31/01/2026
Fuente: National Geographic.
Por la llanura volcánica del Campo de Calatrava no se ven leones persiguiendo a cebras, pero hay un cable delgado que la conecta con la también volcánica pradera del Serengueti. Aquí la “estación seca” también es polvorienta y amarilla, pero después de una buena época de lluvias, la planicie se empieza a inundar y reverdece. Es entonces cuando, lo que antes parecía un simple terraplén, se entiende que es el antiguo meandro de un río increíblemente ancho que se domesticó hasta desecarlo. Hablamos del Guadiana, cuyo curso sirvió durante siglos de foso natural a una de las más importantes ciudades de al-Ándalus.
Todo el mundo lo conoce como el castillo de Calatrava, pero en realidad hablamos de una ciudad, y más concretamente de una ciudad en guerra. Durante los siglos XII y XIII cambió varias veces de manos musulmanas a cristianas, época en la que sufrió sus mayores reformas. Los estudios han concluido que aquí debía encontrarse el mayor arsenal de la España medieval, a juzgar por las más de 20.000 piezas metálicas que se han documentado a lo largo de tres décadas de excavaciones, entre puntas, virotes, dardos… También ha aparecido un misterioso ábside templario inacabado y varios tesoros enterrados que dejan volar la imaginación.
Una ciudad fronteriza en guerra, entre Toledo y Córdoba
La primera orden militar hispánica, creada para luchar contra los musulmanes y asegurar las fronteras y la repoblación tras la Reconquista, paradójicamente lleva el nombre de un señor árabe. El topónimo Calatrava procede del árabe Qalʿat Rabāḥ, que significa “la fortaleza de Rabah”. Su primera mención data del año 785, cuando ya debía ser una importante ciudad fortificada, algo así como la capital del extenso valle del Guadiana, que permitía el control del vado y de los caminos que comunicaban Toledo con Córdoba. En el año 1147 la conquistó Alfonso VII de Castilla, tras lo cual permaneció durante un breve periodo de tiempo bajo control de los Templarios. Otra fecha fundamental es 1158, año en que se constituyó aquí la orden de Calatrava, la primera de las cuatro grandes órdenes militares hispánicas.
Los caballeros de la orden de Calatrava fallaron en su cometido de proteger la ciudad y, en el año 1195, tras la derrota castellana en Alarcos, los almohades recuperaron la plaza y la transformaron definitivamente para la guerra. Las excavaciones documentan una gran reforma defensiva almohade en la que aparecen nuevas murallas en el alcázar y se reordena el foso como respuesta a la presión militar cristiana. Luego, en el año 1212, aquí tuvo lugar el primer acto de la campaña de Las Navas de Tolosa, cuando regresó definitivamente a manos cristianas. De esta época crítica datan la mayoría de armas y proyectiles encontrados en el yacimiento que fundamentan que el castillo era el gran arsenal de la Hispania musulmana.
Más tarde, Calatrava la Vieja se convirtió en cuartel general de una de las instituciones militares más poderosas de Castilla, pero enseguida el poder comenzó a trasladarse al también interesantísimo castillo de Calatrava la Nueva, hasta que terminó abandonado en el siglo XV.
El parque arqueológico de Calatrava la Vieja
Hace tan solo tres décadas, apenas emergía un pequeño tramo de la muralla principal de este complejo al que la gente de la zona llamaba el “castillo de los calatravos”. Algunos la utilizaban para enseñar a escalar y a rapelar a sus chiquillos, en una tierra huérfana de montañas y acantilados; la sobriedad y humildad típicamente castellanas les impedía imaginar que bajo la tierra arcillosa que colmataba todo aquel altiplano, se escondía un alcázar y una medina rodeados por una muralla de 1,5 km con 44 torreones y una serie de accesos en recodo. También un rarísimo ábside dodecagonal inacabado, atribuido al breve paso de los templarios por la fortaleza, y que describe a la perfección cómo aquí, en un enclave de frontera, la tónica general eran los cambios de planes, las tensiones territoriales y las fases interrumpidas.
Otra cuestión típicamente fronteriza son los “tesorillos” que se han encontrado enterrados en la propia fortificación o en campos de cultivo aledaños. Al ser un lugar que tendía a cambiar de manos, cuando acechaban los peligros, la gente ocultaba sus bienes más preciados a la espera de que escampara el temporal. A veces sus dueños no podían regresar a recuperarlo o incluso morían sin haberle dicho a nadie dónde se encontraban. Desde la década de 1960 se han encontrado hasta cuatro de estos tesoros (que en lenguaje técnico llaman “ocultaciones”), dos de período omeya emiral, datados en el siglo IX, y dos de época castellana, datados en el siglo XIII. Por eso, el yacimiento ha inspirado leyendas de tesoros escondidos, saqueos y escondites de riquezas en tiempos turbulentos de la Reconquista.
En definitiva, el yacimiento de Calatrava la Vieja es un manual al aire libre que permite explicar cómo era una fortificación de frontera a través de su foso hidráulico, su alcázar y los restos del trazado urbano de la vieja medina; una península defensiva desde la que podemos explorar el paisaje volcánico del Campo de Calatrava, reconocido por la Unesco en 2024 como Geoparque Mundial.
Fuente: National Geographic.