26/05/2026
Durante años nos llamaron las locas de los gatos por alimentarlos, por cuidarlos, ahora sin nosotras, ninguna ciudad puede resolver el problema.
Mi nombre es Mila por muchos años recorría las colonias de mi pueblo, empecé con una, donde un vecino tiró a su gatita con sus bebes al contenedor de la basura. Con Tigri y sus hijos empezó todo, poner comida, sufrir por ellos, si no los veía, los envenenamientos por parte de un vecino, tirarme la comida y el agua, mucho sufrimiento psicológico que poco a poco hicieron mella en mi salud, acrecentando el dolor físico y mental.
Cada día cogía mi coche cargado de jaulas, trasportines, sacos de comida y garrafas de agua, no hago otras cosas en todo el día.
De esas colonias, del principio el ayuntamiento de Canyelles mi pueblo donde vivo, me cerró colonias, y se tuvieron que reubicar a los gatos, por aquel entonces, varios voluntarios se marcharon a vivir a otras ciudades y me tuve que hacer cargo de todos esos gatos y llevarlos a una zona donde habilitamos para que pudieran tener una vida digna. No hace mucho tenía 300 gatos a mi cargo, actualmente con el paso del tiempo van falleciendo y ahora me encargo de alrededor de 250 gatos, todos esterilizados, eso sí por el ayuntamiento, ya que por aquel entonces y antes de la Ley de Bienestar Animal 7/2023 nosotros ya aplicábamos el método CER,
después con el tiempo las cosas han cambiado mucho, pero no para mejor.
Cada día la escena se repite, frio, calor, lluvia, cansancio, sin nadie que preguntara, solo la certeza de que los gatos callejeros, hoy llamados gatos comunitarios, dependían de ese gesto mio.
Por muchos años he vivido el conflicto entre la realidad de la calle, la lentitud de las instituciones, entre el cuidado invisible y la falta de reconocimiento, el endeudamiento económico, y el sufrimiento psicológico y físico, un desgaste en muchos sentidos.
En mi vida no hubo un momento en el que yo decidiera acércame a los animales de la especie que fueran, sino que siempre estuve ahí.
Ya en la aldea de Nogueiroa en Galicia todos los veranos, yo los pasaba rodeada de las vacas, los terneros, los cerditos, los perros y los gatos de toda la aldea, me gustaba andar descalza por la naturaleza, ir al rio, con el perro de mis tíos, y no era una anécdota aislada, era una forma de estar en el mundo, un impulso ,que me llevaba a acercarme a los animales, a querer tocarlos, a cuidar.
Con el tiempo ese impulso se fue trasformando en algo más consciente, pero la raíz es esa sensibilidad mía que no se apaga.
En casa siempre hemos tenido animales, lo cual normaliza esa relación, yo cuidaba de las gallinas, las metía en el carro de las muñecas. Pero el salto importante de mi vida no fue convivir con animales en casa, llegué a tener 40 perros, el salto fue entender lo que pasa fuera en la calle, donde no hay protección y donde todo depende de decisiones individuales.
El rescatar a Tigri y sus bebes, eso ya te abre los ojos, ves el sufrimiento, ves la saturación, porque cuidar de las colonias no es algo puntual, no es un rescate, no es un caso aislado, es ir todos los días, es una responsabilidad, un compromiso diario, que no entiende de fines de semana, ni de vacaciones, es ir siempre, observar, alimentar, controlar, capturar, visitas la veterinario, tomar decisiones. Y ahí entiendes que no estás ante un problema anecdótico sino ante un sistema complejo que nadie está gestionando de forma estructurada, que tu estás financiando con tus recursos económicos personales el trabajo que las administraciones locales, tu ayuntamiento no hace, y no te valora, nunca un gracias por tanta labor.
La soledad, la sensación de que hay muchas personas haciendo lo mismo que yo, pero cada una por su cuenta, sin coordinación, sin respaldo, sin reconocimiento, con la incomprensión social, porque muchas veces nosotras que estamos dedicando horas, recursos propios, energía emocional somos percibidas como parte del problema. Se nos acusa de generar suciedad, de atraer animales de otras especies, de molestar, y eso es muy duro, porque tu sabes que sin ese trabajo, la situación sería mucho peor, pero no tenemos herramientas para demostrarlo. Todo se queda en percepciones, en opiniones , en conflictos.
Yo siento que hay un desequilibrio entre el esfuerzo que hago yo y el que hacen otras compañeras y el reconocimiento que se recibe.
Una colonia bien gestionada con el método CER, captura, esterilización y retorno, reduce su población, mejora la salud de los animales y disminuye los conflictos vecinales.
