante la época de migración del siglo XIX, trayendo consigo la devoción de la Virgen.
Esa devoción se convirtió con los años en una gran Fiesta comunitaria en la “Plaza de la Amistad”, un lugar que cada año se transformaba en un mundo lleno de alegría, aromas, colores y sonidos.
La plaza en Fiesta se llenaba de vida.
Los caballos fuscos, orgullosos y coloridos, desfilaban al ritmo de la polka y de los aplausos de los vecinos. Animaban la celebración con su porte y sus colores llamativos, llenando la plaza de alegría.
En la carrera de sortijas “bicicleta”, los competidores pedaleaban con concentración, intentando encestar la sortija mientras el público los animaba. Cuando ganaban, sus esposas les entregaban los premios, y en esos gestos sencillos se respiraba cariño, orgullo y unidad familiar.
La merienda de negros (“chocolatada”) era un espectáculo en sí mismo. Dos participantes con los ojos vendados se daban de comer churros y chocolate, y casi siempre terminaban todos manchados, provocando risas y diversión entre los vecinos.
Los cabezudos, con sus cabezas grandes y sus expresiones peculiares, aparecían moviéndose entre la gente y causando carcajadas de vecinos de todas las edades. Cada gesto o movimiento despertaba fascinación y alegría, y los niños los seguían con atención mientras la risa se extendía por toda la plaza.
A lo largo del día, el pasacalle llenaba las calles de música, movimiento y color, con los Caballos Fuscos y los Cabezudos.
Y cuando llegaba la noche, la verbena continuaba con música, baile y conversaciones entre vecinos, cerrando cada jornada con la sensación de comunidad viva y cercana.
Entre las actividades también se representaba una obra de teatro muy esperada por todos, llamada “Amor Campestre”, que añadía emoción y cultura a la celebración. Entre muchos números más y actividades, los vecinos poco a poco nos los van narrando según los recuerdan, siempre con mucho cariño y entrañables recuerdos familiares del barrio.
Último día: Solemnidad y devoción
El último día de la celebración estaba reservado a la fe y la devoción. La procesión se iniciaba desde la casa de Doña Fina y recorría las calles del Barrio hasta llegar a la Plaza de la Amistad, donde vecinos y vecinas aguardaban con respeto y emoción.
La loa, un canto dedicado a la Virgen, llenaba de solemnidad el ambiente. El Cuadro Plástico recreaba el diálogo entre los tres pescadores y la Virgen, acercando la leyenda a los vecinos con dramatismo y respeto. En esta representación, el barco donde viajaban los pescadores era conocido cariñosamente como “Ciempiés”, nombre que despertaba sonrisas y complicidad entre quienes año tras año presenciaban la escena.
La procesión recorría la plaza, mientras la misa culminaba la fiesta, uniendo a todos los vecinos en oración, gratitud y reflexión.
Toda la celebración combinaba risas, colores y movimiento con momentos de recogimiento y devoción. Desde las bromas y juegos de los niños hasta la solemnidad de la misa final, la fiesta era un evento inolvidable, lleno de unión, alegría y cercanía, que aún hoy los vecinos recuerdan con cariño y nostalgia.