14/09/2025
Nunca imaginé que un viaje a Marruecos acabaría convirtiéndose en una de las experiencias más duras de mi vida. Me robaron el móvil y, de pronto, me quedé sin la única forma de estar en comunicación con mi familia y mis amistades. Me sentí completamente sola, perdida, y sin poder explicar dónde estaba ni qué ocurría; además, de no conocer el idioma que lo hizo aún más difícil.
Pasé noches durmiendo en la playa, al raso, con miedo, sin saber a quién acudir. El silencio de la oscuridad pesaba más que el frío de la arena. Pensaba en mi familia, que seguramente estaría desesperada buscándome, y esa idea era lo único que me mantenía en pie.
Cuando ya todo parecía imposible, apareció la ayuda. Las autoridades marroquíes, la asociación SOS Desaparecidos y su delegación en Ceuta, y los voluntarios de Protección Civil de Ceuta —esa familia naranja— se movilizaron por mí, aunque ni siquiera me conocían. Fue vital el apoyo de una ONG de Río Martín y crucial la presencia de Yassini, que desde Marruecos abrió caminos para que me encontraran, así como el cariño de Sabah, que me dio un techo y calor humano cuando más lo necesitaba.
Tampoco quiero olvidar de nuevo a los voluntarios de Protección Civil que fueron hasta Río Martín a buscarme, y gracias a ellos pude llegar a Ceuta. En ese momento comprendí que no estaba sola: que había una cadena de personas tendiéndome la mano.
Hoy, al fin, estoy de nuevo en Algeciras, abrazada a mi familia. Lo que he vivido me ha enseñado que la solidaridad no tiene fronteras y que, cuando las personas de corazón se unen, todo es posible. El lema no es solo una frase: es la razón por la que hoy puedo contar mi historia con un final feliz.
A. Voluntarios Protección Civil de Ceuta