LA ley 7/2023 Obliga a los Ayuntamientos a gestionar las colonias felinas colaborando con el voluntariado y las Asociaciones, pero una ley por si sola, no cambia la realidad de esta situación, hace falta implementarla, dotarla de herramientas, de recursos y de cultura de colaboración, y ahí es donde hay mucho camino por recorrer, esto solo funcionará si el voluntariado y la administración entienden que no son adversarios sino aliados.
Actualmente mi vida gira en torno de la atención de esos 250 gatos, sin voluntarios, sin recursos económicos, en lucha con la administración para que se haga un presupuesto para atender las necesidades de los animales del municipio, para que se paguen las facturas, el dinero personal adelantado, cansada, agotada física y mentalmente de tanta lucha, con enfermedad, con operaciones pendientes, con el cuidado de mi familia.
Aquella niña que hay en mi, sigue mirando a cada animalito de la especie que sea con todo el amor que siempre he tenido para ellos, llorando por cada uno que se va, sufriendo por cada uno que se enferma, pero con la conciencia tranquila que les doy todo lo que tengo hasta su ultimo suspiro.
Una compañera compuso una canción que me hace llorar cada vez que la escucho, su letra dice:
No son suyos pero sin ellas no están
Ellas se acuestan en silencio rezando sin hacer ruido, pidiendo que al día siguiente estén vivos,
cruza los dedos si alguno camina raro al venir,
el miedo le va comiendo lo que intenta resistir, que no sea eso por favor, que no tenga ese final, que no sea nombre de enfermedad, que no puede pagar.
porque curar duele menos que verlos desaparecer, pero hay batallas tan caras que no se pueden vencer.
Y si uno no viene a comer, ya no descansa en todo el día, lo ha pillado un coche o se ha quedado sin salida, o está tirado entre matorrales, o alguien lo hizo desaparecer, y la cabeza le revienta, no la deja ni perder, y aún así cada mañana se levanta si fallar, porque si ella no está nadie va a estar.
Carga latas, carga miedo, carga rabia, carga realidad, mientras otros desde lejos solo saben señalar.
No eran suyos pero ahora quién los va a alimentar,
y si ella un día no regresa, nadie más va a estar.
Y si un día no estoy quien vendrá hasta aquí, quien les pondrá comida, quien va velar por ti , quién contará sus pasos, quien los va a proteger , quien va a mirar sus ojos cuando yo no pueda volver.
Todo empieza pequeño uno o dos al pasar, sin darte casi cuenta ya no puedes parar, ya no solo es alimentar, es mirar desde el alma y saber que están ahí aunque nadie diga nada, se reconocen en silencio desde lejos sin hablar, y en sus ojos hay un gracias que no se puede explicar, y el ciclo de la calle no se deja de romper jamás, y el dolor se multiplica si nadie quiere actuar.
Porque cuidar una colonia, es cuidar la realidad, y hay manos que no pueden aunque el alma sigue en pie, cuerpos cansados saben pero no alcanzan a hacer, porque no es solo quererlos es poderlos sostener, poner jaulas esperar horas y volver a renacer, y aunque la ley lo diga, nadie quiere responder, y ellas siguen cargando lo que nadie quiere ver.
En la fabrica olvidada, donde nadie quiso entrar, una colonia entera no deja de aumentar al borde de la carretera donde todo puede acabar, mueren desaparecen, sin que nadie quiera mirar, y ella no puede más, lo lleva en su interior, a pensado en irse lejos porque pesa demasiado amor.
Y hay quién cuida de 200 sin parar, sin descanso, sin respiro, solo amor para dar, y cuando llega la PIF (peritonitis infecciosa felina)
con su forma de matar, no solo duele el alma, también el poder pagar, tres mil euros por vida, meses duros de luchar, inyecciones de esperanza contra todo lo demás .
y luego nadie lo quiso ver, enfermo en la calle dejándose caer, casi muere atropellado cuando al fin llego la voz pero el tiempo ya corría contra su corazón, no llegó ni un mes en casa su cuerpo se apagó pero se fue con un nombre, y alguien lo amó.
No solo es darles comida, es sostener la verdad,
es cuidar lo invisible que nadie quiere mirar.
Y si un día no estoy quien vendrá hasta aquí
quien les pondrá comida
quien va a velar por ti
y aunque nadie lo vea
ellas siguen sin parar
porque el mundo se olvida pero ellos siguen igual.
No es caridad, es justicia,
No es locura, es dignidad.
Y si ellas sueltan las manos, todo se cae sin mas.
(crédito de la canción Mónica Alma)