14/06/2026
La pelea de gallos que nunca ocurrió como la contaron
Un investigador comparó las notas de campo originales de Clifford Geertz con su célebre relato sobre las peleas de gallos en Bali y encontró diferencias que reabren una vieja discusión sobre memoria, escritura y verdad en la antropología.
Por Redacción Nota Antropológica
Quienes estudiamos antropología solemos recordar un suceso, un episodio que leímos. Aparece en cursos de teoría antropológica, metodología y etnografía. Aquella narrativa en la que el antropólogo Clifford Geertz llega a una comunidad de Bali, un lugar cualquiera en donde nadie parece prestarle atención. Durante días permanece en los márgenes de la vida social y en donde los habitantes no lo rechazan abiertamente, pero tampoco lo integran a su mundo cotidiano. Está ahí, presente, aunque casi nadie lo noté.
Entonces unos diez días después de su llegada, Geertz y su esposa asisten a una pelea de gallos. En aquellos años estos eventos eran muy populares en Bali, aunque estaban prohibidos por las autoridades indonesias debido a las apuestas que venían con ello. Mientras observan el espectáculo, una redada policial irrumpe de manera repentina.
Los asistentes salen corriendo en todas direcciones. El caos se apodera del lugar. En lugar de presentarse como investigadores extranjeros o buscar algún trato especial, Geertz y su esposa hacen exactamente lo mismo que los demás. Corren. ¿Quien no hubiera hecho lo mismo?
Corren por callejones, atraviesan patios y terminan refugiándose en la casa de una familia local. Allí se sientan a tomar té mientras intentan aparentar que nada extraordinario ha sucedido. Poco después aparece un policía preguntando por los participantes de la pelea. El dueño de la vivienda interviene y explica que aquellos extranjeros son visitantes respetables que simplemente se encuentran conversando en su casa.
La policía se marcha.
Según cuenta Geertz, algo inesperado ocurrió al día siguiente. La noticia se había extendido por toda la comunidad y los habitantes comentaban el incidente entre risas. Hablaban de aquellos extranjeros que, en lugar de mantenerse al margen, habían corrido junto con todos los demás para escapar de la redada.
Hasta ese momento, Geertz era apenas un observador distante, pero a partir de ese incidente algo había cambiado. Después de aquella experiencia compartida pasó a ser alguien reconocido por la comunidad. Ya no era solamente un investigador que tomaba notas, ahora era una persona que había participado en una situación de tensión colectiva y que, de alguna manera, había demostrado estar dispuesto a asumir las mismas consecuencias que los demás.
Ese episodio se convirtió en una de las escenas más famosas de la antropología. También en una de las explicaciones más citadas sobre cómo un investigador deja de ser un extraño y comienza a comprender el significado de una cultura desde dentro. Gracias a esa confianza, escribió Geertz, pudo acceder a conversaciones, interpretaciones y formas de entender las peleas de gallos que antes permanecían fuera de su alcance.
Sin embargo, ¿Qué pasaría si una de las historias más influyentes de la antropología no coincidiera precisamente con las notas escritas durante el trabajo de campo?
El historiador Henk Schulte Nordholt, especialista en Indonesia y profesor emérito de la Universidad de Leiden, revisó documentos que permanecieron durante mucho tiempo en archivos académicos. Entre ellos se encontraban las notas de campo elaboradas por Clifford Geertz y por la antropóloga Hildred Geertz, su esposa, durante su estancia en la localidad balinesa de Tihingan en 1958.
La revisión de esos materiales permitió comparar los registros elaborados en el momento de los acontecimientos con el relato publicado catorce años después en un texto llamado "Juego profundo. Notas sobre la pelea de gallos balinesa" .
La historia mencionada al inicio funciona como el punto de partida de la interpretación que Geertz desarrolló sobre las peleas de gallos y sobre la sociedad balinesa en general.
Perón cuando Nordholt revisó las notas originales los registros mostraron que los Geertz llegaron a Tihingan el 12 de abril de 1958. Apenas uno o dos días después ya estaban observando actividades comunitarias, ceremonias religiosas y peleas de gallos. En ninguna parte aparece el supuesto periodo de diez días de aislamiento social que ocupa un lugar central en el ensayo.
