10/03/2026
¿Qué otra opción tenemos?
no sé si recuerdas que, hace algunos días,
te envié una frase tomada de la cultura budista que dice:
“No se puede ver con claridad a través de una ventana sucia.”
¿No será momento de limpiarla?**
La historia original viene de China, dinastía Tang, siglo VII.
El quinto patriarca, Hongren, estaba ya bastante mayor y buscaba un heredero digno que pudiera mantener la tradición Chan fiel a su práctica y a su comprensión (que en realidad son una sola cosa).
Para decidir quién sería el elegido pidió a sus discípulos que escribieran un poema que reflejara —nunca una palabra fue tan apropiada— el espíritu de lo que más tarde, en Japón, se llamaría Zen.
Uno de sus estudiantes, Shenxiu, un excelente y humilde monje, escribió:
El cuerpo es el árbol de la bodhi
La mente es como un espejo claro
Hay que limpiarlo constantemente
para que el polvo no se pose en él.
¡Oooooohhh!
Espectáculo.
Aplausos, trompetas, confeti.
¿Quién podría describir mejor el alma de esta práctica?
El público en las redes sociales de la época… enloquecido.
Pero había también otro monje, Huineng.
Analfabeto.
Callado.
De esos que casi no se notan.
Y escribió:
Bodhi no es un árbol.
El espejo no tiene soporte.
Desde el principio no hay nada.
¿Dónde podría posarse el polvo?
Todos se quedaron con la boca abierta.
¿Pero qué ha dicho?
¡Yo qué sé!
El poema de Shenxiu, que fue rechazado,
decía que la práctica consiste en limpiar continuamente
el espejo para quitar el polvo de los pensamientos
y de las acciones ilusorias,
hasta que vuelva a brillar.
El otro poema, el de Huineng
—que reveló al quinto patriarca la profunda comprensión del que sería designado como su sucesor—
afirma que desde el principio
no hay ningún espejo,
ninguna superficie que limpiar
ni ningún lugar donde el polvo pueda posarse.
Y aquí aparece el verdadero protagonista,
como tantas veces en la cultura zen:
la paradoja.
Escucha bien.
Aunque la verdadera comprensión esté contenida en las palabras del futuro sexto patriarca,
el gran paradojo es que tenemos que trabajar con el poema que fue rechazado.
Tenemos que limpiar el espejo.
Tenemos que volvernos conscientes de nuestros pensamientos
y de nuestras acciones.
Tenemos que darnos cuenta
de nuestras reacciones falsas ante la vida.
Solo así podremos ver que el callejón sin salida del miedo ha sido,
desde el principio,
una ilusión.
Es evidente que no hace falta luchar contra una ilusión para deshacerse de ella.
Pero no podemos comprender esto
si no limpiamos el espejo una y otra vez.
Y aquí aparecen los listillos.
Siempre hay alguien que dice:
“No hace falta hacer nada.
No hace falta ninguna práctica, ningún trabajo de limpieza.
Si se ve con claridad, todo ese esfuerzo es un contrasentido.”
El problema es que no vemos con claridad!.
Y por eso creamos confusión en nosotros mismos y en los demás.
Tenemos que practicar.
Tenemos que limpiar el espejo hasta conocer,
de manera visceral, la verdad de nuestra propia vida.
Entonces entenderemos que,
desde el principio,
nada era necesario.
La vida siempre ha sido abierta,
espaciosa y fértil.
Pero no nos engañemos:
hace falta una práctica sincera para poder ver las cosas
con la misma claridad con la que vemos nuestras propias manos.
A veces la práctica de autoconocimiento
—ya sea a través de la meditación,
la respiración o de las Medicinas Ancestrales con las que trabajamos
— puede resultar difícil y desalentadora.
Pero la cuestión es siempre la misma:
¿qué otra opción tenemos?
O morimos —porque si permanecemos demasiado tiempo en el callejón sin salida del miedo, acabará asfixiándonos—
o empezamos a comprender poco a poco,
experimentando ese callejón sin salida
y atravesándolo.
Yo no creo que tengamos mucha elección.
¿Tú qué piensas?