24/11/2025
Hace una semana la distancia que nos separaba era un río con lecho de asfalto cuyo único sentido era morir en las profundidades insondables del Leteo.
La tarde nebulosa se había ido cubriendo de nubes bajas y esas primeras lloviznas de otoño se tornaron tormentas inclementes con aspiración de naufragio.
Las brújulas nunca habían sido tan imprecisas y no había cartas de navegación que nos llevasen a puerto seguro. Y aun así, cuando ya no quedaba ni un carámbano de luz tras la última curva del Calvario, hicimos tierra en este pedacito de paraíso que me tocó en suertes al nacer.
La maquinaria de nuestro XII Encuentro Poetas de Ahora no sólo se acababa de poner en marcha sino que en el lapso fugaz del reencuentro era ya imparable.
La Poesía había tomado al fin posesión de su feudo, expectante a cada jirón de alma rendido a sus pies, justo tributo efímero de un puñado de sus hijos y de todos y cada uno de sus amantes.
La noche fue un mar en galerna al fondo de una copa de vino tras la que un creciente rumor de b(v)e(r)sos abrió la mañana. Las horas se cerraron en lluvia atronadora tras los muros del castillo y los cristales caliginosos con los postigos a medio cerrar. Ululaba el viento inclemente de este sur ajeno a la esperanza. Y Bornos se fue revelando lentamente entre los dedos del agua, con las hojas tiernas de los jardines temblando bajo el repiqueteo pertinaz de las gotas cadentes, los riachuelos improvisados y sus lentos mascarones de proa a la deriva por las calles desiertas, el latido atronador de la piedra insomne calándonos hasta los huesos, el rayo que no cesa, el lento doblar de las campanas... y la palabra sobre todo ese silencio roto por un temporal que no pudo resistirse a la cita, grisuras en su melodía acompañando los versos.
Hicimos de aquella ínsula salón y sus pequeñas extensiones entre pausas, sobre puentes tendidos en magníficas serendipias, refugio de papel frente a la vorágine de un mundo tan terrible como voraz, paréntesis de tres días en este tiempo extraño en el que nos sumergimos, reímos, lloramos, diluviamos, cantamos, bebimos, respiramos, latimos... fuimos Poesía.
Y siempre, absolutamente siempre, a todo corazón.
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María Luisa Castro Sevillano
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