02/04/2026
Hoy amanece con un silencio antiguo,
como si el tiempo caminara descalzo
por los pasillos de la memoria.
Es día de manos consagradas,
de hombres que sostienen el misterio
como quien cuida una llama en medio del viento.
Sacerdotes de lo invisible,
tejedores de esperanza
en la fragilidad de lo humano.
Es día del amor que se inclina,
que no presume, que no grita,
que lava los pies cansados del mundo
y aprende, en ese gesto,
que amar es arrodillarse sin perder la dignidad.
Es día de mesa compartida,
de pan que deja de ser pan
para volverse presencia, entrega, latido.
Eucaristía:
manantial que no se agota,
promesa de que el amor
siempre encuentra la forma de quedarse.
Hoy, la fe huele a hogar,
a vino derramado sin miedo,
a abrazos que no piden nada.
Y en lo profundo, casi en secreto,
late una certeza:
que servir es la forma más pura de amar,
y que el amor —cuando es verdadero—
siempre se queda.
Sergio Asenjo C.M.