11/05/2026
Todavía estamos tratando de poner nombre a todo lo vivido el viernes...
Y mientras lo hacemos, sentimos una necesidad enorme de dar las gracias.
Gracias a todas las personas que nos habéis escrito, abrazado, felicitado, sostenido y acompañado.
Porque aunque muchas no estabais físicamente allí, de alguna manera sí estabais.
En cada conversación previa, en cada mensaje de ánimo, en cada gesto de confianza, en cada vez que creísteis que esto merecía la pena.
Esto se va convirtiendo cada vez en una comunidad más numerosa.
Una red de personas que nos da fuerza, energía y sentido para seguir empujando esta pequeña revolución.
Una revolución que nace del amor, pero también del cansancio.
De la necesidad urgente de generar conciencia, comunidad y responsabilidad compartida sobre la vida de tantas personas atravesadas por situaciones de discapacidad y vulnerabilidad.
Porque esto no puede seguir siendo una carga sostenida solo por algunas familias, algunos profesionales o algunas entidades.
Esto es cosa de todas.
Las jornadas fueron también un grito de socorro, y un “basta ya”.
Pero sobre todo fueron una invitación a mirar, a implicarse y a construir juntas otros modos de estar, de cuidar y de convivir.
Queda muchísimo por hacer.
Y sí, a veces es agotador.
Pero días como el viernes nos recuerdan que no estamos solas.
Y que cuando una comunidad se mueve desde el respeto, el cuidado y la convicción… algo empieza a cambiar.
Gracias por caminar con nosotras.