Logia Obreros de Hiram nº 24

Logia Obreros de Hiram nº 24 Respetable Logia Regular Obreros de Hiram nº 24 en Cádiz de la Gran Logia de España http://www.oh24.e

Masonería Cádiz Rito Escocés Antiguo y Aceptado Gran Logia Provincial de Andalucía Gran Logia de España

02/03/2026
Al principio, el maná descendía como un regalo incondicional. No exigía méritos ni conquistas. Alimentaba exactamente lo...
23/12/2025

Al principio, el maná descendía como un regalo incondicional. No exigía méritos ni conquistas. Alimentaba exactamente lo que debía alimentar: lo necesario, no el deseo. Su sencillez era su perfección. Enseñaba silenciosamente que la verdadera vida no se acumula, sino que se recibe con confianza en el día presente.

Pero el hombre soporta mal el don puro. Lo que es gratuito le inquieta, porque no encuentra en ello ningún poder que ejercer. El maná, al no halagar ni el orgullo ni la codicia, fue juzgado pobre, insípido, indigno de la desmesura interior que comenzaba a crecer. Los ojos se hicieron más grandes que el estómago. Como la rana frente al buey, el hombre quiso ampliar lo que no podía ampliarse sin romperse. Confundió plenitud con exceso, grandeza con hinchazón.

Así, el maná fue maldecido, no con palabras, sino con una mirada deformada. No es el don lo que se corrompe, sino la relación con el don. Lo que debía alimentar la confianza se vio obligado a saciar la codicia. Lo que era acuerdo se convirtió en carencia. Toda gracia atesorada se deteriora, porque lo sagrado no se deja almacenar ni controlar.

En su profundidad iniciática, el maná es también el alimento del aprendiz. Se le da para sostener la marcha, no para satisfacer la impaciencia. Enseña la lentitud, la integración, la justa medida. Pero el aprendiz, a veces, quiere superar al maestro antes de haber atravesado el trabajo interior. Desea la luz sin haber ampliado el espacio que puede recibirla. Entonces, la enseñanza le parece repetitiva, insuficiente, demasiado simple. Desprecia lo que no corresponde a su sed de grandeza inmediata.

El maestro, sin embargo, se alimenta del mismo pan. La diferencia no está en el Maná, sino en la conciencia que lo acoge. Querer poseer el conocimiento antes de que se haya encarnado equivale a vaciarlo de su sustancia. Toda maduración forzada engendra la ilusión en lugar de la sabiduría.

El maná permanece eternamente disponible. No desaparece, sino que se oculta. Vuelve a ser invisible para aquel que quiere más de lo justo y se revela a aquel que acepta la dependencia del Misterio. Cuando cesa la codicia, la comida recupera su sabor. Cuando el hombre renuncia a engrandecerse, descubre que la simplicidad ya contenía la profundidad.

“UBUNTU” O “LA SINFONÍA DE LAS PRESENCIAS”. Lecciones aprendidas, de una África vivida.Querido lector, hay palabras en e...
05/10/2025

“UBUNTU” O “LA SINFONÍA DE LAS PRESENCIAS”.

Lecciones aprendidas, de una África vivida.

Querido lector, hay palabras en el vocabulario, que habitan en nosotros, mucho antes de que lleguemos a comprenderlas.

"Ubuntu" que, traducido viene a ser: - "Soy porque somos", fue para mí, una de esas palabras-revelación, que me caló hasta los huesos, como una lenta infusión, al ritmo de las estaciones vividas en África Occidental.

No fue en los libros donde aprendí esta filosofía, sino en la experiencia de la vida cotidiana, que compartí, con aquellos que la viven, sin siquiera nombrarla.

Recuerdo aquella tarde en Ziguinchor (Senegal) cuando, tras haber perdido mi cartera en un taxi, un desconocido vino a devolvérmela a mi casa. Yo había estado preguntando por la cartera, por todo el barrio.
-"Es lo normal", respondió sencillamente esta persona, a mis emocionados agradecimientos. Esa evidencia del gesto, esa naturalidad del vínculo, fue mi primer contacto concreto con el Ubuntu, mucho antes de conocer esta palabra.

Frente a la anomia que carcome nuestras sociedades modernas, esta África que conocí, me mostró otro camino. En las callejuelas sin asfaltar, o en los patios comunes de las casas, vi desplegarse esta verdad simple: El individuo existe sólo por y para los otros. Exactamente lo contario de esas sociedades, donde centenares y miles de personas se ignoran soberbiamente.

El odio, aquí, se disuelve en el tejido conectado de las interdependencias entre unos y otros. Recuerdo a aquel viejo pescador senegalés que me explicaba: - “Cuando dos piraguas chocan en el mar, sus dueños deben compartir la comida de la noche. Es la ley del mar”. Una sabiduría práctica que convierte en abstractos nuestros conflictos de ego.

Mi iniciación a este cambio de perspectiva, se realizó en los mercados, donde cada vendedora se convertía en mi "tía", y cada niño, en mi "sobrino". Este parentesco elástico que abarca hasta al extranjero que está de paso, me enseñó más sobre la convivencia, que todos los tratados de sociología. La Francmasonería, que descubrí después, me resultó extrañamente familiar; formalizaba lo que África me había enseñado por inmersión: Sólo nos elevamos juntos.

