08/12/2025
Vídeo recetario tradicional
Hace ya unas décadas, una enfermera australiana llamada Bronnie Ware especializada en cuidados paliativos, se dedicó durante más de ocho años a acompañar a pacientes terminales durante sus últimas semanas de vida. Este duro trabajo requería mudarse a casa del paciente y acompañarle día y noche. Como ella misma dice, su principal función no era cocinar para ellos o lavarles, sino escucharlos.
Al terminar esta etapa, guardaba todas las cosas que aquellas personas le habían contado al final de sus días, que no eran sino aquello de lo que más se arrepentían en su vida. Y pensó que tal vez podrían servir a otros como prevención, a aquellos que todavía disponemos de cierto tiempo para ayudarnos a intentar alcanzar un final sin remordimientos y lo que es más importante, a vivir la vida que quisiésemos vivir.
Así que recogió esas enseñanzas y las plasmó por escrito en un libro, cuyo título quizá suene un poco a autoayuda barata pero que recoge aquellas historias reales (“Los cinco mandamientos para tener una vida plena”) cuyo contenido puede resumirse precisamente en esas cinco ideas, todas ellas muy relacionadas entre sí. Aquellas personas se arrepentían básicamente de no haber sido fieles a sí mismos y haber vivido la vida que los demás esperaban de ellos, haber trabajado demasiado restando tiempo a sus seres queridos, no haber sabido transmitir sus sentimientos a las personas cercanas, haber perdido el contacto con sus amigos y en definitiva, no haberse permitido ser felices.
En todas ellas se puede ver un eje común, el no haber disfrutado suficiente de nuestras personas favoritas, casi siempre por dedicar ese tiempo a cosas urgentes pero no siempre importantes.
Os dejamos una charla TEDx de la propia Bronnie que vale la pena escuchar.
https://www.youtube.com/watch?v=tAcQfn96yFk
Aunque lo cierto, es que cuando miramos de forma honesta el mundo que nos rodea hoy, con todas sus bondades y su abundancia, pero también con tantas distracciones peleando por nuestra atención no parece que estemos a salvo de que nos suceda a nosotros lo mismo ¿verdad? Como decía Dickens esta también parece una de esas épocas (probablemente todas lo sean) en que lo bueno y lo malo es posible al mismo tiempo.
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.”
Y es que ahora que llevamos todo el conocimiento humano en el bolsillo, en ese pequeño aparato que ha cambiado nuestra vida para siempre, a menudo nos descubrimos tragando vídeos triviales uno tras otro durante minutos y horas; ahora que cada uno de nosotros recibe de media, y en tan solo un día, más información de la que llegaba a un habitante del siglo XV durante toda su vida, consumimos nuestra atención y nuestra energía tratando de digerir todos esos datos, a menudo irrelevantes; ahora que la inteligencia artificial nos resuelve el trabajo de semanas en segundos, ahora sin embargo, parecemos no disponer de tiempo para vivir. “Eres lo que compartes” parecen gritar las redes sociales y eso lo decide todo.
Pero cuando nos sentimos arrinconados por el presente, el pasado se nos figura como la opción preferida para el futuro. Probablemente por eso, desde la pequeña parcela de esta asociación, durante este invierno nos gustaría dedicar nuestro tiempo a los que han vivido la mayor parte de sus días sin estas distracciones que hoy nos abruman, aquellos que no acaban de encajar en este mundo tecnológico que tan desconectados nos mantiene en lo esencial. Esas personas mayores capaces de dedicar innumerables horas a hilvanar prendas de abrigo para hijos y nietos, esas que durante las tardes de verano sacaban las sillas a la puerta de casa simplemente para estar (con los suyos), esas personas que parecen desconcertadas ante el mundo actual y que, sin embargo, conocen perfectamente la esencia del ser humano.
Por eso, queremos dedicar algunas tardes a estar con ellos. Para intentar recordar cómo aprovechar el tiempo y dedicarlo a una de esas cosas sencillas que se han hecho siempre por los demás: cocinar. Queremos recopilar y conservar en un vídeo recetario esa cocina tradicional que alimento a las generaciones centenarias de nuestros abuelos. Esa labor paciente y cuidada cuyos aromas nos devuelven nuestra niñez.
Y para empezar con esta idea, Sagrario y Maruja ya se han ofrecido para explicarnos paso a paso cómo se hacían las sopas tostadas, receta para la que se dice que el tío Ángel, padre de Maruja, tenía muy buena mano. Si tú también quieres formar parte de este pequeño proyecto y mostrarnos esa receta que se ha comido siempre en tu casa, o la que haces con los amigos o simplemente ese plato que te piden los tuyos cada vez que os juntáis, por favor ponte en contacto con cualquier miembro de la junta y buscaremos un día que te vaya bien. Nosotros nos encargamos de todo.
Si somos el tiempo que nos queda, ojalá encontremos la sabiduría de discernir a qué vale la pena dedicar ese tiempo y sobre todo, que reunamos el coraje de hacernos caso.
Que tengáis muy buena semana.