Asimismo, los documentos indican que hubo más de una pelea de gallos durante esos días. En el relato publicado, varios acontecimientos parecen fusionarse en una sola escena narrativa. La redada policial efectivamente ocurrió, aunque las notas señalan que tuvo lugar antes de que comenzara una de las peleas y no durante su desarrollo.
Las diferencias no terminan ahí porque en el ensayo publicado, Geertz describe cómo él y su esposa se refugiaron en una vivienda donde compartieron té con un vecino mientras intentaban pasar desapercibidos ante la policía. La escena ocupa un lugar importante porque muestra la supuesta complicidad que comenzaba a surgir entre los investigadores y los habitantes del lugar.
Sin embargo, las notas de campo describen que cuando los Geertz llegaron al inmueble donde buscaron refugio ya había varias personas que también habían huido. Los documentos tampoco registran la visita de un policía al interior del lugar ni la conversación que aparece en la versión publicada.
Quizá la diferencia más significativa sea al día siguiente porque en su texto Juego profundo, Geertz sostiene que la redada marcó un parte aguas que cambió radicalmente su relación con la comunidad. Según esa versión, desde entonces fue recibido con cercanía por los habitantes del pueblo y obtuvo acceso a conocimientos que antes le estaban vedados.
Las notas originales cuentan otra historia, de acuerdo la con la investigación al día siguiente ambos continuaron trabajando normalmente. Tomaron apuntes sobre ceremonias religiosas, sistemas de parentesco, organización comunitaria y actividades económicas. No hay referencias a una aceptación colectiva repentina ni a una transformación inmediata de su posición dentro de la comunidad.
Ahora ¿Por qué traer de vuelta una discusión que comenzó hace más de medio siglo? Bueno, para los que no estén muy involucrados en el tema uno de los tópicos centrales de la antropología es la relación entre experiencia, memoria y escritura.
La etnografía, principal herramienta de investigación de la disciplina, consiste en convivir con otras personas para comprender cómo interpretan su mundo. Sin embargo, entre la experiencia vivida y el texto publicado existe un proceso de selección, interpretación y construcción narrativa.
Nordholt sostiene que la famosa historia de la redada ayudó a consolidar la autoridad intelectual de Geertz. El episodio mostraba el momento exacto en que el investigador dejaba de ser un extraño para convertirse en alguien aceptado por la comunidad. Esa transición fortalecía la legitimidad de sus interpretaciones posteriores.
La discusión también alcanza otro aspecto relevante. En el ensayo aparecen numerosas explicaciones sobre el significado cultural de las peleas de gallos, pero pocas voces balinesas explicando directamente qué representaban esos eventos para ellas. La interpretación principal proviene del propio Geertz, quien entendió las peleas como expresiones vinculadas al prestigio, la competencia entre grupos y las jerarquías sociales.
Por otra parte, el caso está relacionado con la escritura antropológica. Desde finales del siglo XX, muchas investigaciones comenzaron a incorporar recursos narrativos que antes parecían exclusivos de la literatura. Las escenas, los personajes y los relatos personales se volvieron herramientas habituales para acercar investigaciones complejas a públicos más amplios.
Ese giro así como amplió las posibilidades de la disciplina también generó nuevas preguntas. ¿Hasta dónde puede reconstruirse una escena para hacerla más efectiva narrativamente? ¿En qué momento una interpretación comienza a alejarse de los registros que la sustentan? ¿Puede una buena historia terminar imponiéndose sobre los hechos que pretende describir?
Nordholt no plantea abandonar las formas narrativas ni regresar a una escritura puramente descriptiva más bien advierte que la construcción de relatos atractivos no debería desplazar el compromiso con la verificación y con las evidencias obtenidas durante el trabajo de campo.
Más de cincuenta años después de la publicación de La interpretación de las culturas, sigue habiendo algo que debatir. No solamente porque cuestiona uno de los textos más influyentes de la antropología contemporánea sino porque nos deja pensando sobre cómo se construye el conocimiento acerca de otras sociedades y qué ocurre cuando la memoria, la escritura y la investigación se van cada uno por senderos distintos.
Si llegaste hasta este punto de la nota cuentame en los comentarios ¿Seguirías leyendo del mismo modo un texto clásico si descubrieras que algunas de sus escenas no aparecen en las notas originales?
Fuente
Schulte Nordholt, H. (2026) ‘Setting the Stage: Geertz and Balinese Cockfights – A Post Scriptum’, Anthropology Today, 42(3), pp. 3-6.