¿La anomia occidental? Un concepto incomprensible para mi gente de África, que se levanta cada mañana, se cuidan mutuamente a los niños, y cantan y lloran unidos, según los acontecimientos. "Un pueblo donde nadie te llama por tu nombre, es un mal pueblo", me decía mi amigo Diola Abacar.

Sin embargo, esta África, no es un paraíso perdido. También vi el Ubuntu puesto a prueba por la modernidad: Esos jóvenes que sueñan con el individualismo, esas familias que se descomponen. Pero el remedio existe, y está ahí, en esa memoria tenaz del vínculo. Como cuando, durante un duelo, todo el barrio se transforma en la extensión de una familia, sin formalismos.

Hoy en día, cuando oigo hablar de "convivencia", sonrío interiormente. África me enseñó que eso no se aprende en los discursos, sino que se practica en el gesto cotidiano: ese té compartido con el desconocido, ese tiempo siempre concedido al intercambio, esa certeza visceral de que mi dignidad depende de la tuya.

"Las patas del lagarto no hacen temblar la selva", dice un proverbio akán. Esta sabiduría de la mesura y de la interdependencia, la respiré durante años. Me transformó más profundamente de lo que jamás imaginé. Ubuntu no es una filosofía; es una manera de ser en el mundo. África guarda esta memoria viva. Y el mundo actual, está muy necesitado de ella.

SOBRE EL TIEMPOHay una cuestión fundamental en las Órdenes iniciáticas que es el respeto por los tiempos para integrar e...
27/03/2025

SOBRE EL TIEMPO

Hay una cuestión fundamental en las Órdenes iniciáticas que es el respeto por los tiempos para integrar en el carácter y la consciencia la comprensión profunda del conocimiento humano. Es muy diferente leer y almacenar datos a comprender, porque el desarrollo espiritual y moral no es un proceso mecánico, si no un proceso orgánico que implica maduración y filtros. Tiene una naturaleza propia como las flores o la hierba que crece en el campo.

Las enseñanzas se estructuran en fases o grados no por capricho y formalismo si no porque se entiende que el ser humano necesita tiempo para experimentar y asimilar las verdades que se revelan a través de la reflexión.

El conocimiento que recibimos no es información para almacenar en la cabeza como si fueran libros que apilar en una estantería, si no sabiduría para experimentarla y enfrentarla en nuestras propias carnes. Además se trata de enseñanzas constructivas, esto quiere decir que antes de avanzar deben comprenderse las bases. Hacerlo de forma prematura sin haber integrado lo anterior reduce la experiencia sagrada a un hecho intelectual, generando confusión sobre el propósito original y un conocimiento superficial y vacuo.

Los rituales, símbolos y enseñanzas son semillas que actúan como cápsulas de información y necesitan tiempo para echar raíces, crecer y luego florecer cuando el individuo está preparado para asimilar su significado. Cuando la persona está preparada el fruto brota y se queda con ella para siempre.

Respetar los tiempos es un acto de humildad y una muestra de paciencia ante el Arte Real y los Misterios. Forzar el tiempo o ignorar el trabajo interno es una falta de respeto hacia nuestra tradición ancestral.

Buscamos despertar aspectos profundos del ser y esto implica confrontar nuestra ignorancia, reconocer errores, diluir ilusiones y darle otra forma a nuestra identidad.

Esto no se puede acelerar sin tener consecuencias: atajar caminos crea desequilibrio en el individuo, sería algo así como usar una máscara de sabiduría que no te corresponde, en vez de mostrar una auténtica y progresiva evolución interior.

La masonería actúa como un organismo vivo donde cada componente aporta energía al conjunto, por lo tanto no respetar los tiempos indicados puede influir en el colectivo. Respetarlos implica que la comunidad avance en equilibrio y de forma armónica, y procura que la impaciencia de un individuo no fracture la cohesión colectiva.

La paciencia es un valor iniciático por sí mismo que debe cultivarse y anteponerse a los caprichos egoístas.

Es como cultivar un huerto, primero aras y abonas, luego siembras las semillas y riegas y la naturaleza de las plantas hace que las hortalizas broten. La paciencia refleja la confianza en el orden cósmico de crecimiento.

Integrar conocimientos en el carácter en vez de almacenar datos, implica una alquimia de transformación interna donde el tiempo actúa como crisol.

Debemos trabajar disciplinadamente en practicar lo aprendido, la teoría debe convertirse en experiencia vital y la experiencia en virtud. No seguir estos pasos supone corromper la Orden.
Las prisas nacen del ego obstinado que desea obtener títulos y apariencias, no del alma que busca la verdad.

El verdadero poder no está en lo que se sabe o se conoce si no en lo que se ha llegado a ser por la experiencia individual.

Hay un proverbio chino que dice lo siguiente:

Las grandes almas tienen voluntades, las débiles sólo deseos.

Respetar los tiempos, es honrar el proceso sagrado de transformar ese conocimiento en tu esencia, como en la naturaleza toda auténtica floración, requiere la estación del año adecuada.

Los tomates en verano, las castañas en otoño.

21/03/2025

A L.G.D.G.A.D.U. EN NOMBRE DE LA FRANCMASONERÍA UNIVERSAL

Con estas breves líneas queremos agradecer a los Hermanos de la Respetable Logia Teodoro Herzl Nº 75 del Valle de Bnei Brak – Israel, que desde Jerusalén piden bendiciones en el muro de las lamentaciones para nuestra querida Logia Obreros de Hiram Nº 24.

Dirección

Cadiz

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Logia Obreros de Hiram nº 24 publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir